Evangelio sábado 2 de junio

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| Gonzalo Manzano Gonzalo Manzano

26 de JUNIO del 2018

Evangelio según San Marcos, capítulo 11, 27 - 33.

Sábado de la Octava Semana del Tiempo Ordinario

Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él y le dijeron: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?". Jesús les respondió: "Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?". Ellos se hacían este razonamiento: "Si contestamos: 'Del cielo', él nos dirá: '¿Por qué no creyeron en él?'. ¿Diremos entonces: "De los hombres'?". Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta, respondieron a Jesús: "No sabemos". Y él les respondió: "Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas".

Meditación de Gonzalo Manzano González

¿Diremos entonces: "De los hombres'?

Jesús parece decirme: Muchas veces, ustedes piensan que pueden maquinar planes o estrategias conmigo, como si Yo no los conociera en lo más profundo de sus corazones. ¿Por qué creen que deben pensar o decir algo por la conveniencia que tiene? Si les hago una pregunta, ¿por qué no contestar con toda sinceridad? Sean honestos conmigo, pero sobre todo, sean honestos con ustedes, para que vivan en paz con ustedes mismos, y por añadidura, Yo mismo compartiré con ustedes mi propia paz.
Qué torpeza la nuestra, en que pensamos que Dios no se entera de las cosas que no queremos contarle. ¿Cuántas veces he pensado que por vergüenza a decirle al sacerdote mis pecados, mejor no se los cuento, para que el cura no piense mal de mí? ¿Cuántas veces he justificado inútilmente el por qué no fui a misa, o por qué valía la pena tal mentira, por pequeña que fuese? Cristo tiene claro exactamente nuestros pensamientos y motivos, y debiéramos ser lo suficientemente entregados en sus manos para reconocer que en verdad es nuestro Padre el que nos ve y que lo sabe todo.
Señor Jesús, quizás es una actitud de niño el esconder las cosas que me dan vergüenza, pero no deja de ser algo que tengo que corregir en mí, tal como yo intento corregir en mi hija. Te pido perdón de corazón por todas aquellas muestras de soberbia, en las que llego a creer que puedo engañarte, o lograr que no te enteres de mis pequeñeces. Tú Señor, lo sabes todo, por lo que sólo me queda pedir tu perdón y tu bendición, para no volver a caer en las mismas tonteras. Acompáñame Madre querida, para responderle a tu Hijo como corresponde, y así hacerlos felices.

AMÉN

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