Evangelio martes 9 de enero

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Martes 9 de enero de 2018 | Gonzalo Manzano

9 de ENERO del 2018

Evangelio según Marcos, capítulo 1, 21b - 28.

Martes de la Primera Semana del Tiempo Ordinario

Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!". Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.

Meditación de Gonzalo Manzano González

"¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad!".

Jesús parece decirme: "Esta autoridad es la que viene de Dios. Y es mía no por haberme sido entregada sino que es mía en esencia. Los profetas que enseñaron antes de mi tenían su poder porque eran mensajeros de Dios, pero Yo soy el Mensaje en sí, el Mesías que llegó a cambiar el mundo. Nada antes de mi Nacimiento, ni después de mi Ascensión, ha sido igual, porque Yo vine a acercar a Dios a los hombres como nadie podría hacerlo, ya que Yo soy Dios."

El Verbo se hizo Carne, y habitó entre nosotros. La Acción de Dios vino a la Tierra y cambió la historia para siempre. Hoy, nuestra vida está marcada por Él, incluso para aquellos que reniegan o no quieren aceptar su Mensaje. El Nacimiento en Belén con razón marcó un antes y un después en la Historia de la Humanidad, y hasta hoy día marca un antes y un después en lo íntimo de los corazones de los hombres. Ninguno de nosotros ha vivido algo tan lleno de Dios y diferente de la simpleza de los hombres.

Señor Jesús, hoy inclino mi cabeza reverente ante el único que merece reverencias. Doblo mi rodilla para poder dirigirme a Ti, que tienes la autoridad de Dios por derecho propio para hablar del Amor porque eres la Fuente del mismo. Sólo puedo allanar mi corazón humilde y débil a los designios del Padre, que nos revelaste con tu presencia en esta Tierra, y a la que negamos con la cruz, pero que ahora cobra todo el sentido. Madre Santa, te ofrezco la humildad de un corazón que necesita de ti para alcanzar la amistad con tu Hijo.

AMÉN

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