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Continuando la conversación sobre nuestro mundo salvaje y también espléndido por los desafíos que nos plantea, me parece importante afirmar algunas cosas.
Vivimos en un mundo globalizado y pluricultural. Podemos distinguir: la cultura cristiana, la cultura secularizada, la cultura musulmana, la cultura del hinduismo y el budismo, las culturas tribales de África y América Latina...
No existe una cosmovisión, ni racional, ni ética, ni religiosa con la que todos estén de acuerdo y que pueda servir como fundamento para todas las culturas.
La sociedad y cultura post-secular supone un contexto de diálogo inter-cultural no sólo entre la fe cristiana y la racionalidad secular occidental. Exige también dejar a un lado nuestra arrogancia para poder iniciar un proceso global que nos permita conocer todos los valores, tradiciones y costumbres. También, el intercambio.
En este sentido nuestro aporte schoenstattiano consistiría en ofrecer lo que entendemos por “secularidad” como una clave hermenéutica para encontrarnos y desarrollar una nueva cultura.0 Me gusta -
Invitado (Patricio Chaparro N.)
Agradezco a Gonzalo Unzueta, Eduardo Arnouil y otros lectores y amigos que han comentado el tema que abordé en éste artículo y el anterior, sobre la nueva cultura que va emergiendo en nuestro siglo XXI.
Confío en haber atendido en este segundo artículo que escribí algunas de las inquietudes que fueron planteadas, el que, a pesar de ser algo extenso, fue publicado por SchoenstattVivo, lo que también agradezco, por cierto.
Comparto las observaciones que indican que nuestra condición de laicos, o más bien de seres humanos, es la secularizad, esto es, que vivimos en el mundo. Pero considero que antes de amar y construir el mundo para encaminar al hombre a ciertos nobles valores –que convendría especificar- y a participar en la construcción de una sociedad más humana, hay que conocerlo, saber con la mayor precisión posible en dónde estamos, qué es lo que tenemos, desde dónde podemos comenzar a amar y construir –más bien reconstruir diría yo- el mundo.
A mi me parece que tenemos una cierta tendencia a comenzar, al revés de lo propuesto, por una descripción de la utopía y después, en ocasiones, a examinar la realidad. Y como existe una distancia prácticamente sideral entre ambos ámbitos, hasta ahí no más llegamos, esto es, nuestra utopía termina siendo precisamente eso, una descripción detallada de la persona perfecta y de una sociedad humana perfectamente perfecta, pero que no existe en ningún lugar (utopía proviene de u-topos, que en griego significa precisamente eso, sin lugar).
Por lo anterior, me parece que debemos seguir intentando una descripción y análisis lo más preciso posible del mundo y cultura que lentamente pero a paso firme va surgiendo en nuestro tiempo. Y en eso he echado de menos una mayor discusión, el aporte de otras visiones distintas, una más intensa crítica a los aspectos sustantivos que he intentado reseñar en mis dos artículos.
De otro lado, Eduardo Arnouil plantea que el aporte de Schoenstatt a la nueva cultura que surge podría ser lo que en el Movimiento se entiende por “secularizad” –lo cual es ciertamente una sugerencia interesante- pero, hasta ahí llega Eduardo. Y obviamente necesitamos saber con mayor profundidad qué entiende él por secularizad según la visión de Schoenstatt. ¿Materia de un artículo distinto? A mí me parece que sí.
Convengo también con Eduardo que nuestro mundo es globalizado y que existen múltiples, distintas culturas, sin que se aprecie una sola cosmovisión. Pienso que ha sido siempre así en la historia de la humanidad. Lo nuevo de ahora es que lo sabemos, porque la investigación académica y los medios de comunicación modernos nos han permitido constatarlo fehacientemente. Sin embargo, el ecumenismo católico-anglicano-ortodoxo-cristiano y la apertura a un diálogo interreligioso, a que me referí en este segundo artículo, están abriendo nuevas perspectivas en esta materia y quizás podremos avanzar a definir un conjunto de valores universales, compartidos, como la dignidad y derechos de toda persona, por ejemplo.
