Curso sobre el 20 de enero - Video 2

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Schoenstatt responde a la época actual. Es una respuesta de Dios a los problemas del hombre moderno, de la sociedad actual, del cristianismo de ahora, de la Iglesia y de la sociedad de este momento y del futuro. Y por eso, vemos que el P. Kentenich, ya antes del 18 de Octubre de 1919, en 1912, mira lo que está pasando en el mundo.

| P. Rafael Fernández P. Rafael Fernández

CURSO SOBRE EL 20 DE ENERO

SEGUNDA PARTE: CONTEXTO HISTÓRICO

PRIMERA SESIÓN: CONTEXTO HISTÓRICO CULTURAL

  1. I.              VER VIDEO

 

  1. II.            TRANSCRIPCIÓN DEL VIDEO

 

Continuamos nuestro tema que es el segundo hito de la historia de Schoenstatt, el 20 de Enero de 1942.

Decíamos que los hitos deben ser considerados en un contexto. No son hechos que aparecen aislados, de la nada. Suceden dentro de una historia concreta. Y ese hito tiene que ser consderado en un contexto desde diversos puntos de vista, contexto socio político, eclesial, de la espiritualidad, etc., para poder comprenderlo bien.

Vamos a dar ahora algunos brochazos, que ustedes tendrán que complementarlo con un estudio más profundo de la historia de Schoenstatt Por ahora, nombraremos sólo algunas cosas.

Primero, un contexto general. Schoenstatt responde a la época actual. Es una respuesta de Dios a los problemas del hombre moderno, de la sociedad actual, del cristianismo de ahora, de la Iglesia y de la sociedad de este momento y del futuro. Y por eso, vemos que el P. Kentenich, ya antes del 18 de Octubre de 1919, en 1912, mira lo que está pasando en el mundo. En el Acta de Prefundación leemos que el P. Kentenich se refiere al desarrollo de lo exterior, de las conquistas de la técnica, etc. etc. Y se da cuenta que es necesario crear un nuevo tipo de hombre que responda a esto y deduce de ello que la finalidad de Schoenstatt debe ser la formación de un hombre nuevo en una nueva comunidad. Esto es constante en todo Schoenstatt; es la mentalidad del P. Kentenich, la actitud del P. Kentenich que él define en esa frase: “con la mano en el pulso del tiempo y el oído en el corazón de Dios”, es decir, la fe práctica en la divina Providencia.

Si consideramos el desarrollo histórico del último tiempo, tenemos que decir que en el siglo 19, a finales de este siglo, empieza la revolución industrial. Ya antes, estaba presente y actuando, el problema social. Pensemos en Marx , en el siglo 19. Y esto se va a mantener casi hasta nuestros días, con momentos más álgidos que otros. Surge una nueva clase social, el proletariado, los socialismos, la injusticia social… Esta situación crea un ambiente cultural en el cual nació Schoenstatt. Schoenstatt fue fundado en 1914, y el 1917 viene la revolución rusa con Marx y Lenin y se instaura el marxismo. Después viene Stalin. Todo esto está sucediendo al lado del P. Kentenich, por así decirlo. Recordemos que Carlos Marx es alemán.

El año 1919 es el tiempo de la postguerra. Toda esta situación se ahonda más con la gran crisis económica mundial entre los años 29, 30, 31. Hay una eclosión social. Todo esto sucede en el mundo. Es el tiempo en que Schoenstatt empieza a desarrollarse. 

¿Qué pasa en Alemania…? En el contexto del mundo hay una eclosión social, viene el desarrollo industrial, la revolución industrial, surge el socialismo… Alemania viene saliendo de la guerra, que termina en 1919. El tratado de Versalles deja muy mal puesta a Alemania. El socialismo está por todos lados y surge la corriente nacional-socialista y aparece Hitler quien promete a Alemania rehacerse, volver a ser lo que era antes y mucho más. Le presenta un futuro esplendor y poco a poco se va perfilando como el salvador de Alemania… En 1933 Hitler asume el poder como canciller imperial, y en 1934 se autoproclama Führer instaurando la dictadura fascista, un régimen totalitario  conocido como el Tercer Reich. Hitler obtiene creciente apoyo popular mediante la exaltación de Alemania, del antisemitismo y del anticomunismo, sirviéndose de su talento oratorio apoyado por la eficiente propaganda nazi y las concentraciones de masas cargadas de simbolismo. Uno de los himnos famosos de ese tiempo proclamaba  Deutschland, Deutschland, Deutschland über alles, Alemania, Alemania, por sobre todo Alemania…

Alemania sueña con otro mundo. Empieza a surgir poderosa y económicamente. Hitler promueve el trabajo mediante la construcción de puentes y autopistas y promueve el rearme de Alemania mediante el desarrollo de una industria bélica militar muy poderosa.  Ciertamente que Alemania cambia.

