En torno a la Santidad de nuestro Padre

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El padre no quiere los milagros de sanación, reconocidos hoy por la Iglesia, para sus Santuarios. El cree en el milagro más difícil y complejo como es la “Sanación del Alma”. Pero ya de esos milagros hay muchos en nuestros Santuarios, pero lamentablemente la Iglesia no los reconoce para declararlo Santo.

Jueves 2 de noviembre de 2017 | Patricio Young

En el día de los Santos, en medio de la misa en mi parroquia de Reñaca y frente a los vitro que representan a varios de estos Santos y en particular de nuestro padre, único existente en un templo parroquial, reflexionaba sobre su Santidad.

Sí, está en este lugar junto a los Santos, porque sus hijos, los mismos que ayudamos a construir el templo, quisimos que allí estuviera.

Pero, ¿Qué duda nos cabe que nuestro padre es Santo? Aun cuando no esté declarado por nuestra Iglesia, para nosotros sus hijos ya es Santo. Lo que no significa que sea perfecto, porque ningún Santo ni persona humana es perfecta, aun cuando en las historias ejemplares de nuestra Iglesia nos presentaron así la santidad.

El Santo es el que vive en y con amor, uniendo el mundo natural con el sobrenatural, la fe y la vida, la naturaleza y la gracia. Es aquel que vive con consecuencia su existencia, siendo coherente entre lo que cree, piensa y hace.

Ayer nos mostraban que solo los “buenos” entraban al cielo. Pero Jesús nunca dijo eso, El señaló que solo entrarán los que viven la caridad y la misericordia basada en el amor. Aún más, para Él no existen hombres buenos, ni siquiera permitió que a Él lo trataran como bueno y señalo que el único bueno es el Padre Celestial.

Sin duda alguna que todas estas condiciones las reúne nuestro padre Kentenich y como él ¿cuantos miles de espíritus están con el Padre Dios y son santos sin haber sido declarado por la Iglesia; por ser personas desconocidas?

Partiendo de éste hecho, me quisiera adentrar en lo que hacemos hoy por su Santidad.

Para nuestro padre su Santidad está muy asociada a su familia de Schoenstatt. Recordemos que la Salvación, como ha repetido reiteradamente el Papa Francisco, no es un acto privado. “No hay salvación solamente para mí. Si yo entiendo la salvación así, me equivoco; me equivoco de camino. La privatización de la salvación es un camino equivocado... Él nos ha salvado de forma individual, pero en un pueblo. El Señor siempre salva en el pueblo. Desde el momento en el que llama a Abraham, les promete hacer un pueblo. Y el Señor nos salva en un pueblo”. (Santa Marta 25/01/ 2015).

Nuestra salvación es con otros y para otros, porque se da en el amor. Como dice Jesús: “El que quieras salvar su vida la perderá; y el que pierda su vida por causa mía la encontrará". Mt 16;24.

Si Dios a través de la Mater le entregó a nuestro padre una misión en Schoenstatt, su Salvación depende de la nuestra y la nuestra depende de la de él. Esa es la Solidaridad de destinos.

Por lo tanto, no hará nada que venga a distorsionar su misión representada en el carisma de Schoenstatt. Nuestros Santuarios Marianos son espacios de cobijamiento espiritual, crecimiento y envío. Donde se vive diariamente el gran milagro de la transformación. Pero su fin en definitiva está el envío en la transformación del mundo en el amor y por el amor. Para eso los Santuarios cobijan y transforman. ¡Esto es esencial y fundamental para nuestro padre!

Al respecto, vienen a mi memoria cuando el Padre estaba preso en Coblenza y la familia consigue el certificado médico para que no fuese al Campo de Concentración. ¡Que complejo momento para él! La familia le pedía algo absolutamente natural, lógico desde un punto de vista humano, para que la siga cuidando en momentos tan difíciles.  En su respuesta se jugaba también su misión y el camino de Schoenstatt. Sabemos ya cual fue ésta.

