Buena Vecindad

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Estamos próximos a conocer, a través de los medios de comunicación, los alegatos orales que se producirán ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya. Allí, las defensas de Chile y Perú expondrán sus argumentos en el juicio que, ante ese tribunal, se desarrollará luego de que la nación del norte impugnara el actual límite marítimo con nuestro país.  El clima o tono del vínculo entre nuestros países no ha sido todo lo positivo que debería ser entre naciones hermanadas por la historia y, sobre todo, llamadas a buscar caminos para el pleno desarrollo de nuestros pueblos en el futuro. Ésa es la senda que tomaron los países que han alcanzado los más altos niveles de crecimiento y bienestar, tras superar profundas diferencias, entre ellas dos guerras mundiales con sus secuelas de destrucción y muerte.

| Juan Emilio Cheyre Juan Emilio Cheyre

El clima o tono del vínculo entre nuestros países no ha sido todo lo positivo que debería ser entre naciones hermanadas por la historia y, sobre todo, llamadas a buscar caminos para el pleno desarrollo de nuestros pueblos en el futuro. Ésa es la senda que tomaron los países que han alcanzado los más altos niveles de crecimiento y bienestar, tras superar profundas diferencias, entre ellas dos guerras mundiales con sus secuelas de destrucción y muerte.

Estamos próximos a conocer, a través de los medios de comunicación, los alegatos orales que se producirán ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya. Allí, las defensas de Chile y Perú expondrán sus argumentos en el juicio que, ante ese tribunal, se desarrollará luego de que la nación del norte impugnara el actual límite marítimo con nuestro país.

No es el primer episodio ante esta Corte relacionado con este diferendo. Durante los últimos meses, desde que se inició el trámite, ambos países han presentado sus argumentos en sendos y muy completos informes escritos. Son miles de páginas con todo tipo de información que los jueces deberán conocer. Todo esto no sale a la luz pública y, por tanto, chilenos y peruanos conocerán la disputa sólo cuando se produzca la fase oral , así como las razones que cada cual esgrime para defender posiciones, por supuesto divergentes, en relación a la definición de nuestro límite.

Las primeras semanas de diciembre estarán cargadas de noticias en las que se resaltarán los aspectos que nos separan y se revivirán antagonismos. Sin duda, el momento que he sintetizado será especialmente tenso, pero no será el primero ni el último de estas características.

Dada la historia que todos conocemos, la relación con el vecino país ha estado marcada por controversias y demandas que han impedido un nivel de integración y relación plenamente armónica. En la década de los setenta el diferendo del Beagle casi nos enfrentó en una guerra con Argentina, pero la mediación de SS Juan Pablo II fue clave en la solución del conflicto. Es pública la pretensión boliviana de desconocer los tratados y pretender un acceso soberano al Pacífico, así como la forma violenta con la que el Presidente Morales plantea el tema en los foros internacionales. Respecto a Perú, se han sucedido diferendos y en los últimos años ha surgido el ya reseñado.

Es por todo lo expuesto que el clima o tono del vínculo entre nuestros países no ha sido todo lo positivo que debería ser entre naciones hermanadas por la historia y, sobre todo, llamadas a buscar caminos para el pleno desarrollo de nuestros pueblos en el futuro. Ésa es la senda que tomaron los países que han alcanzado los más altos niveles de crecimiento y bienestar, tras superar profundas diferencias, entre ellas dos guerras mundiales con sus secuelas de destrucción y muerte.

En esas realidades, la buena vecindad, la armonía, el entender a los otros, la definición de procesos de integración y la apertura a proyectos compartidos ha sido clave para que cada país avance apostando a ganar, compartiendo visiones y rechazando la fórmula de destruir, frenar o interponerse en el camino del vecino.

Construir caminos de esas características, estimo, constituye un gran desafío para nuestros países. Un reto en el cual Chile tiene un rol que jugar. Una conducta responsable, informada, racional, que defienda nuestros derechos en el juicio de La Haya y ante los alegatos que conoceremos, constituye un momento clave para demostrar un actuar de esas características. Sin duda también hay otros espacios de la vida diaria, como por ejemplo concretar una relación positiva con una cantidad cada día más importante de migrantes de distintos países que llegan a Chile. Existen innumerables actos donde una buena vecindad y una visión integradora pueden ser llevadas adelante, sin que ello constituya una pérdida de nuestra identidad o una renuncia a nuestros derechos.

Pienso que actuar de la manera descrita , sería una ayuda pequeña pero importante en el desafío nacional de construir una relación a la altura del siglo XXI con nuestros vecinos. Ello incidirá en mejorar las posibilidades de acceder a niveles de desarrollo pleno. En esa tarea corresponde un papel fundamental a los cristianos y muy particularmente a quienes forman parte de la familia de Schoenstatt, que tienen un mandato de acuerdo a los principios a los que adhieren y, adicionalmente, cuentan con un conjunto de ejemplos de vida y formación que los llama a actuar como constructores de relaciones armónicas y plenas en el ámbito de sus actividades personales y profesionales.

Por todo esto, creo que es muy conveniente -tanto en el caso concreto de los tiempos que se avecinan en nuestra relación con el Perú como en el futuro cercano respecto a la búsqueda de un mejoramiento de nuestros vínculos con Argentina y Bolivia- que reflexionáramos y asumiéramos el compromiso de fortalecer nuestra identidad y cohesión como país, pero al mismo tiempo de trabajar para una mejor relación vecinal.

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