Evangelio domingo 1 de julio

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| Juan Enrique Coeymans Juan Enrique Coeymans

1 de JULIO del 2018

Evangelio según San Marcos, capítulo 5, 21 – 43

Décimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva". Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada". Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".
Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?". Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad". Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?". Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas". Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme". Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate"! En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria

"¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".

Jesús pareciera decirnos: Esas palabras mías han permanecido a través de los siglos. La muerte no es el término de todo, es solo un sueño. Y despertarán a la presencia Mía, del Padre y del Espíritu Santo y de todos los que amando han llegado al corazón de la Trinidad. Este despertar de la niña, es un signo de lo que pasará con cada uno de Uds. Por eso no se alboroten, no se desesperen ante la muerte, sino que tengan conciencia que morir es dormirpara despertar ylevantarse a una vida nueva, que Uds. no pueden ni imaginar.

Desde niño pequeño tuve una mirada desesperada ante la muerte. Era el lugar de lo negro, de lo triste. Los entierros cristianos, eran de negro, y con una acentuación de lo trágico y de la justicia de Dios. Y no era el Dios de la misericordia, y del amor infinito que respiramos hoy. Lo de ahora es muy verdadero, pero siempre que uno no abuse de la misericordia de Dios, no haciendo nada para agradecer su amor misericordioso, ningún esfuerzo por erradicar el pecado y la pequeñez, ningún esfuerzo por salir de la mediocridad espiritual. Misericordia de Dios, pero también gratitud del hombre como respuesta a ese amor infinito.

Señor Jesús, sana mi angustia ante la muerte, impresa en mi alma desde pequeño por experiencias en que la mirada ante ella era desesperante. Hazme recodar cada día y agradecer en todo momento, el amor que Dios Trino y Uno me tienen. Haz que no olvide, que el más interesado en que cada uno de nosotros esté en su cercanía, es el Padre mismo. Jesús, bendito seas, ahora y siempre, por mostrarnos el rostro verdadero del Padre, y el torbellino de amor que es la Trinidad donde seremos asumidos algún día cuando partamos de este mundo.

AMÉN

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