Una respuesta a los desafíos sociales y políticos del 2020.

HERNÁN ALESSANDRI Y SU JORNADA SOCIAL DE MONTAHUE- Columna de Opinión

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Sábado 4 de abril de 2020 | Pablo Vidal Castillo

Normalmente cuando mencionamos al Padre Hernán, lo hacemos vinculado a una de sus obras más conocidas: María Ayuda. Pero al igual que un iceberg al que sólo vemos su cumbre, este santo social schoenstattiano –en mi humilde opinión– fue un visionario y zagás interprete del pensamiento social de Schoenstatt, una arista lamentablemente poco explorada pero muy bien trabajada por nuestro Fundador y que en 2020 adquiere una relevancia inusitada en el planeta, con grandes y urgentes desafíos en materias tan sensibles como salud, educación, medioambiente, segregación, discriminación, pobreza y tantos otros temas que han desencadenado un colectivo diagnóstico de desigualdad, temor e injusticia en gran parte de su población.

Y es que además de ser un líder innato, el mejor compañero y un hombre “brillante” como lo recuerdan sus familiares, amigos y hermanos de curso, fue un sacerdote con una influencia mayor a nivel eclesial, tanto así, que a mi parecer de seguro hubiera culminado en ser un Papabile en algún momento. Sin embargo, fue su impronta y opción preferente por la dignidad humana, por las familias, por la justicia social, el servicio, el trabajo y la búsqueda insaciable de la construcción de un nuevo orden social, un modelo probado y pre claro que estoy seguro nos podría ayudar a enfrentar con destreza los desafíos sociales, económicos y ambientales que ya he mencionado.

Hablamos de un hombre que supo interpretar profundamente las palabras y pensamiento social del Padre Kentenich y que nos lo tradujo – en simple-  para que acompañemos al fundador en esa cruzada. Supo ver la riqueza de la fe sencilla y desde ahí, empatizó con los dolores y alegrías de las personas que lo rodeaban, lo cual ha sido documentado a través de cientos de testimonios de familias en las inmediaciones del Santuario de Nuevo Belén en Chile, su hogar -predilecto- por muchos años. 

Él mismo, que, usando sus influencias y el amor por el arte heredado de su madre, ayudó a tantas mujeres que por razones socio/políticas no tenían como mantener sus familias en los años 70´s, convirtiendo sus viajes a Europa en una aventura con un gran impacto social; o cuando inició una Cooperativa para la Vivienda con el objeto de ayudar a matrimonios jóvenes que no tenían lugar para iniciar sus hogares, consiguiendo un terreno para la que sería posteriormente la “Villa Santa María” que agrupó a más de un centenar de familias hasta estos días. 

Fue un schoenstattiano que se conmovió y desgarró al ver a “pequeñas Marías” enviadas por sus propias familias a prostituirse en las calles de Santiago para poder subsistir, y que con coraje y convicción no dudó en salir en su ayuda transformándolo en una gran causa. Y el que fundó las misiones familiares, con el objetivo que familias salieran al encuentro de otras conectándose en igualdad de dignidad y necesidad de Dios.

Sin duda fue un Santo Social. Pero también fue el hombre, que en una histórica Jornada en el Santuario de Montahue en Concepción  -en el año 1971- no dudó en clarificarnos con su estilo pedagógico y teológicamente pulcro, pero a la vez simple, claro y concreto, cuál debiera ser nuestra posición y disposición para enfrentar como hijos de María y herederos del pensamiento del Fundador los desafíos sociales, políticos y económicos de esa época, y que vuelven a adquirir tanta actualidad por estos días. 

En estas charlas, nos entrega un camino para orientar nuestro actuar, siempre fiel al pensamiento y sentimiento de nuestro Fundador, develando, que, a diferencia de la opinión de muchos, nuestra pedagogía tiene una profunda raíz y vocación hacia la justicia social, el servicio, la libertad y el anhelo hacia un nuevo orden social lo cual plasma en alguno de sus extractos: “Si un movimiento que va a jugar un papel esencial en una Iglesia que es servidora del mundo (y de un mundo con esta problemática) no tiene un mensaje que ayude a esa Iglesia, a ese mundo, a resolver esos problemas concretos, entonces es absurdo pensar que ese movimiento pueda tener una gran misión o un gran mensaje para nuestro tiempo”.

