Evangelio domingo 19 de mayo

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Domingo 19 de mayo de 2019 | Juan Enrique Coeymans

19 de MAYO del 2019

Evangelio según San Juan, capítulo 13, 31 - 33a.34 - 35.

Quinto Domingo de Pascua

Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'. Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros".

Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria

En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros

Jesús pareciera decirnos: Uds. a veces son muy sobrenaturalistas. Quieren reducirlo todo a liturgias, oraciones y un así llamado amor directo a mí. Y está bien que tomen en serio lo sobrenatural. Pero la verdad, al final de sus vidas solo los juzgaré por el amor. El amor a los hermanos, es amor a mí. Y ese amor, es muy natural: pequeños servicios, comprensión, compañía, preocupación por el otro, en especial por los más débiles e indefensos. Y puede mostrarse cada día, en su hogares, trabajos y encuentros con los demás. Los discípulos míos por supuesto rezan, reciben los sacramentos, y como consecuencia de su vida sobrenatural, son alegres, serviciales y quieren y sirven a su prójimo.

Nunca me cansaré de recordar que el amor s lo que define todo en la vida de fe. La fe no es solo para creer, sino para amar. Igual que la esperanza, que es la fuerza para amar alegre, elásticamente, y no rígida y neuróticamente. La esperanza es para amar con alegría santa. Me gustaría que me saliera natural todo esto. No como una obligación, sino como parte de mi naturaleza, pero cuesta. Y por eso mismo porque cuesta, debo ponerme en camino para amar cada día con sencillez, serenidad y alegría.

Señor Jesús, quisiera alabarte y quererte como te alaba y quiere tu madre María. Y queriéndote con el corazón, poder quererte con las acciones concretas con las cuales tu me indicas cada día, cuál es tu herida, hecha herida de los que sufren, que debo ayudar a curar y sanar, porque en el amor a los hermanos, te estoy queriendo a ti. En el cuidado por los hermanos, te estoy cuidando a ti. Que nunca diga o cante "no fijéis los ojos en nadie más que en El", sino más bien, "fijéis los ojos en los hermanos", porque ahí te estoy amando a Ti.

AMÉN

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