Evangelio jueves 5 de julio

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| Ignacio Suazo Ignacio Suazo

5 de JULIO del 2018

Evangelio según San Mateo, capítulo 9,1-8

Jueves de la Décimo Tercera Semana del Tiempo Ordinario

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados". Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema". Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', ¿o 'Levántate y camina'? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.

Meditación de Ignacio Suazo Zepeda

"Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonado".

Jesús parece decirme: tu historia no es irreparable ni tu muerte definitiva. Yo me he anonadado a mí mismo, haciéndome uno como tú en todo, a excepción del pecado y volviendo tangible mi divinidad. Por eso nunca desesperes con tus faltas ni con tu frágil ser, porque yo tengo el poder de sanar y de salvar. Y para ser aún más cercano, tengo conmigo a mi madre, que es también tu madre. No olvides rezarle y pedirle por ti, para que puedas ser instrumento de redención para los tuyos y el mundo.

Siempre escucho y leo sobre la misericordia de Dios, pero ¿Cuánto lo vivo? Que no me canse nunca de repetirlo, hasta que quede grabado a fuego en mi inconsciente: Dios es bueno, me ama y me perdona. Tengo debilidades: me cuestan las levantadas en las mañanas, me cuesta ser firme en mis propósitos, pierdo el tiempo con facilidad. Pero resuenan en mí las palabras de Jesús: "Ten confianza", y el corazón se me llena de esperanza y alegría, porque El me quiere infinitamente a pesar detodas mis miserias y pequeñeces.

Jesús, ayer pensaba en mis debilidades y en cosas que me gustaría trabajar de mí mismo. Parece una montaña alta y difícil de escalar. Pero luego te escucho decir: "ten confianza...". Pondré entonces mi mayor esfuerzo en seguir con mi auto-educación, sabiendo que eres tú quien perdona mis pecados y puede salvarme. Tal vez con algunos defectos me digas lo mismo que a San Pablo "mi Gracia te basta". Incluso ahí ¡Confío en ti! Me pongo también en manos de nuestra madre, la Santísima Virgen María. Sé que te ayudará a hacer de mí un instrumento apto en tus manos.

AMÉN

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