Evangelio sábado 12 de agosto

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| María Verónica Muñoz María Verónica Muñoz

12 de AGOSTO del 2017

Evangelio según Mateo, capítulo 17, 14-20

Sábado de la Décimo Octava Semana del Tiempo Ordinario

Cuando llegaron a donde estaba la multitud, un hombre se acercó a Jesús, se arrodilló ante él y le dijo: ¡Señor, ten compasión de mi hijo! Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. Lo llevé a tus seguidores, pero no pudieron sanarlo. Cuando Jesús escuchó esto, dijo:¡Partida de incrédulos y pervertidos! ¿Cuánto tiempo más tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho para acá. Entonces Jesús le ordenó al demonio que saliera y el muchacho quedó sano desde ese día. Después los seguidores se acercaron a Jesús y le preguntaron en privado:¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? Jesús les dijo: Eso fue porque ustedes tienen muy poca fe. Les digo la verdad: si su fe fuera tan sólo como un grano de mostaza, podrían decirle a esta montaña: "Muévete de aquí para allá", y esta se movería. Nada les sería imposible.

Meditación de María Verónica Muñoz de Bascuñán

Ustedes tienen muy poca fe

Jesús parece decirnos: Crean que todo es posible para Dios. Luego me iré de este mundo y necesito que ustedes estén seguros de que pueden hacer milagros, que cuando alguien se les acerque puedan encontrar consuelo y que cuando pidan con Fe se les concederá. La súplica de este padre me conmueve. Tengan confianza de que estoy con el que sufre, que me compadezco con el dolor ajeno y que estaré siempre para ayudarlos junto a todos mis hermanos.

Que necesaria es la fe para conectarse con un Dios que se preocupa por nosotros en todo momento y si imploramos seguramente seremos escuchados. Jesús se enojó con sus discípulos por la falta de fe. Necesito aumentar mi fe y así ser más constante en mi meditación diaria, en mi dirección espiritual y en mi horario espiritual para expulsar mis tentaciones y seguir el camino que me lleve algún día a encontrarme con mis seres queridos que me antecedieron.

Gracias Jesús por tu constante preocupación por nosotros. Por tus enseñanzas de amor y saber que no estamos solos en este mundo ya que tu nos acompañas en el camino hacia la anhelada vida eterna. Expulsa de mi corazón lo que me aleje de ti. Destapa mis oídos para escuchar tu palabra y abre mi corazón para hacerla propia. Creo en ti y necesito apoyar mi existencia en ti, Señor mío, cuando te rezo confiada que me escuchas siento un regocijo en mi alma que me hace amarte y querer servirte con todo mi ser.

AMÉN

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