Curso sobre el 20 de enero - El jardín de María: Su origen (Video 6)

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El P. Kentenich está en la cárcel de la Coblenza. Una Hermana, que pertenecía a la filial de las Hermanas allí, que atendían el Hospital San José, en la provincia de Metternich, envía una carta para Navidad, al Niño Jesús. La escribió y se la entregó a la Hermana Superiora, para que ella se la enviara al P. Kentenich. Ella la leyó y se la envió al P. Kentenich.

Viernes 1 de septiembre de 2017 | P. Rafael Fernández

 EL JARDIN DE MARÍA: SU ORIGEN

  1. I.              VER VIDEO
  1. II.           TRANSCRIPCIÓN DEL VIDEO

 

Hasta aquí, hemos visto el contexto del 20 de Enero de 1942, tanto histórico mediato como inmediato. Estamos llegando de lleno a lo que es el Segundo hito de la historia de la Familia de Schoenstatt. Vamos a leerla porque es muy importante y vemos cómo, muchas veces, lo grande empieza desde algo muy pequeño. Es una carta dirigida al Niño Jesús y, por lo tanto, tiene una forma muy ingenua.

Querido Niño Jesús, pronto descenderás a la tierra en la Noche Buena y aun no te le escrito lo que quiero que me traigas. Cada año traes muchas cosas muy lindas a los niños que se portan bien. Yo renuncio con gusto a todas ellas con tal que vuelva el padre. Este año, tengo que pedirte algo muy grande. Hace ya mucho tiempo que nuestro querido padre está lejos de nosotros y nosotros lo extrañamos. ¿Podrías enviarle un ángel al padre para que lo visite?  Y cuando tú desciendas a la tierra, en Noche Buena, entonces, de pronto, su celda se llenaría de luz y el ángel le diría: “No temas, te anuncio una gran alegría: Hoy en Schoenstatt ha nacido el Salvador. Apresúrate, y vete al Santuario. Allí hallarás al Niño en brazos de su Madre”.

Y entonces vendrían muchos ángeles para allanarle el camino al padre hasta el pequeño Santuario. Allí contemplaría el “Milagro de la Nochebuena” y el Niño le diría: Ahora puedes quedarte para siempre conmigo y contar a tus hijas muchas cosas de mí, para que ellas, tomadas de mi mano, lleguen a mí. Y todos los hijos de Schoenstatt rebosarán de alegría y toda la Noche te alabarán a ti y a tu Madre. Y en adelante siempre se hablará del “Milagro de la Nochebuena”.

La Carta es más larga. Es la primera vez que se habla del Milagro de la Nochebuena. Es una expresión que se usará después, cuando se pedía por un Milagro de Nochebuena para que el P. Kentenich regresara de Milwaukee y llegara a Schoenstatt. Este Milagro de Nochebuena ocurrió en la Navidad de 1965.

Esta es una carta que refleja una actitud muy sencilla y, sobre todo, muy cálida. Expresa todo el dolor que sentía esta Hermana y todas las Hermanas porque el padre estaba en la cárcel.

Lo interesante es que el P. Kentenich recibe esta carta, la lee y decide escribir una respuesta. Se pone en la situación; descubre algo en este momento, en esta realidad y escribe lo siguiente:

Mi pequeña Mariengard, cumpliré tu deseo, cuando tu corazón y el corazón de toda nuestra Familia, se haya convertido en un floreciente Jardín de María.

La Hermana autora de la carta se llamaba Mariengard; por eso el P. Kentenich llama a convertirse a convertir el corazón en un Jardín de María.

Por lo tanto, el cumplimiento de tu deseo, el “milagro de la Nochebuena”, está en tus manos y en la de todos los hijos de Schoenstatt. Apresúrense antes de que sea demasiado tarde. Aún tengo muchos proyectos para los cuales necesito al padre. Ahora lo estoy preparando para eso. Si ustedes cultivan bien su jardín, aceleraré el trabajo de cincelar y limar que realizo en el padre. Para tu mayor consuelo, te digo que en la celda del padre hay siempre luz y calor y tiene casi tanto trabajo como en Schoenstatt. También recibe muchas visitas diariamente.

El P. Kentenich está diciendo todo esto de sí mismo... Es interesante lo que les pide el Padre a las Hermanas.  Les dice que trabajen para ser un Jardín de María mientras él también realiza el trabajo de cincelar y limar, es decir, de prepararse para mayores tareas. Es un lenguaje de niño, pero el P. Kentenich está diciendo cosas que no son de niño, que son exigencias como es llegar a ser un Jardín de María.

