CON MARÍA, EN TIEMPOS DE CRISIS- Columna de Opinión

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| Ignacio Suazo Ignacio Suazo

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Hay veces en que no podemos sino exclamar junto con el Padre Kentenich: “¡Qué hubiese sido de nosotros sin ti, sin tu cuidado maternal!” Ahí donde sólo se augura desastre y disolución, Ella surge y triunfa. Pero esa seguridad, que debiese ser uso y norma de todos quienes nos hacemos llamar schoenstattianos, en la práctica, no lo es tanto. Es por eso, nos hace bien dar testimonio de los triunfos de María en nuestras vidas. Por eso, merece ser contado lo que ha ocurrido con la rama nacional e internacional de hombres durante esta pandemia.

         Comencemos por constatar algo: la crisis desatada por el COVID-19 es una verdadera crisis. Hace algunas semanas,el Secretario General de la ONU, Antonio Gutierres, anunciaba que este es el peor shock que haya experimentado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial. No es difícil no darle la razón a Gutierres: basta ver los reportes de muertos y algunos indicadores económicos.

         Crisis. Esa palabra esta en el seno de nuestra familia. Cuantas veces escuchamos que Schoenstatt es hijo de la guerra y sólo en ella se mantendrá robusta. Estas palabra se vuelven completamente reales cuando volvemos a pensar en la impotencia y desvalimiento  de un joven José Kentenich ante la primera guerra mundial. Nuestro Padre Fundador no era un ingenuo: sabía de los riesgos y peligros que acarrearía la Gran Guerra. Sabía de los riesgos, de la degradación moral y la indiferencia espiritual a la que se enfrentarían su jóvenes – sus queridos jóvenes– de la Congregación Mariana.

         Sin embargo, sus palabras en la plática del 18 de octubre tienen otro talante: “Según el plan de la Divina Providencia debe ser la guerra mundial, con sus poderosos impulsos, un medio extraordinariamente provechoso para ustedes en la obra de su propia santificación.” La guerra no sólo no aplastará a esos jóvenes –afirma con seguridad el Padre– sino que los fortalecerá. Y no se equivocó: donde hubo chiquillos, la guerra hizo congregantes.

         Si María pudo en 1914: ¿Por qué no podrá en el 2020? En cierto modo, esto es algo que hemos comenzado a experimentado las ramas de hombres de Argentina, Chile y Paraguay. Si los congregantes no se hicieron de la nada, la vinculación entre estas ramas, tampoco: los nexos se forjaron en la Jornada Internacional de Hombres, donde varios de nosotros participamos junto con aventurados representantes de otros países.

         En esos primeros días de septiembre del 2019, recordamos a la altura que el Padre José Kentenich nos llama a estar. En el horizonte estaba en esos días el rescate de la misión salvífica de Occidente y la Confederación Apostólica Universal. No podemos aspirar a menos si queremos contribuir decisivamente a llevar nuestra Iglesia a las nuevas playas, nos decíamos. Hablamos entonces de hacer un Encuentro Nacional de Profesionales (como el que tuvimos el 2014) y – por qué no – un encuentro de ramas de hombres del cono sur en Paraguay. Todo mirando a la próxima Jornada Internacional, fijada para el 2022.

         Lo que todavía en enero y febrero era entusiasmo y optimismo, para fines marzo se convirtió en perplejidad y escepticismo ¿Cómo organizar algo con esta pandemia? Afortunadamente, los jefes de las ramas de Asunción, Forjadores, Montahue y Campanario tuvieron dos inspiradas decisiones. La primera, decidirse a reunirse periódicamente. La necesidad laboral ya nos estaba enseñando a usar Zoom, Meet y otras plataformas). La segunda –menos práctica pero más importante– poner esto en manos de quien educa y transforma: María.

         ¡María! Si con ella habíamos logrado sacar adelante nuestras ramas ¿Por qué no habría de ayudarnos ahora? Todos estaban de acuerdo que, de la mano de internet, las reuniones eran más frecuentes y se encontraban participando más personas. Poniendo las cosas en sus manos es que comenzaríamos a caminar. Conscientes de la centralidad de   nuestra MTA, alguien sugirió por ahí la idea de unirnos en torno al Rosario; que en esa oración lograríamos identificar las voces de Dios en adelante. Luego, otra voz surgió por ahí: ¿Y si hacemos un encuentro nacional para el 31 de mayo? Algo sencillo, donde pudiéramos al menos conocernos y experimentarnos como rama nacional.

         De esa forma, tuvimos un primer encuentro nacional, con una veintena de participantes de Santiago, Concepción y Chillán. Al día siguiente, rezamos un Rosario por nuestras ramas latinoamericanas junto con muchachos de Chile, Argentina y Paraguay. Incluso pudimos contar con la presencia de un mexicano radicado en nuestro país.

         Son sólo los primeros pasos y queda un largo camino por recorrer. Quedamos de hacer un segundo encuentro nacional durante el año y rezar mensualmente el Rosario. Alguna voz sugirió por ahí que planteaba la idea de hacer un encuentro sobre Mario Hiriart para la rama internacional. Pero no podemos sino maravillarnos en cómo precisamente en un momento de especial dolor y dificultad, Ella nos haya regalado tanta fecundidad. Sabemos que nuestra madre simplemente sigue la lógica de Dios: donde ve desvalimiento y confianza, Él puede mostrarse como el Padre Providente que Es. Por eso hoy nos dirigimos a ti madre: ¡Usa esta pandemia para mostrarnos cuanto te necesitamos y cuanto confiamos en tí! Que así podamos cantar contigo al Padre desde lo profundo del corazón: “mi alma engrandece al Señor, porque ha mirado la humillación de su esclava”.

Por Ignacio Suazo

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