Chávez y el populismo cuasi-democrático

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Se trata de un gran y hábil líder político, no sólo para Venezuela sino para otros países y grupos de ciudadanos seguidores de su persona, su carisma y su tipo de liderazgo. También en Chile, por cierto.  

| Patricio Chaparro Patricio Chaparro

De regreso a los temas serios y luego de un tiempo respetuoso tras su muerte, considero que conviene examinar el legado que deja el Presidente de Venezuela, don Hugo Chávez Frías (QEPD).

Se trata de un gran y hábil líder político, no sólo para Venezuela sino para otros países y grupos de ciudadanos seguidores de su persona, su carisma y su tipo de liderazgo – también en Chile, por cierto.

Desde luego, con prescindencia de preferencias ideológico-partidarias, se debe reconocer que el Presidente Chávez fue un político destacado y admirado -y también criticado- no sólo en Venezuela sino también en América Latina y en otros países del mundo.

Respecto de la economía, diversas fuentes destacan que el Presidente Chávez deja cifras negativas, tales como una de las tasas de inflación más altas de América Latina, entre un 20% y un 25%; alto déficit fiscal, de aproximadamente un 16% del PIB; control de precios y cierta escasez de bienes esenciales, como arroz, aceite, harina; reciente devaluación de la moneda venezolana que pasó de 4,30 a 6,30 bolívares por dólar, con la consiguiente baja del poder adquisitivo de la población, que se calcula en un 8%.

Aún así, la economía venezolana no ha colapsado, como algunos analistas predijeron. Desde el año 2010 ha comenzado a crecer nuevamente; el nivel de deuda pública es bajo; el crecimiento promedio durante los gobiernos del Presidente Chávez, aunque menor que el de Perú o Chile, fue de entre 3,5% y 4,0%.

En el área social, el Presidente Chávez lideró con éxito un ataque frontal a la pobreza en Venezuela: en 1988 uno de cada dos venezolanos vivían en la pobreza y uno de cada cuatro en pobreza extrema (ingresos de 1 dólar diario o menos). En el año 2011 las cifras indicaban disminución de la pobreza: uno de cada cuatro venezolanos en pobreza; uno de cada siete en pobreza extrema.

Todos sabemos que en materias económicas y sociales pueden existir discrepancias respecto de las cifras y los análisis – en realidad, ¿cuándo no las hay?- pero no se puede ignorar que los gobiernos del Presidente Chávez lograron un avance significativo en materia de igualdad social en Venezuela.

El Presidente Chávez enfrentó la pobreza según la fórmula más sencilla posible, entregando beneficios, directamente, a los pobres: subsidios, donaciones, bonos, educación, salud, vivienda. Ello se hizo mediante una enorme inversión económico-social.

Se calcula que esa inversión alcanzó alrededor de US$500.000.000.000.- (quinientos mil millones de dólares estadounidenses).

¿Se puede financiar una inversión como la aludida?

Se puede, siempre que uno tenga petróleo. Y Venezuela y Chávez dispusieron del petróleo vía el control total de la empresa estatal de petróleos (PDVSA).

Y, además, que se esté dispuesto a aceptar que tal nivel de gasto social tendrá un efecto económico negativo en el crecimiento, la inversión y diversificación de la economía, el déficit fiscal, el incremento de la deuda pública, entre otros ítems.
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En materia política, el Presidente Chávez gobernó sobre la base de su carisma personal, su enorme habilidad comunicacional, su energía, su populismo y su caudillismo.

En su caso, se trata de un caudillo sofisticado, inteligente, hábil, con sentido del poder y concentrador del mismo para su propio uso y finalidades.

Así, durante los años de su gobierno fue controlando y terminó dominando el aparato burocrático del Estado, las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial, el Servicio Electoral, la Asamblea Nacional, el Banco Central, la PDVSA.

Todo ello sin incurrir en violaciones masivas, flagrantes, de los derechos humanos y las libertades políticas básicas, permitiendo la existencia y expresión de la oposición, ganándoles en las elecciones, admirando, apoyando y en cierto modo emulando a la Cuba de los hermanos Castro, pero no instaurando un régimen político dictatorial en Venezuela.

En tal sentido, debe reconocerse –y existe bastante consenso al respecto- que las elecciones venezolanas durante su período fueron básicamente limpias, abiertas, democráticas.

Sin embargo, con cada una de las elecciones -y en los períodos de ejercicio del poder entre elecciones- aumentaba el riesgo que el régimen político democrático se deteriorara e incluso terminara por desaparecer.

En mi opinión, el régimen político de Chávez fue adquiriendo las características de un populismo-carismático-cuasi democrático, con variopintos ingredientes ideológicos, esto es, algo de socialismo, de militarismo, de marxismo, de revolución bolivariana, de anti-imperialismo (EE.UU.) e integración de América Latina, entre otros.

Todo lo anterior configuró una abigarrada mezcla, una ideología confusa, especie de sincretismo político, en que no existe una sustancia clara y a la que se añadió un ingrediente aglutinador, de emocionalismo, en torno a la persona y carisma de Chávez.

El populismo se caracteriza precisamente por un líder político carismático y potente; su séquito incondicional; amplios segmentos de la población movilizada pero sin organización político partidaria, que apoyan incondicionalmente al líder; carencia o debilidad de los partidos políticos y de las instituciones y procedimientos típicos de un régimen político democrático; una ideología confusa o inexistente; y un alto grado de emocionalismo.

Desaparecido el Presidente Chávez la evolución política de Venezuela constituye una incógnita que sólo el futuro despejará.

Puede ser que a futuro debamos excluir el calificativo de "cuasi" del régimen político venezolano y que éste evolucione hacia uno democrático, a secas; o bien que desaparezca tanto lo de cuasi como lo de democrático y surja un régimen político populista-civil-militar-autoritario, como tantos otros que ha experimentado nuestra América Latina.

Por último, considero que el modelo que deja el Presidente Chávez puede ser atractivo.

Especialmente en el contexto de países en que exista una ciudadanía indignada, movilizada, sin organización político partidaria y niveles altos y extendidos de desafección y rechazo a los partidos políticos.

Chile es uno de ellos.

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