Evangelio lunes 11 de febrero

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Lunes 4 de febrero de 2019 | Magdalena Fernández

11 de FEBRERO del 2019
Evangelio según San Marcos, capítulo 6, 53 – 56
Lunes de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario
Nuestra Señora de Lourdes. Memoria obligatoria

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí. Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

Meditación de Magdalena Fernández Pérez

"(...) le rogaban que los dejara tocar tan solo los flecos de su manto (...)".

Jesús me dice: quiero que te detengas a observar la fe de estos hombres. Sin saber de Mí más que lo que se decía alrededor, y sin prueba alguna de que esto fuera verdad, viajaron por toda la región con sus seres queridos. Los llevaron dejando de lado el miedo de que sus enfermedades se agravaran por el viaje, y sin importar el esfuerzo que tiene que haber implicado el viajar con alguien enfermo y en una camilla. Y cuando llegan a mí no lo hacen de manera imponente. Por el contrario. Piden, con suprema humildad, tan solo tocar parte de mi manto. Y esta fe es la que los salvó. ¡Cómo resistirme a una fe tan pura y verdadera!

Quisiera tener la fe de estos hombres. Y la verdad es que lo tengo tanto más fácil. No tengo que moverme más de unos kilómetros para visitar a Jesús. Tanto la historia de Cristo, la de la humanidad y la mía propia me han demostrado, una y otra vez, su existencia y la veracidad de Su Palabra. Y tengo el gran privilegio de, en lugar de tocar su manto, recibir su Cuerpo Santísimo en Comunión. ¡¿Cómo normalizar una verdad tan grande?! Cuántas veces la fuerza de la rutina me hace olvidar esto.

Señor mío, gracias por haberte quedado con nosotros en el Santísimo Sacramento de la Comunión. Que nunca me olvide de la magnitud que esto implica, y de que es Tu Cuerpo el que estoy recibiendo. Te pido también por mis enfermos y por mis enfermedades. Los traigo a Ti, y los confío a tu Santísima Voluntad. Que nunca desperdicie la oportunidad de recibirte, y que cuando me ataque la flojera o apatía, recuerde a estos primeros devotos que recorrieron kilómetros sólo para tocar tu manto. Te pido que guardes esta imagen en mi corazón. AMÉN.

 

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