Las Hermanas entienden esto. Lo toman en la línea de lo que es el Mes de Mayo en Alemania, el mes de las flores, el Mes de María; del mes de las flores, de aquellas que ofrecía José Engling a la Mater, que eran sus contribuciones al Capital de gracias del Santuario. Es decir, las Hermanas entienden que para ser un Jardín de María floreciente debían ofrecer muchas contribuciones al Capital de Gracias del Santuario. El P. Kentenich estaba pidiendo el espíritu del Poder en Blanco, de la Inscripto, y por, eso las Hermanas tenían que esforzarse.  El padre les dice que el Milagro se producirá, pero hay algo especial que el Señor quiere hacer con él y que por eso él también debe esforzarse.

La Hermanas Superiora les lee la Carta las Hermanas porque el P. Kentenich escribía en gótico y también porque poco entendía que el padre debía esforzarse, puesto que él padre eran perfecto y qué más podía hacer… Pero el P. Kentenich quería entrar en ese intercambio; las Hermanas hacían algo por él pero, él también quería hacer algo por las Hermanas. 

Aquí comienza en realidad la historia de lo que después se llamará el 20 de Enero de 1942.

El P. Kentenich llama a las Hermanas a ser un Jardín de María. La Hermana Superiora lo comunica a todas las Hermanas. Una de las Hermanas, la Hna. Hildegard especifica que están llamadas a ser un Jardín de “pequeñas Marías”, expresión común entre ellas. El P. Kentenich les habría hablado muchísimas veces de ser una pequeña María. Es decir, una imagen viva de María, la Compañera y Colaboradora de Cristo, en el espíritu del Pader en Blanco y de la Inscriptio: entonces la Mater y el Señor escucharán su petición.

Así se inicia, casi en forma infantil, como un juego, algo que era muy profundo, que se denominaráçç “solidaridad de destinos”. El Padre, a quien las Hermanas quieren tanto, es el fundador, la cabeza de la Familia, y ellas, sus hijas, deben cooperar con él en la realizacón de la Obra que Dios les ha encomendado.esté con nosotras…  Y nosotros estábamos sin él... Es un sentimiento afectivo de mucha realidad, de mucha trascendencia.
En la próxima sesión profundizaremos más en este intercambio que se ha iniciado ahora. El Jardín de María y el Milagro de la Nochebuena.

 

 

  1. III.          PREGUNTAS Y TAREAS

 

  1. 1.   Preguntas
  • ¿Qué mueve a la Hermana Mariengard escribir al Padre Kentenich en Navidad de 1941?
  • ¿Qué me parece lo más significativo de esta carta?
  • ¿Qué me parece más significativo en la carta que responde el Padre Kentenich a la Hermana?
  • ¿Cuál es la diferencia de ser un “jardín de María” a ser un “jardín de pequeñas Marías”?
  • ¿Cuál es mi o nuestra relación personal con el P. Kentenich?

 

  1. 2.   Tareas
  • Así como el P. Kentenich considera que él debe limar  y pulir cosas en su persona, ver qué debe pulir y limar  cada uno de nosotros en su persona.
  • Así como el P. Kentenich  tienen la conciencia de que hay muchas tareas aún que debe emprender, considerar que tareas importantes son las que tengo yo o nosotros tenemos por delante.
  • Distinguir entre lo que significa conquistar virtudes de María (flores de mayo) y ser una viva imagen de María Compañera y Colaboradora de Cristo Jesús.
  • Considerar como se vive o debiéramos vivir hoy la solidaridad de destinos con el padre fundador.

 

 

  1. IV.         TETOS DE APOYO

 

Textos sobre el Jardín de María del P. Hernán Alessandri en su libro “La Historia del P. Kentenich)

 

(Escribe el P. Kentenich)

Ahora saben por qué, desde el 20 de enero, estoy interiormente en espera de la libertad, aunque esté también dispuesto a lo contrario.(...) Dios nos quiere a todos enteramente para sí, por medio del heroísmo de las virtudes teologales tal como debe encarnarlas el "hombre nuevo". Y en la actual situación tenemos que aprenderlas muy concretamente. Mi destino y el de ustedes están unidos indisolublemente desde hace años.(...) Ustedes deben crecer a través mío y el crecimiento de ustedes, esta vez, es el precio de rescate por mi libertad. Aparentemente estoy yo en primer plano, pero, visto más exactamente, son ustedes y su crecimiento a lo que apunta Dios. Por cierto su crecimiento es mi alegría y mi orgullo. Somos inseparables en nuestra vida y en nuestro destino. Esto se manifiesta muy particularmente ahora ya que, esta vez más que nunca, pueden considerar mi persona como símbolo de toda la Familia. Estoy aquí por la Familia y mi libertad es libertad para toda la Familia.(Cartas del Carmelo, 9. de febrero de 1942)

Poco a poco empieza a crecer en la Familia esta conciencia: Somos una red de solidaridad, estamos atados unos con otros, tenemos un solo destino... En la vida del Padre fundador se juega la nuestra y en la nuestra se juega la de él...

