Evangelio miércoles 11 de julio

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| Pilar Mena Pilar Mena

11 de JULIO del 2018

Evangelio según San Mateo, capítulo 10,1-7

Miércoles de la Décimo Cuarta Semana del Tiempo Ordinario

San Benito Abad, fundador y Patrono de Europa. Memoria obligatoria

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó. A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. "Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Meditación de Pilar Mena de Rozas

"Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca."

Pareciera que Jesús nos dice, a ustedes también los envío, sé que tienen tareas que cumplir, metas que quieren conquistar, todas ellas buenas y necesarias, pero no se olviden que tienen una misión que es permanente y transversal, pues deben cumplirla "por el camino" de cada día, y consiste en que den testimonio del Reino, de que yo estoy con ustedes siempre, no solo en los desafíos más grandes o notorios, sino también y especialmente en lo pequeño y rutinario de cada día. Es en esas pequeñas conquistas diarias, dadas paso a paso y con esfuerzo, que dan testimonio de Mi presencia en sus vidas.

Esta texto me recuerda que lo importante no es el resultado de las cosas, sino como se recorre el camino. A veces me obsesiono por lograr algo y eso me hace perderme, ser poco orgánica, todo por cumplir con eso que quiero. Jesús me recuerda hoy lo importante de cómo recorro el camino diario y rutinario, pues ahí es donde me juego el ser congruente y fiel a Él, en lo pequeño: no perder la paciencia, sonreír, escuchar con calma e interés, servir con alegría... Debemos buscar hacer presente a Jesús y a María, a través de nuestro propio ser, y a pesar de equivocarnos, empezar de nuevo cada día.

Señor, gracias por regalarme este momento semanal contigo, y por irme recordando con paciencia infinita, una y otra vez el camino. Quiero trabajar con más conciencia el "apostolado del ser" en mi casa, en el día a día, en lo sencillo y ayudarme con mi horario espiritual. Sabes que me cuesta, conoces mis debilidades y flaquezas, pero también sabes que te quiero con todo mi corazón y que de Tu mano soy capaz de empezar cada día. Ayúdame a ser como María, fiel en lo pequeño, y así, desde la sencillez, poder proclamar Tu Reino.

AMÉN

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