Del dolor a la esperanza

CRISIS EN LA IGLESIA - por Nicolás Kipreos

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El próximo 25 de septiembre, Editorial Patris presentara el libro "Crisis en la Iglesia - Del dolor a la esperanza", de Nicolás Kipreos y Luis Bravo Zehnder. Una reflexión profunda y realista pero al mismo tiempo esperanzadora hecha por laicos que nos invitan a ser participes y no solo espectadores de este tiempo de cambios radicales y permanentes en nuestra Iglesia.

| Nicolas Kipreos Nicolas Kipreos

El libro "Crisis en la Iglesia" no ha querido ser una presentación exhaustiva sobre la Iglesia y sus problemas, necesidades o futuro; una tarea de ese cometido trasciende, con mucho, nuestro esfuerzo. Es más bien un llamado a reflexionar, a aceptar que la Iglesia es mucho más que cada uno de nosotros, que está constituida por pecadores, y que en esa visión debemos ser misericordiosos y generosos para amarla con todo. Es una contribución de dos católicos observantes, orgullosos de serlo, que tratan día a día de vivir honestamente su fe. Ciertamente la situación de la Iglesia ha suscitado sufrimiento y dolor, pero los autores ven su futuro con mucha esperanza.

Que la Iglesia está pasando por un momento delicado no hay duda alguna. Ante esta disyuntiva caben dos opciones: nos quedamos de brazos cruzados esperando que ella siga hundiéndose a la espera de un buen samaritano le tienda la mano o los que nos consideramos Católicos, que la amamos seria y sinceramente, nos ponemos manos a la obra a trabajar activamente por ella. Hay que ser parte de la solución, no de su problema, estar con ella, jugárnosla y a mucha honra por ella. La Iglesia Católica nos necesita AHORA y no mañana. La actitud ante el fracaso es la de la esperanza. Esa que afirma que este fracaso es sólo aparente. Que es una invitación a entender que nuestra Iglesia la formamos todos y, por lo mismo, es tarea de TODOS sacarla adelante.

Cuando Alejandro Magno desembarcó en el siglo IV a. C. en la costa fenicia, pudo comprobar cómo las tropas enemigas eran tres veces superiores en número. Ante el temor de su ejército, Alejandro decidió quemar todas sus naves, eliminando así cualquier forma posible de volver o mirar atrás. Quedaba así una sola opción: pelear. Debemos quemar las naves, mirar para adelante, trabajar por la Iglesia. No hay más opción para quienes somos Católicos. Dios nos los pide, María nos lo pide.

Ciertamente, algunos han caído en la desesperación y en el desánimo y, la han abandonado buscando el camino fácil, del "no" al compromiso. El papa León el Grande dijo una vez que, para comprender un poco a esta iglesia, había que deshacerse antes de la oscuridad de los pensamientos terrenales y del humo de la sabiduría mundana. Todos al igual que el padre Kentenich debiéramos grabar en nuestro corazón "Dilexit Ecclesiam" amando a nuestra Iglesia tal cual es. Debemos amar con mayor intensidad a la Iglesia precisamente porque es imperfecta, como lo somos todos. Y no es que nos gusten sus imperfecciones, es que sin ellas hace tiempo que a muchos de nosotros nos habrían tenido que expulsar de ella. La Iglesia es mediocre porque está formada por gente débil, poco comprometida. En rigor, todas esas críticas que proyectamos contra la Iglesia debiéramos volcarlas contra cada uno de nosotros. Remitámonos a las preciosas palabras de San Ambrosio: "No en ella misma, sino en nosotros, es herida la Iglesia. Tengamos, pues, cuidado, no sea que nuestros fallos se conviertan en heridas de la Iglesia"