Y en este proceso vive y se desarrolla Schoensttatt.

 

  1. III.           PREGUNTAS Y TAREAS

 

  1. 1.    Preguntas

 

  • ¿Qué significa que el Padre Kentenich tenía la mano en el pulso del tiempo?
  • ¿En qué sentido podemos decir que nosotros tenemos también nuestra mano en el pulso del tiempo?
  • El P. Kentenich plantea el desafío del desarrollo de la técnica y de la ciencia a comienzos del siglo XX, ¿qué diría respecto a la realidad actual en ese sentido?
  • ¿Consideramos lo que hoy está sucediendo en nuestra cultura como “voces de Dios”?
  • El P. Kentenich enfrentó el nacismo y el marxismo, luego se refirió al liberalismo,  y afirmó que en el fundo eran lo mismo: eran expresión del colectivismo. ¿cuáles son los rasgos del colectivismo que hoy imperan?
  • ¿Cuál es el tipo de persona que supera el espíritu colectivista hola masificación?

  

  1. 2.    Tareas

 

  • Considerar qué nos dices Dios a través del desarrollo tecnológico actual, por ejemplo, en relación a los medios de comunicación.
  • El 20 de enero se centra profundamente en lo que es el núcleo de la nueva comunidad, de lo que el P. Kentenich  llama “entrelazamiento de destinos”. Se trata de los vínculos naturales y sobrenaturales, que deben de darse en toda comunidad cristiana, especialmente en el matrimonio. Analizar la profundidad ycalidad de nuestros vínculos interpersonales.
  • Considerar la situación de la familia hoy día: lo que se entiende por familia, las diversas clases de familia que se propone hoy, y ver cuál es nuestra respuesta.
  • El Padre Kentenich habla de una “revolución moral”, y de una “revolución en el orden del ser”. Analizar que significa éste diagnóstico en nuestra realidad concreta, por ejemplo, en relación a la ideología de género.

 

  1. IV.          TEXTOS DE APOYO


PRIMER TEXTO

El Padre fundador frente al nacional-socialismo

(Texto tomado del libro “La Historia del P. Kentenich, del P. Hernán Alessandri, Ed. Patris) 

Pero en este tiempo (de nacional socialismo) él no se limita a ser únicamente una extraordinaria fuente de ideas y de vida, sino que aparece como una antorcha que va a iluminar a la iglesia alemana en un momento muy álgido de su historia.

A comienzos de la década de 1930, lo más grave en Alemania no es la crisis económica, sino las conse­cuencias que traerá. La angustia y la situación de mi­seria en que vivían los obreros, les apremiaban a afe­rrarse a cualquier esperanza, a cualquier liberador, a alguien que prometiera cambiar las cosas. Y cuando surge Hitler, depositan en él todas sus esperanzas y creen que él va a traer aquella Alemania nueva que to­dos anhelan y que Hitler mismo les promete. Incluso en los círculos católicos se despierta esa gran esperanza. Creen que en ese anhelo de patria nueva, del que habla Hitler, que en ese anhelo de rescatar la dignidad del pueblo alemán, hay algo positivo. Hitler procura estimular la solidaridad, la dignidad del pueblo que se sentía humillado después de una guerra perdida, des­pués de una gran crisis económica, y los envía a cons­truir una patria nueva. Hitler trae espíritu nacional, despierta ánimo. La juventud se entusiasma, inventa cantos, banderas, se hacen campamentos de juventud, viene todo un proceso de efervescencia social. Y mu­chos católicos creen que allí hay valores grandes que ellos han de captar y bautizar.