Me pregunto si hoy no estamos nuevamente reviviendo esta escena cuando oramos para pedirle un milagro que lo lleve a los altares. El padre no quiere los milagros de sanación, reconocidos hoy por la Iglesia, para sus Santuarios. El cree en el milagro más difícil y complejo como es la “Sanación del Alma”. Pero ya de esos milagros hay muchos en nuestros Santuarios, pero lamentablemente la Iglesia no los reconoce para declararlo Santo.

¿Por ventura alguien cree que el padre hará este milagro de sanación física para que sus Santuarios se transformen en un Lourdes o Fátima? Disculpen, pero creo muy sinceramente, que por ningún motivo traicionará la misión entregada por Dios a través de María.

Si para la Iglesia la santidad está asociada a la intercesión para milagros físicos o de naturaleza humana, es algo que el padre esperará pacientemente que sea reformado y se acepten a tantos Santos de la vida diaria y a otros que han realizado verdaderos prodigios en el alma de tantos.

En nuestro país ya hemos experimentado como se desdibuja el carisma de una Santa, en este caso de Teresa de Los Andes. La joven que vivió 19 años de laica y 11 meses en el Carmelo. La joven que, según la superiora de la época, llegó Santa al Carmelo. La misma que hizo su Santidad como Joven y culminó con lo que era su vocación Carmelitana, sin duda alguna era una Santa para nuestra Juventud, era un verdadero “Caso preclaro” para ellos. Cuanto más bien aún le habría hecho a nuestra Iglesia y a nuestro país.

Al final se desdibujó ese carisma y hoy es una Santa Carmelitana más a la que se accede por los milagros realizados por Dios a través de ella.

Ahora, lo de nuestro Padre es mucho más complejo. No existen Santos que hayan levantado Santuarios en vida con un carisma determinado y menos esparcidos por el mundo. Nuestro padre rompe todos los esquemas y por lo mismo debemos actuar con cautela al respecto y no seguir los cánones tradicionales.

Nuestro desafío es cuidar el carisma de nuestro padre del que somos herederos y responsables. Por lo tanto, no podemos pedirle algo que lo desnaturalice. Preguntémonos hoy si no estamos igual que la familia en los momentos previos a su decisión en Coblenza.

Luchemos para que nosotros seamos su carta de presentación. De nuestra Santidad depende la suya, como nos lo ha señalado nuestro Papa.

Revisemos si no debiéramos cambiar de enfoque y buscar un camino que sea más acorde con la naturaleza de la misión que Dios, por María le encomendó a nuestro padre.  

Comentarios
Total comentarios: 3
04/11/2017 - 12:00:57  
Encuentro razonable la postura, lo he pensado así algunas veces. Pero sí se han hecho milagros de sanacion física, al sanarse el alma , muchos problemas físicos también se sanan. Ahora , lo que si creo firmemente es que el Padre José nos quiere enseñar es a anhelar, buscar y seguir fielmente es la voluntad de Dios en todo y seguirla , como el lo hizo . Quiere que seamos como él hijos de Dios Padre constructores del Reino, lo demás vendrá por añadidura, que no nos desvele el resultado de su santidad o canonización, que sí nos desvele la Misión. En la eternidad podremos encontrar y entender el por qué.

Graciela
Temuco
02/11/2017 - 11:55:53  
Buena reflexión Patricio que nos invita a pensar un poco más en el carisma de Schoenstatt.
Valdrá la pena seguir desgastándose en lograr la canonización del PK? Será el querer del PK ? Como tú dices cuantos santos anónimos se quedaron en el camino de canonización?
La Santidad es para la gloria De Dios y no para la gloria de las personas.

Miguel Fernandez
Agua Santa
02/11/2017 - 08:04:29  
Gracias por las reflexiones. Son.profundas y trasladan la tarea de la santidad del padre a que nosotros, sus hijos, llevemos a cabo hoy, con entrega y sacrificio lo que él nos señaló y enseñó como padre y profeta.

M Paz Brito
Concón Chile
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