La falta de credibilidad en la Iglesia surgió del momento en que lo que se predicaba a su interior no concordaba con lo que se vivía, que lo que se decía no se ajustaba a lo que se hacía. Es que ante los episodios de abuso y maltrato a menores muchos responsables dentro de la ella dieron prioridad a la protección de la institución por sobre sus víctimas, ocultando la terrible verdad en lugar de reconocerla. Ningún proceso o resarcimiento podrá jamás sanar estas heridas devastadoras. Algunos gestos pueden resultar sin embargo importantes. Para esto es de gran valor y significado la decisión de acoger y escuchar a las víctimas de los abusos por parte de la Iglesia, reconociendo la gravedad de lo ocurrido, castigando a los abusadores eclesiástica y penalmente. Además, se hace necesario trabajar al interior de la Iglesia preguntándose qué sacerdotes quiere tener y qué hacer para formarlos sanamente, haciéndolos apóstoles idóneos frente a las personas que les son confiadas. Esto exige elegir con cuidado y atención a los posibles candidatos y acompañarlos adecuadamente.

Nuestra Iglesia está en una encrucijada. El camino riguroso y claro que ha asumido el Papa Francisco se debe percibir como destinado a garantizar la verdad, la justicia y la caridad, particularmente con las víctimas. Sabemos que ha iniciado importantes cambios en sus modos de proceder y que tendrá que seguir haciéndolos, sobre la base de conocer toda su realidad. No será fácil, pero creemos que la Iglesia saldrá fortalecida, más humilde, menos presuntuosa, pero renovada después de esta grave crisis. Más parecida a la Iglesia que Jesús buscó.

La Iglesia católica sobrevivirá a pesar de los hombres, no necesariamente gracias a ellos, porque es Dios quien está detrás sosteniéndola. Debemos aceptar la realidad actual sin rebeldía ni resignación, con amor para saber protegerla, con decisión para saber acompañarla y con fe para saber creer en ella. Es el tiempo para entenderla, apoyarla y cuidarla. No podemos caer en la tentación de recluirnos, pensar que todo está mal, que es una crisis sin solución o que son otros los llamados a superarla. Nos guste o no estamos invitados los laicos a enfrentar la realidad así como se presenta. Es tiempo de decisiones, es tiempo de colaborar activamente en la renovación de nuestra Iglesia, es hora de hacernos cargo de nuestra responsabilidad en la misión de Cristo, su Iglesia.

Nicolás Kipreos.

Comentarios
Total comentarios: 2
07/10/2018 - 09:17:26  
John tiene razón,y sin pretender deshacerse de la responsabilidad de la Iglesia en esto que somos todos los bautizados,hay que modernizar quizá los contactos con las ciencias de la mente en el proceso de formación .Por otra parte reconozcamos que nuestra cultura está bien corrupta de paganismos,agnosticismos ,ausencia de Dios.Y se jactan de su "libertad" de pensar,en todo orden,eso ha tenido su influencia negativa en quiza mucha niñez de sacerdotes y laicos ,allí hay una crisis de la familia base.

Orlando Michaud
Santiago.
14/09/2018 - 00:01:52  
Este análisis se hacia necesario. Nos recuerda que crisis es un tiempo para aplicar remedios y un tiempo de afirmar la fe en la esperanza que la Iglesia es eterna.
Nos recuerda tamhien que siempre ha sido el pueblo fiel que ha dado la solucion a través de fundadores carismáticos.
PERO la tarea recién empieza. No basta con recordar la historia. Hoy la crisis es de la Jerarquia
Debemos ofrecer casos preclaros referente al tipo de sacerdote y Obispo que Schoenstt debe ofrecer a la Iglesia. Si un bautizado hoy quiere ser sacerdote o es llamado a ser Obipso entra en una estructura arcaica, obsoleta y comprometida.
Podra Schoenstatt ser pionero en ofrecer "viros probos" maduros para ser sacerdotes
que lleguen a ser Obispos. Es deformado un candidato en el seminario que lo imposibilta ser pastor y lo integra a un circulo de administradores con criterios de "restriccion mental","proteccion de bienes aparentes de "su" Iglesia?
Estamos en un nuevo modelo de ser Iglesia. Lo hará Schoenstatt

John Htchman
CHINA
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