El Agua

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El agua está de moda. Basta con examinar las materias que se discuten al respecto, tales como los cortes de agua, el cambio climático, la nacionalización del agua, el derecho al agua, la serpiente de agua del año chino, por ejemplo. Y, a mi juicio, está más claro que el agua que las empresas de agua no han hecho las inversiones que se necesitan para que no ocurra lo que ocurrió y que va a ocurrir otra vez.

| Patricio Chaparro Patricio Chaparro

El agua está de moda.

Basta con examinar las materias que se discuten al respecto, tales como los cortes de agua, el cambio climático, la nacionalización del agua, el derecho al agua, la serpiente de agua del año chino, por ejemplo.

En fin, sin ignorar la gravedad del tema y los severos problemas que la carencia de agua ha provocado a muchos de nuestros compatriotas, me referiré en esta ocasión a algo que me ha afectado directamente.

Antes de tirarme al agua, felicito a los que todavía veranean y disponen del líquido elemento.

De sólo pensar en eso, a mí se me hace agua la boca.

En seguida, debo señalar que una admonición fundamental de nuestras vidas -¡Al agua Pato!- por algunos días no ha sido posible de seguir a éste y todos los patos de un sufrido Santiago, sin o con poca o interrumpida agua.

Desde otro ángulo, ello nos ha obligado a re-examinar eso de agua que no has de beber, déjala correr, cuando corre, por cierto.

Anoto también, con un atisbo de esperanza, que quizás el cambio climático lleve a que este año 2013 se cumpla aquello que decíamos en mis tiempos mozos y que rezaba "abril, aguas mil".

Otro aspecto, también positivo, es que a nadie le fue posible en estos aciagos días ahogarse en un vaso de agua, vacío.

De otro lado, los lectores de SchVivo que están en el sur, y nosotros en las humildes riberas del Mapocho, hemos podido constatar que si el río suena es porque lleva agua.

No obstante, advierto que algunos aseveran que aquello ocurre porque lleva piedras - claro que esta última interpretación es algo interesada, más bien proviene de quienes apoyan a los indignados y movilizados que recurren a los piedrazos y terminan regados con agua de surtidores verdes, móviles.

A mi juicio, está más claro que el agua que las empresas de agua no han hecho las inversiones que se necesitan para que no ocurra lo que ocurrió y que va a ocurrir otra vez, dicho sea de paso.

Las aludidas empresas pueden alegar que hicieron inversiones, pero que ellas se hicieron agua. Considero que tal alegación es razonable, atendida la naturaleza y objeto de las empresas, que, obviamente, son de agua.

También está súper claro que las empresas de agua se parecen como dos gotas de agua, en todo, incluyendo su tendencia a rápidamente cobrar y también rápidamente excusarse en la fuerza mayor cuando nos cortan el agua.

Por último, me parece también muy claro, prístino, como agua de río no explotado -si es que queda alguno, digo- que las empresas de agua tratan por todos los medios de llevar las aguas a su propio molino (nótese que este último vocablo debe leerse como bolsillo).

Pero hasta aquí no más llego en esta piscina –perdón, columna- porque los chilenos estamos con el agua hasta el cuello (y ustedes lectores saben que no se trata de agua precisamente).

Quizás deba anotar, por tratarse de SchVivo, aquella petición "de las aguas mansas líbrame Señor"; y agregar, también de las bravías porque si bien trato de encargarme yo, no me resulta mucho.

En fin, para terminar, un consejo potable: no permitamos que nuestros cántaros vayan tanto al agua que al final se quiebren.

Patricio Chaparro N.

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