Evangelio domingo 2 de junio

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Domingo 2 de junio de 2019 | Juan Enrique Coeymans

2 de JUNIIO del 2019

Evangelio según San Lucas, capítulo 24, 46 - 53

Solemnidad de la Ascensión del Señor

y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto "Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto". Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria

Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto

Pareciera que Jesús nos dice: Yo no podía permanecer en la Tierra para siempre. Habría sido un monstruo de la naturaleza. Mi resurrección gloriosa y mi Ascensión era la forma de partir físicamente como Hijo de Dios. Pero no podía dejarlos solos, tenía que venir una fuerza de lo alto a acompañarlos y hacerles comprender hasta la consumación de los siglos lo que Yo les había revelado y que debían conservarlo para siempre. Esa fuerza es el Espíritu Santo. Lo misterioso, es que siendo El tan necesario, Uds. mis hermanos lo tienen normalmente olvidado. Acudan a El, invóquenlo y El vendrá y no erraran el camino.

He tenido la gracia de darme cuenta a tiempo de este regalo inmerecido de Jesús. Y cada vez que lo invoco, hay una respuesta en gestos, en situaciones a lo que me complica o preocupa. Nunca dejaré de agradecer por esta gracia, que en todas las ocasiones que puedo, la comparto con mis amigos y conocidos para que ellos también acudan frecuente e intensamente a invocarlo. No para que haga milagros, sino para que abramos los ojos al querer del Padre en la vida diaria.

Señor Jesús, te alabo y bendigo, me inclino ante Ti como mi rey y Salvador. Quedaré en silencio algunos momentos para adorarte, y para invocar al Espíritu Santo, a fin de que me ilumine en las situaciones en que no veo claro cuál es el querer del Padre. Quiero llegar a tener una relación personal con el Espíritu Santo, porque eso redundará en una relación más profunda contigo mi Señor. El, que es el Amor entre Tú y el Padre, me regalará una cercanía como la que anhelo contigo en la vida diaria,

AMÉN

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