El P. Kentenich, que desde un comienzo había recibido de Dios la misión de educar al hombre nuevo en una nueva comunidad, según el espíritu de María, a ese hombre y a esa comunidad que van a vencer al hom­bre colectivista, al hombre masa, al hombre sin víncu­los, “huele” un alma colectivista detrás del nacional­socialismo. Se da cuenta que el nazismo no va por buen camino, que allí hay algo desviado que no puede conducir a nada bueno: descubre una raíz de sober­bia, un naturalismo que fatalmente conducirán al de­sastre. Y mientras el noventa por ciento de los jefes de la Iglesia alemana son engañados por las falsas pala­bras de Hitler, él es una de las pocas personas que levanta su voz en contra.

Hace poco se publicaron en Alemania dos tomos de documentos de esa época. Según ellos son escasísi­mas las personas que captaron lo que se le venía enci­ma a Alemania. Y un detalle curioso: los más alertas fueron personas simples, algunos líderes obreros y campesinos quienes, por intuición o buen “olfato”, se dieron cuenta que la cosa iba mal. La mayoría de la gente de ciudad, de los dirigentes de la juventud, de los sacerdotes, cayeron en la trampa. Muchas perso­nas, incluso de la categoría del Obispo de Münster -más tarde apodado el “León de Münster” por su fuerte resistencia a Hitler- no vieron claro en un co­mienzo.

El Obispo de Münster tuvo una conversación muy importante con el P. Kentenich alrededor del año 1934; no recuerdo exactamente la fecha. Este Obispo, Mons. von Galen, está enterado de que el P. Kentenich no comparte el optimismo reinante y de que se muestra desconfiado ante el nuevo régimen. Por lo mismo le preguntó:

“¿No cree usted que detrás de todo este proceso hay una voz de Dios y que el nacionalsocialismo puede ser bautizado?”. A lo que el P. Kentenich repuso: “Sincera­mente no veo dónde se le podría dejar caer el agua bautismal”.

El P. Kentenich se da cuenta de que vienen tiempos difí­ciles, tiempos durísimos, para los cuales es necesario pre­pararse. Hasta ahora los temas de sus retiros se habían centrado en dar orientaciones espirituales, sociales y pedagógicas, encaminadas a la construcción de ese mundo nuevo con que él sueña pero, a medida que empiezan a agolparse nubes negras en el horizonte, comprende que no puede seguir por ese camino y que debe retomar a lo esencial.

¿De qué empieza a hablar a partir de 1937? Da los grandes retiros sobre la filialidad. Comienza a darse cuenta de que lo que se viene encima es tan avasalla­dor que no bastarán las hermosas ideas sociales ni los mejores métodos pedagógicos para hacerle frente, si­no que sólo hombres profundamente anclados en el corazón de Dios y de la Santísima Virgen podrán oponer­le resistencia. Y empieza entonces a predicar con in­sistencia sobre la filialidad. La forma como lo hace revela que se basa en experiencias personales. El rostro de Dios que él muestra en esos años a la Famili­a es extraordinario.

¿Cómo venció la Familia al nacionalsocialismo? No porque se sintiera una organización estupenda, po­seedora de métodos humanos extraordinarios para lu­char de igual a igual con el nacional-socialismo y combatir sus ideas. ¡No! ella venció al nacionalsocia­lismo porque se sintió una Familia profundamente co­bijada en el corazón de Dios. El P. Kentenich muestra en sus retiros a un Dios Padre que ama con predilección a los pequeños y a los débiles; a un Dios que quiere glorifi­carse especialmente en los pequeños y que los escoge para realizar, a través de ellos, sus obras más grandes, justamente porque son pequeños.

Y puede hablar tan vitalmente de este Dios por­que ésa es la imagen que Dios le ha revelado a través de su crisis de juventud. Se da cuenta que vie­nen horas de angustia, como las que él vivió en aquel tiempo, y sabe, por experiencia, que quien no se cobi­ja en el corazón de Dios, a través de María como lo hizo él, no sobrevivirá a este cataclismo y la historia lo barrerá. Por eso comienza a trabajar en esa línea.

