Evangelio sábado 4 de mayo

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Sábado 4 de mayo de 2019 | Gonzalo Manzano

4 de MAYO del 2019

Evangelio según San Juan, capítulo 14, 6 – 14

Fiesta de San Felipe y Santiago el Menor. Apóstoles

Jesús le replicó: " Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie va al Padre, sino por Mí. Si vosotros me conocéis, conoceréis también a mi Padre. Más aún, desde ahora lo conocéis y lo habéis visto". Felipe le dijo: "Señor, muéstranos al Padre, y esto nos basta". Jesús le respondió: "Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y tú no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto a mi Padre. ¿Cómo puedes decir: Muéstranos al Padre? ¿No crees que Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí? Las palabras que Yo os digo, no las digo de Mí mismo; sino que el Padre, que mora en Mí, hace Él mismo sus obras. Creedme: Yo soy en el Padre, y el Padre en Mí; al menos, creed a causa de las obras mismas. En verdad, en verdad, os digo, quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo hago, y aun mayores, porque Yo voy al Padre y haré todo lo que pidiereis en mi nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís cualquier cosa en mi nombre Yo la haré".

Meditación de Gonzalo Manzano González

"Quien cree en Mí, hará él también las obras que Yo hago"

Jesús parece decirme: Siempre han escuchado decir que quien tiene fe puede mover montañas. Se repite seguido que rezando se obtienen milagros. Pero al parecer, en este mundo escéptico, incrédulo, donde se encuentran burlas y se menosprecia al que cree de corazón, no hay espacio para la maravillosa acción del Padre. ¿Cómo sería este mundo si abriendo el corazón, pero abriéndolo de verdad al amor del Padre, se pudieran ver prodigios y milagros? Quizás muchos más creerían, porque por las obras no tendrían más remedio que creer. Pero esos corazones no están abiertos, y por falta de oración, no se ven.

Me asombran estas palabras. Las escuché también en el retiro de Viernes Santo al que asistí. Hablando de la oración, si de verdad creyera, de corazón me abriera, aunque fuera un ápice a la posibilidad de que Cristo nos ha regalado a todos la oportunidad de hacer milagros en la Tierra, podríamos hacer realidad esta promesa evangélica. Si dejáramos el escepticismo de los sentidos, veríamos que estos milagros no son fantasía ni alegorías ni figuras literarias. Y sin embargo, mi tozudez puede siempre más, y me cierro como almeja. Esto me llena de tristeza, porque mi corazón me llama a abrirme y recibir esa fe.

Señor Jesús resucitado, has llenado mi corazón con el anhelo de tu fuerza, y yo torpemente no me convenzo de aquel regalo tan grande. Te pido perdón por esta soberbia, porque sé que Tú me miras con ojos de misericordia, y sigues prodigando tus dones en corazones enceguecidos por la razón de los explicables. Te pido y seguiré pidiéndote ese regalo, aunque no atine a aprovecharlo y utilizarlo para el bien de los demás. Sabes que no puedo vivir si no tengo la calidez de tu Amor, por lo que, por favor, no permitas que deje de quererte.

AMÉN

 

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