Evangelio viernes 17 de febrero de 2017

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Sábado 11 de febrero de 2017 | Lucas Del Villar Montt

17 de FEBRERO del 2017

Evangelio según San Marcos, capítulo 8, 34 – 9, 1

Viernes de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario

Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles". Y les decía: "Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder".

Meditación de Lucas Del Villar Montt

“El que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará."

El Señor parece decirnos: “El mundo actual les oculta la muerte, o por lo menos su dimensión más profunda: que es el umbral a la Vida Eterna. Cargar con su cruz cada día, renunciar a sí mismo y perder la vida a causa mía, son actos de fe que los hará libres. Pero les cuesta. Si no ven la vida en la perspectiva de la Vida eterna, mis palabas les aparecerán como cosas impracticables. Recuerden siempre que yo estoy con Uds.  acompañándolos y que yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.”

El Señor nos asegura que la única felicidad la encontraremos despreciando la muerte y siguiéndolo a Él. Es un camino opuesto al que propone este mundo, que se aferra a las preocupaciones y a los placeres vanos ocultando el dolor y la muerte. Qué muestra más clara de ello que su invitación a sobrellevar nuestras dificultades, a cargar con nuestra propia “Cruz Gloriosa” cada día, a dar la vida y a ofrecerla por amor, son temas que nuestra sociedad ignora o niega rotundamente.

Señor, cuesta mucho no sentir miedo frente al dolor y a la muerte. Darles sentido y creer en la trascendencia del alma me resulta absolutamente imposible si no voy de la mano de nuestra Madre del Cielo y aferrado a tu promesa de vida eterna. Bendito y alabado seas por recordarnos que nuestra vida terrena tiene fin, pero la vida junto a  Ti, el Padre y el Espíritu  Santo y todos los que estén con Uds., no termina jamás. Dame Señor la gracia de ser como un niño muy pequeño, que no teme nada porque confía ciegamente.

AMÉN

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