Una interesante constatación posterior. Muchos de los que participaron en sus retiros y que des­pués no retornaron a Schoenstatt, fueron barridos por el vendaval y de ellos no quedó nada. La gente que quedó y con la cual renació Schoenstatt, durante y después de la guerra, fue la gente que siguió al P. Kentenich por el camino de la Alianza y del encuentro filial con Dios a través de la Mater, fue la que captó esos retiros sobre la filialidad y sobre la Mater, dados por él en los años que precedieron a su cautiverio.

El P. Kentenich veía la necesidad de ambas cosas: sabía que su pedagogía podía ser muy efectiva, que su ima­gen de la nueva sociedad podía ser muy certera, pero sabía también que quien no captaba la Alianza de Amor como el origen de todo ello, y que quien no es­taba dispuesto a dejarse educar filialmente en el cora­zón de María, iba a olvidar todos esos principios cuan­do llegara el momento de la lucha. Y así fue.

Debemos ser capaces de crear un mundo nuevo en la reserva y a partir de principios últimos. De suerte que para el caso en que se destruyan nuestras asociaciones y organizaciones, que son como nuestras realidades penúltimas, podamos crear un mundo nuevo y tener preparadas nuevas formas a partir de las realidades últimas. No podemos existir sin formas, y entonces nos preguntamos qué formas pueden ser destruidas y cómo se originan formas nuevas a partir de principios últimos y de fuerzas motrices últimas. (...)

Si llegara un tiempo en que todo se desmoronase, nosotros tenemos que estar ahí, tenemos que salvar la Iglesia para otros tiempos.

(Jornada sobre el misterio de Schoenstatt, 1933)

Queremos contribuir a crear un nuevo tipo de hombre, el hombre que necesita la Iglesia para superar interiormente las graves perturbaciones, y una familia de nuevo cuño, una comunidad santa. Nuestra obra tiene que hacer de nosotros hombres santos. ¡Ay de nosotros si somos superficiales, si los miembros de la Familia dejamos de ser portadores de Dios y comenzamos a ser charlatanes de Dios! Tenemos que luchar por una santidad real.

(Bodas de plata sacerdotales, 8 de julio de 1935)

La herejía de los siglos venideros es el bolchevismo. Pueden ustedes anotar oscilaciones y vaivenes en este modelo, percibir diferencias en las diferentes naciones; pero el bolchevismo se desencadena como el gran peligro para la Iglesia en todos los países civilizados, sea que nos encontremos en Europa, Asia, en América o en cualquier otra parte del mundo. Por eso, el conocedor de esta época que quiera ayudar a la Iglesia, el que desee ser instrumento en manos de Dios, tiene que hacerse la idea de cooperar a superar al espíritu bolchevique en sí mismo y en su derredor. Y, por consiguiente, quien pretenda trazar y presentar la imagen del hombre de hoy, ha de comenzar por conocer en concreto la imagen del hombre bolchevique.

(Plática de apertura Ejercicios sobre “La perfecta alegría de la vida sacerdotal”, 1934)

Por eso, al P. Kentenich le interesaba, en primer lugar, cavar hondo, vitalizar la Alianza de Amor e ir condu­ciendo a la Familia, en forma cada vez más intensa, hacia una auténtica vida de Alianza, al Poder en Blan­co, a la lnscriptio.

Y tanto insistió en este ahonda­miento de la alianza, que algunos -en especial entre los sacerdotes palotinos- comienzan a protestar por esta exigencia de una vida espiritual tan intensa. Re­claman que todavía no han terminado de elaborar la corriente del Poder en Blanco cuando ya viene una nueva, la de la Inscriptio. El responde que no es culpa suya el que la historia del mundo y de Alemania se acelere con tal velocidad como lo está haciendo; y que si ellos, los schoenstatianos, no se preocupan tam­bién de acelerar proporcionalmente su vida interior, no podrán resistir la fuerza contraria.

Lo cierto es que disminuyeron los sacerdotes pa­lotinos en Schoenstatt después de la guerra. Su So­ciedad, como tal, no pudo seguir a Schoenstatt. Sólo permanecieron las personas que siguieron al P. Kentenich en la línea del Poder en Blanco y de la lnscriptio. Los que se entusiasmaron sólo con sus principios pedagó­gicos o con sus ideas acerca de la nueva sociedad no perduraron, porque no habían construido sobre roca.

