Evangelio domingo 3 de marzo

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Domingo 3 de marzo de 2019 | Juan Enrique Coeymans

3 de MARZO del 2019

Evangelio según San Lucas, capítulo 6, 39 - 45.

Octavo Domingo del Tiempo Ordinario

Jesús hizo a sus discípulos esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo? El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro. ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: 'Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo', tú, ¿que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano."
No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos:
cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas. El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria

Cada árbol se reconoce por su fruto

Pareciera que Jesús nos dice: Uds. serán juzgados por sus frutos, no por sus intenciones y promesas. Mis discípulos deben ser prácticos. Lo que importan son los hechos. Y si tu corazón está deseoso de hacer la voluntad del Padre, y disciernes en tus decisiones la voluntad de mi Padre, necesariamente harás acciones buenas, salidas de tu corazón que quiere ser leal al Padre. Cuando te revises, revisa lo que has hecho, lo que te has sacrificado, lo que en acciones concretas has realizado para amar a tus hermanos que es la forma de expresar el amor que me tienes.

Las palabras del Señor son esperanzadoras. Todo el bien que se haya hecho, tratando de realizar la voluntad de Dios, a uno lo salva. No es que compremos el cielo, sino que nuestro corazón se habrá acostumbrado a amar, y como Dios es Amor, podremos gozar al estar en su cercanía. Porque los que nos condenamos somos nosotros, al cerrar el corazón a la experiencia concreta del amor. Nosotros somos los que nos farreamos el crecer en el amor, para gozar de Dios.

Mi Señor Jesús, que eres puro amor y misericordia del Padre vuelto a nosotros, bendito y alabados seas. Líbrame de creerme bueno porque he hecho algunas buenas acciones. Siervo inútil he sido, y lo poco bueno que haya hecho es porque Tu me alentaste y me sostuviste, y no me hice oídos sordos a la voluntad del Padre. Dame la gracia de ser humilde, no juzgar a los demás, y ser coherente en mi vida diaria con la fe que proclamo con los labios pero que se hace verdadera cuando se hace amor y servicio a los demás. Que María mi Madre y Aliada me eduque según tu corazón.

AMÉN

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