Amour y No, una comparación

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Una reciente columna del P. Hugo Tagle sobre la película "Amour" me indujo a comparar con la película "No". Al respecto se produjo entre muchos una gran desilusión puesto que el título de la película chilena terminó siendo una especie de profecía auto-cumplida: no ganó el Oscar. Los realizadores, sin embargo, ...

| Patricio Chaparro N. Patricio Chaparro N.

  

Una reciente columna del P. Hugo Tagle sobre la película "Amour" me indujo a comparar con la película "No".

Al respecto se produjo entre muchos una gran desilusión puesto que el título de la película chilena terminó siendo una especie de profecía auto-cumplida: no ganó el Oscar.

Los realizadores, sin embargo, al parecer tenían bastante claro que era muy difícil lograr el preciado trofeo y que haber llegado a las últimas instancias –estar entre las 5 mejores películas en idioma extranjero nominadas al Oscar- era ya un gran logro.

De otro lado, sin duda que el cine chileno pasa por un buen momento y promete seguir presente en competencias internacionales.

En ese contexto, aunque reconozco y advierto que no soy un critico de cine sino solamente un aficionado amateur pero entusiasta de ese arte, me parece que conviene preguntarse por qué la película chilena "No", no ganó el preciado trofeo.

Considero que una explicación plausible es su localismo, versus el universalismo de la película "Amour", que terminó ganando el Oscar en la mencionada categoría.

Objetivamente, la historia que cuenta el "No" es tremendamente localista, en el sentido que trata de eventos políticos chilenos específicos, de finales de los años 80 del siglo pasado, esto es, una historia que es muy peculiar, muy nuestra y difícil de desentrañar para alguien que no sea chileno.

Por cierto, la película es entretenida, está bien realizada, incluso es emocionante para nosotros los chilenos de mayor edad, porque recurre a las imágenes, sentimientos y vivencias de aquella época. Pero, no contiene una historia ni una temática universal.

En cambio, la vejez, la enfermedad, el deterioro, la desolación, el despojo, la cercanía de la muerte, temas de que trata la película "Amour", combinados con una mirada a-crítica al terrible asunto de la eutanasia "por amor" -no por eso menos ilícita éticamente-, son sin duda temas universales, que convocan a audiencias de todas partes del mundo.

Además, la trama de "No" se circunscribe a una historia política compleja contada desde el limitado y simple ángulo de la publicidad; más específicamente, de la publicidad política.

A mí me hizo recordar la exitosa serie "Mad Men", que nos ha permitido a los legos adentrarnos en la publicidad de los años 60 en los Estados Unidos, esto es, en un mundo desconocido y entretenido al mismo tiempo.
Así, al ver "No" tuve la impresión, en algunos pasajes al menos, que estaba mirando un capítulo de larga duración de esa serie televisiva, excepto que se trataba de Chile a fines de los 80; pero, el estilo, el contenido, incluso los recursos técnicos elegidos, eran, en cierta medida, los de ese medio, la televisión, no los del cine.

Es posible que ello también haya afectado las probabilidades de "No" para tener éxito en los Oscares, ya que allí se trata de la industria global del cine, no de la televisión.

En fin, pienso que para seguir por la ruta que han abierto "No" y otros filmes recientes del cine chileno, nuestros cineastas deben abordar temas y perspectivas más universales y menos locales. Algo así me parece que han hecho los buenos cineastas argentinos, con bastante éxito internacional.

Una última observación, de naturaleza analítico-política: aún después de tantos años transcurridos desde la época del "No", considero que la política chilena actual sigue recurriendo en buena medida al marketing o publicidad y de ese modo puede terminar siendo algo así como política ficción.

Es de desear y debiéramos promover que en las campañas políticas del año 2013 los candidatos al Congreso Nacional y a la Presidencia de la República no recurran ni se apoyen tanto en esa especie de simulacro mentiroso de la política que es la publicidad.

Pienso que Chile necesita, todos necesitamos, que los políticos, del sector que sea, nos propongan ideas, posiciones éticas, problemas y soluciones viables.

Todo ello expresado en programas específicos a ser realizados en tiempos también específicos, y no meras cuñas publicitarias acompañadas de alguna cancioncilla pegajosa y de contenido anodino.

 

 

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