En su exposición declara la prioridad para Schoenstatt de luchar contra la despersonalización a través una actitud basada en la filialidad, desarrollando vínculos de familiaridad en todos los aspectos de la vida. Nos muestra la necesidad de salvaguardar la vida y dignidad del hombre en armonía con su comunidad (sociedad). Ambos, hombre y comunidad, son prioritarios: “Lo que a él (PJK) le interesa es si una persona está luchando o no por un mundo más personalizado, por una comunidad más humana, independientemente de su ideología política”. 

Nos insta a luchar con todas nuestras fuerzas contra el colectivismo, descubriendo que no existe una única corriente política que logré ese acometido y que por tanto podemos descubrir riqueza en unas y otras cuando anteponemos el bienestar de la persona humana: “El Padre dice que ese es el gran imperativo para la Iglesia, superar tanto la mentalidad capitalista como la marxista, porque ambas son colectivistas (…) Mientras los hombres no se convierten, mientras no aprendan a relacionarse unos con otros como hermanos, como personas, pueden cambiar todas las etiquetas y las estructuras, pero si los hombres no se vuelven más fraternales van a usar las estructuras socialistas con fines no fraternales, así como han usado las estructuras capitalistas con fines no fraternales (…) los problemas no son cuestión de las estructuras sino de la mentalidad y de la actitud profunda de unos hombres frente a otros”.

Para mí, la Jornada de Montahue debiera ser el documento guía para acompañar este período de la historia del mundo, de todos aquellos que nos llamamos schoenstattianos. Sin importar sus casi 50 años, el que la estudie descubrirá la actualidad de sus palabras y en especial la contingencia de sus exámenes de conciencia a través de los cuales el Padre Hernán, en absoluta fidelidad al Padre Kentenich, nos invita a adoptar un cambio profundo en nuestra forma de actuar, entregándonos luces para clarificar la que debiera ser nuestra posición frente la situación social y económica que vive nuestro continente, y a reflexionar cuestiones de índole políticas que serán vitales en los plebiscitos y  procesos constituyentes que prontamente deberemos enfrentar en nuestros países.

El Padre Hernán le regaló a Schoenstatt un ejemplo de vida para la construcción de este nuevo orden social, por lo cual los invito a que lo conozcan más, visiten su tumba en Bellavista, le recen y en especial descubran a través de él y sus escritos, el legado y misión social que nuestro Fundador nos regaló, y que necesitamos hoy más que nunca: “el Padre (PJK) nos llama a engendrar una nueva filosofía, nuevas estructuras de pensamiento, nuevas estructuras de organización religiosa para la Iglesia del mañana, nuevas estructuras de organización política y de organización social. El Padre nos llama a engendrar un mundo nuevo y una cultura nueva”.

Pablo Vidal C.

Novicio -junto a Francisca -del Instituto de Familias de Schoenstatt

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Comentarios
Total comentarios: 3
05/04/2020 - 09:27:57  
Sorprendido gratamente de compartir la visión de Pablo. La Jornada de Montahue porque se da en momentos dramáticos cuando Chile se está rajando (en la UP) y se da en Concepción, una ciudad revolucionaria, industrial e histórica donde tambien nació, entre médicos, el MIR (Movimiento Izquierda Revolucionario). Sin rodeos va al meollo, como muestra Pablo: católicos, mi marxistas ni capitalistas.

FdoBesser
Federacion Familia
05/04/2020 - 05:30:35  
Muchas gracias Pablo por tu excelente lectura de Montahue y el rol que jugó y juega hoy el P. Hernán Alessandri.

Eduardo
Australia
04/04/2020 - 16:07:39  
Dice el autor: "Para mí, la Jornada de Montahue debiera ser el documento guía para acompañar este período... para todos los schoenstattianos"

Si, pero el documento de las Jornada de Montahue dejo de publicarse después del golpe de Estado de 1973 y no está en librerías desde hace décadas. Hace dos años preguntamos por el libro en la librería de Bellavista y las encargadas del lugar (incluida hermanas) no tenían la menor idea que tal documento había existido alguna vez.

Que se sepa, la jornada de Montahue (de 1972, fijarse la fecha) fue la ultima vez que Schoenstatt abordo seriamente de entender y empatizar con la la tragedia de la injusticia social y la exclusión en Chile. Después del golpe el tema fue archivado y olvidado rápidamente.

La reciente explosión social del 18 de Octubre vino a demostrar las consecuencias de tal abandono, y las responsabilidades de Schoenstatt en esta hecatombe.

Henry
Bellavista
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