Como un singular don de la gracia, tenemos que consignar el hecho de que, en el día del jubileo, la Familia en su totalidad ha llegado a tal madurez y ha arraigado tan hondamente en el espíritu del contrato fundacional y de la consagración, que se declara dispuesta a ofrendar a la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt, no sólo todas las facultades del alma y del cuerpo, no sólo las propiedades y posesiones espirituales y terrenas, sino también la propia vida siempre y por entero, en favor de su Obra.

Con este Poder en Blanco reiteramos, a nuestro modo, el "hágase" y el "he aquí la esclava del Señor" que pronunció la Santísima Virgen en la escena de la Anunciación. Con estas palabras ella se declaró dispuesta sin más a aceptar ciegamente todos los reveses del destino que estaban comprendidos en su maternidad, según la voluntad y la permisión de Dios... Su vida entera estuvo al servicio incondicional de Aquel que la había escogido para ser su Madre, Esposa y Compañera. ¿No es realmente algo grande y una maravillosa bendición verse elevado por la inescrutable bondad de Dios, mediante el Poder en Blanco, a semejante altura espiritual y a una tal misión para toda la vida?

(Segunda Acta de Fundación, 25 años de la Familia, 18 de octubre de 1939)

 

En este tiempo el P. Kentenich se muestra como un pro­feta genial que no sólo ve lo que vendrá y hace que la Familia construya sus defensas sobre roca, sino que también sabe utilizar las mismas armas del enemigo para fortalecer su posición propia. La forma en que va mirando en estos años hacia el campo del nacionalsocialismo y aprovechando su método - por ejemplo, el culto a los héroes, para despertar con mayor intensidad la vida de Alianza- es verdade­ramente genial. El nacionalsocialismo habló mucho del heroísmo, del héroe alemán. En esos años - en 1934 - se traen a Schoenstatt los Congregantes Héroes, a las Cruces Negras, que habían caído durante la gue­rra mundial. El los presenta como los “héroes schoenstatianos” y opone así un ideal de héroe bien definido a aquel que tenían los nazis.

También los nazis comienzan a construir lugares donde se reúne la juventud, a semejanza de una anti­quísima tradición de los pueblos germanos, que tenían dichos lugares especiales -llamados “Thingstätte”- donde se reunían los jóvenes. Esto sucedió siglos antes de que surgiera la Alemania medioeval, en el tiempo de los primitivos germanos. Ahora, grupos de jóvenes nacionalsocialistas, que querían revivir y exaltar el espíritu de su raza, comienzan a hacer lo mismos. Pues bien, también la Familia de Schoenstatt comienza a construir las primeras ermitas de la Mater, como luga­res donde igualmente se reúne la juventud. La Gesta­po descubre pronto esta táctica, como consta en los documentos de sus archivos.

El P. Kentenich va captando así todas las fuerzas que surgen en el campo contrario para ir fortaleciendo a la Familia. Sus últimos retiros están enteramente de­dicados a profundizar lo que es esencial. Habla sobre el hombre heroico, pero ¿a qué heroísmo se refirió? Al heroísmo de Cristo. También habla sobre el hom­bre redimido o liberado, porque Hitler se presentaba a sí mismo como liberador del pueblo alemán. Y plantea la pregunta: ¿Cuál es el hombre verdade­ramente liberado? El hombre liberado por Cristo, el hombre que se ha hecho hijo de Dios, el que se ha li­berado del pecado. Después predica a sacerdotes y les habla del “Sacerdote apocalíptico”, preparándolos así para los tiempos que se avecinan. Y el tema de su últi­mo retiro es el “Sacerdote Mariano”. A medida que el panorama se va poniendo más y mas oscuro, se da cuenta que cada vez debe insistir más en la Vir­gen. En esta línea nace una corriente de coronación. El está convencido de que el que no se afirma en la Virgen y no ha inscrito su corazón en el corazón de Ella, por más ideas bonitas que tenga, por más in­tuiciones proféticas que revele, tarde o temprano, será arrastrado por la corriente opuesta.

 

SEGUNDO TEXTO

RESEÑA SOBRE Encíclica del Papa Pio XI

Mit Brennender Sorge (Con una ardiente preocupación)

14 de marzo de 1937.