Esto se hace especialmente vivo en Co­blenza, en el Hospital donde vive esta Hermana Ma­riengard. Allí, ese anhelo de esforzarse por llegar a ser un “Jardín de María”, por crecer como un Jardín de María para merecer la libertad del Padre, se va convir­tiendo en una corriente de vida sumamente fuerte y llegará a ser, después de la guerra, el símbolo a través del cual toda la comunidad de las Hermanas va a expresar su unión de amor con el Padre fundador, símbolo que más tarde se extenderá a toda la rama femenina de la Familia. Lo importante de esta imagen es que va ayudando a ha­cer vida la realidad de esta interdependencia de desti­nos que existe entre el Padre fundador y la Familia.

Lo mismo pasó en Schoenstatt. Muchas personas giraron en torno al Padre fundador por sus ideas, pero no todos lo sintieron como su padre, como un hombre al cual estaban unidos en la vida por una solidaridad, por una fidelidad real. En este momento de cruz, se prueba quienes sienten que el P. Kentenich es realmente su padre, quienes han comprendido que Schoenstatt es una Familia y quienes están dispuestos, por lo tanto, a jugarse por el padre fundador, así como él se juega por ellos.

“Por favor, trata de comprenderme a la luz de la Alianza de Amor y de nuestra solidaridad de destinos”.

ahora. Cuando el "segundo pecado original" se hizo realidad y el Salvador, optó, según el deseo del Padre, por el sufrimiento y la agonía, dijo aquella memorable sentencia: "El grano de trigo tiene primero que hundirse en la tierra y morir para dar fruto abundante". Lo mismo pienso yo. Y ustedes, la Familia entera, deben esforzarse todos y tomar en serio la donación total.(Carta desde Dachau, 22 de marzo de 1942

(…) Es en este momento cuando la Familia toma con­ciencia reflexiva y pública de todo lo que, en este sen­tido, había vivido durante los años anteriores, y cada schoenstatiano descubre y proclama con mucha lucidez: el Padre es mi padre. El no es simplemente el di­rigente de una gran obra. El está personalmente atado al destino de cada uno de sus hijos. Cada uno lo había sentido siempre así, pero ahora esa conciencia se vuel­ve más clara, y se afirma en público que el Padre es de todos, que se está entregando por todos y que tam­bién nosotros debemos entregarnos por él. Ese amor paternal que cada uno había sentido siempre en su contacto privado con él, él lo está mostrando ahora pú­blicamente, al precio de su vida.

El Padre fundador es el “buen pastor” que se da por nosotros y nosotros queremos darnos también por él. Entre él y nosotros hay una unión indisoluble. Tenemos que “jugarnos” el uno por el otro. Sus cadenas son nuestras cadenas. Noso­tros hemos de conquistar su libertad y nuestra liber­tad la está conquistando él. Así comienza a vivirse una comunidad con un grado de intimidad y de soli­daridad no conocido hasta entonces. Schoenstatt se hace Familia, ciento por ciento, y con esto se inicia una increíble irrupción de gracias. Pero serán sólo aquéllos que han dado el paso con el Padre fundador los que captarán esta irrupción; aquéllos que han compren­dido que Schoenstatt es Familia y han dado el sí a esta solidaridad del Movimiento con él, como su pa­dre y su cabeza.

Pero, ¿cuál fue el significado de la experiencia en Dachau, globalmente considerada? Hemos dicho que Schoenstatt, en primer lugar, se hace Familia. Se hace una Familia que encarna el ideal del hombre nue­vo y de la nueva comunidad; de una comunidad de corazones como no se había vivido hasta ese momen­to. La Familia crece en libertad interior y en solidari­dad de corazones, y el tiempo de la guerra demuestra que la fuerza de esa libertad y de esa solidaridad es a prueba de bombas, a prueba de campo de concentra­ción, a prueba de brutalidad colectivista. (…)

Heroica no sólo por amor a la Mater, sino también, al ver la entrega del Padre fundador y por fidelidad a él. El P. Kentenich, en lo que toca a él, también dice que en el campo de concentración él pudo mantener su actitud no sólo en base a su espíritu sobrenatural, sino además, porque en cada instante recordaba a las mu­chas personas que se estaban ofreciendo por él y se decía: “Tengo que vivir aquí como un padre digno de mis hijos y de mis hijas”. Así en todo este tiempo está haciendo cada vez más hijos a sus hijos, y los hijos, con su respuesta de fidelidad, están desafián­dole a que se haga cada vez más padre.

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