Por último, algo sobre aquello de “nada nuevo bajo el sol”. En Chile y en América Latina estamos acostumbrados a utilizar este tipo de frases, propias de la denominada sabiduría popular. Sin perjuicio que en ocasiones tales frases contengan cierta sabiduría, aquella citada –excusen que lo diga- aplicada al mundo de hoy, no me parece para nada sabia. Hay muchas pero muchas cosas nuevas bajo el sol de fines del siglo XX y del Siglo XXI: la exploración espacial, la televisión satelital, Internet, Facebook, Twitter, la aldea global, el deterioro del planeta y la conciencia ecológica, la presencia de la mujer en el mundo del trabajo y la política, los avances en el conocimiento científico-técnico, en la física, en la biología, etcétera (un largo etcétera). Me permito sugerir entonces que la frase de marras debe ser interpretada restrictivamente, a algunos pocos aspectos más sustantivos y permanentes de la naturaleza del ser humano, ¿no les parece?
Un atento y cordial saludo,
Patricio Chaparro N. (Chile)
18.07.20110 Me gusta -
Agradezco la invitación de Patricio para referirme al concepto de secularidad. Me parece importante establecer el contexto de Iglesia para entender lo que es propiamente schoenstattiano en la eclesiología del Vaticano II. Y para no extenderme demasiado doy por conocidos la constitución dogmática Lumen Gentium y la constitución pastoral Gaudium et Spes en lo que se refiere a la comprensión del laico cristiano o simplemente cristiano en la Iglesia y en el mundo.
Me quiero referir ahora a la exhortación apostólica postsinodal Christifideles Laici, de Juan Pablo II, sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, publicada el 30 de diciembre, 1988.
Para empezar podemos detenernos en los números 15, 16 y 17.
En el número 15, Los fieles laicos y la índole secular, dice:
Pero la común dignidad bautismal asume en el fiel laico una modalidad que lo distingue, sin separarlo, del presbítero, del religioso y de la religiosa. El Concilio Vaticano II ha señalado esta modalidad en la índole secular: «El carácter secular es propio y peculiar de los laicos».
Precisamente para poder captar completa, adecuada y específicamente la condición eclesial del fiel laico es necesario profundizar el alcance teológico del concepto de la índole secular a la luz del designio salvífico de Dios y del misterio de la Iglesia.
Como decía Pablo VI, la Iglesia «tiene una auténtica dimensión secular, inherente a su íntima naturaleza y a su misión, que hunde su raíz en el misterio del Verbo Encarnado, y se realiza de formas diversas en todos sus miembros».
La Iglesia, en efecto, vive en el mundo, aunque no es del mundo (cf. Jn 17, 16) y es enviada a continuar la obra redentora de Jesucristo; la cual, «al mismo tiempo que mira de suyo a la salvación de los hombres, abarca también la restauración de todo el orden temporal».
Y después:
En particular, la participación de los fieles laicos tiene una modalidad propia de actuación y de función, que, según el Concilio, «es propia y peculiar» de ellos. Tal modalidad se designa con la expresión «índole secular».
Y a continuación:
Precisamente en esta perspectiva los Padres Sinodales han afirmado lo siguiente:
«La índole secular del fiel laico no debe ser definida solamente en sentido sociológico, sino sobre todo en sentido teológico. El carácter secular debe ser entendido a la luz del acto creador y redentor de Dios, que ha confiado el mundo a los hombres y a las mujeres, para que participen en la obra de la creación, la liberen del influjo del pecado y se santifiquen en el matrimonio o en el celibato, en la familia, en la profesión y en las diversas actividades sociales».
La condición eclesial de los fieles laicos se encuentra radicalmente definida por su novedad cristiana y caracterizada por su índole secular.
La exhortación continúa con el número 16 Llamados a la santidad y el 17 Santificarse en el mundo.
Me parece que esto es suficiente para despertar el apetito y trabajar toda la exhortación que es my rica por su contenido. En el próximo comentario me referiré a la clave hermenéutica que nos regala Schoenstatt.0 Me gusta




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