Evangelio lunes 9 de julio

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| Magdalena Fernández Magdalena Fernández

9 de JULIO del 2018

Evangelio según San Mateo, capítulo 9, 18 - 262

Lunes de la Décimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: "Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá". Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: "Con sólo tocar su manto, quedaré curada". Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: "Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado". Y desde ese instante la mujer quedó curada. Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: "Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme". Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región.

Meditación de Magdalena Fernández Pérez

"Él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó"

Jesús me dice: Mira cómo entré a la casa de esta niña. Estaba hablando con mis discípulos, pero el ímpetu y la fe de este padre desesperado movieron mi corazón. Interrumpí lo que estaba haciendo, entré en su casa, y fui personalmente a tomar su mano para sanarla. Quiero que repitas esta escena en tu cabeza, que aprecies cada detalle. Una niña muerta yaciendo en la cama, una casa llena de llanto y dolor. Y entro, por el llamado de un solo hombre que tuvo fe en mí, a traer luz y esperanza. Tomo su mano con amor, enternecido por la fe de este pobre padre.

Difícil se me hace el tema del sufrimiento. ¿Por qué salvar a una y no a tantos otros? ¿Cuántos padres en el dolor, han pedido con fe que sanes a sus hijos? Sí, el dolor es un misterio. Sí, cada uno tiene la cruz que puede llevar, y que lo conduce a su propia plenitud. Me cuesta entender. Pero miro este Jesús tierno, que dejó a sus discípulos para ir a ayudar a un hombre sumido en el dolor. El dolor siempre va a ser parte de nuestras vidas. Y a veces, en el Plan Misericordioso del Padre, no está la salud. Pero sí está el consuelo, la fortaleza de espíritu, el abrazo de la Trinidad. Es un misterio, y te lo entrego como tal.

Señor, te entrego estas dudas. Y te pido que sanes la herida que están generando en mi corazón. Te pido que ilumines mi entendimiento, o bien, que fortalezcas mi fe. Entra en mi casa de muertos, trae paz y alegría, para que pueda entregarla a los demás. Toma mi mano, y ayúdame a levantarme. No permitas que me muera en vida, que no pierda mi espíritu en cosas materiales y vanas. Mantén este corazón vivo, no permitas que el mundo lo destruya.

AMÉN

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