Evangelio sábado 16 de febrero

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Lunes 11 de febrero de 2019 | Gonzalo Manzano González

16 de FEBRERO del 2019
Evangelio según San Marcos, capítulo 8, 1 - 10.
Sábado de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario

En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos". Los discípulos le preguntaron: "¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?". El les dijo: "¿Cuántos panes tienen ustedes?". Ellos respondieron: "Siete". Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran. Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado. Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.

Meditación de Gonzalo Manzano González

"Me da pena esta multitud"

Cristo parece decirme: No es la lástima del que observa desde la altura, sino la misericordia de quien está al lado del que sufre, quien, sin estar pasando por el mismo problema o apuro, se conmueve hasta el fondo por ver a un hermano sufriendo. Soy Dios y por ese sólo hecho, estoy libre de aquellos problemas, pero también soy Humano y comparto con ustedes la materialidad de sus cuerpos. Créeme que no me es indiferente su sufrimiento físico, ni mucho menos el espiritual.

Me impresiona la humanidad que se respira de esa frase. Cuánto debe haber entendido -y entiende Cristo del sufrimiento humano. Llena el alma vivir con la certeza de que a Dios no le somos indiferentes, que Él no es un Dios lejano ni abstraído de la realidad en la que vivimos. Me reconozco expectante por saber qué diría Cristo si hoy viera el sufrimiento de tantos; no sólo por hambre, sino por abusos, violencia, robos. Creo que esa misericordia suya los alcanzaría a todos, incluyendo a abusadores, violentos y ladrones.

Señor Jesús, te agradezco de corazón esa piedad enorme que prodigas a tus hijos. No escatimas nada para vernos felices de verdad, incluso cuando nosotros mismos saboteamos nuestra propia felicidad. Te alabo como creación tuya, por el inmenso don de tu amor que no se cansa ni cesa de regalarnos lo que de verdad necesitamos. Madre admirable, tú que le enseñaste a Cristo sobre la misericordia y el perdón, al educarlo como hombre, enséñame a mí también a mirar con esos ojos de misericordia. AMÉN.

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