 

(El texto completo se puede encontrar en www.vatican.va

https://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_14031937_mit-brennender-sorge.html )

 

El 21 de marzo de 1937, Domingo de Ramos, en todas las iglesias de Alemania se leyó la encíclica del Papa Pío XI «MitBrennenderSorge» (Con ardiente preocupación). Es la más dura crítica que la Santa Sede haya expresado jamás respecto a un régimen político

Es profético el pasaje en el que explica que la separación de la fe y la moral lleva a la decadencia y la guerra.

El cardenal de Munich, Michael von Faulhaber escribió con todo secreto el texto de la encíclica, lo escribió todo a mano para no dictarlo a nadie y mantener el secreto».

A este texto, que sirvió de base para la encíclica, se añadieron las intervenciones del secretario de Estado, Eugenio Pacelli, y durante siete semanas se preparó un texto con pasajes todavía más fuertes y explícitos de los indicados por Von Faulhaber.

En la primera parte de la encíclica se hace una historia del Concordato entre Hitler y la Santa Sede, y se subrayan las continuas violaciones respecto a la Iglesia Católica y su fieles.

Hay una parte de la «MitBrennederSorge» que denuncia el neopaganismo nazi. «Quien con indeterminación panteísta identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo y deificando el mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes».

La encíclica condena la concepción racial del nazismo, que «diviniza con culto idolátrico» la tierra y la sangre y «pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios»

El documento pontificio subraya «el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional y el intento de aprisionar en los límites de un solo pueblo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios creador del mundo ante cuya grandeza las naciones son pequeñas como gotas de un cuenco de agua».

Es muy fuerte la denuncia de la encíclica respecto al intento de Hitler de erguirse como Dios de Alemania.

La encíclica recuerda a quien para defender la religión católica «está sufriendo violencia tan ilegal como inhumana», y habla claramente de «tentaciones satánicas para hacer salir de la iglesia a los fieles». Explicita también la condena de quien intenta construir «una iglesia alemana nacional».

 

  

TERCER TEXTO

RESEÑA Carta encíclica Divino Redentoris

Del Papa pio XI

19 de marzo de 1937

(El texto completo se puede ver en:

https://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19370319_divini-redemptoris.html )

 

Contenido:

I. Actitud de la Iglesia.

II. Doctrina y frutos del comunismo.

III. Doctrina de la Iglesia.

IV. Recursos y medios.

V. Conclusión.

 

Esta Carta encíclica es un documento en el cual la Iglesia Católica fija una clara posición contra los enfoques marxistas, por considerar afectan los principios de la Doctrina Social de la Iglesia como los son:

 

- Respeto a la dignidad de la persona humana, por pretender interpretar la acción de la naturaleza humana desde una perspectiva estrictamente materialista, obviando que la Doctrina Social de la Iglesia propugna que todos los hombres son iguales ante Dios y ante la Ley, en este caso el marxismo cree al igual que los Postulados de Platón en la República existen hombres que nacen para ser líderes y otros para ser dirigidos, otro aspecto que debe ser cubierto en esta crítica es el frontal ataque del comunismo en contra de la familia como núcleo de la sociedad.

 

- Subsidiariedad, ya que el estado comunista y su predecesor inmediato el estado socialista tienen entre sus características intrínsecas un clara vocación centralizadora ajena al ideal de federalismo que este principio auspicia.

 

- Bien común, colinda con los límites del Respeto a la dignidad de la persona humana ya que refiere al falso ideal redentor que propugna el marxismo, en este aspecto debe verse al marxismo como una pseudo religión en la cual se propicia un culto a la personalidad del líder que orienta el movimiento, contrario al ideal de justicia social que propicia la Iglesia y al principio de igualdad ante Dios y la Ley referido inicialmente.

 

Uno de los aspectos más interesantes de este documento pontificio lo constituye su crítica al movimiento marxista denominándola como "intrisecamente perversa".

 

El centro de la crítica se encuentra en el título II, aparte 8:

 

En el cual se señalan como peligros del comunismo ateo:

  • Ideal falso de redención.
  • Pseudoideales de justicia social, igualdad y fraternidad.
  • Refiere como núcleo de problema centrar su ideal en aspecto meramente materiales y obviar la dualidad materia - espíritu que es el hombre.

 

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