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| Evangelio Lunes 5 de Septiembre de 2011 |
| Juan Enrique Coeymans |
| 05/09/2011 |
Evangelio según San Lucas, capítulo 6, 6 - 11
Lunes de la Vigesimotercera Semana del Tiempo Ordinario
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían encontrar algo de qué acusarlo. Pero Jesús, conociendo sus intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate y quédate de pie delante de todos". El se levantó y permaneció de pie. Luego les dijo: "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Y dirigiendo una mirada a todos, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús. Meditación de Juan Enrique Coeymans "Yo les pregunto: ¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Jesús pareciera decirme: Hay formas y formas. No desprecien las formas por ser formas, pero llénenlas de espíritu. Y llenarlas de espíritu es colocarlas siempre bajo la luz del único mandamiento que les entregué: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. Toda forma, debe estar al servicio del amor y de su crecimiento. La regla del sábado en Israel, era para que recordaran al menos una vez en la semana, que eran mi pueblo escogido y crecieran en el amor a Dios y sus hermanos. Por eso el socorrer y ayudar a alguien necesitado, no quebraba el sábado, sino que le daba su más hondo cumplimiento. Siempre en el evangelio de una u otra manera se me recuerda la primacía del amor. Esa primacía del amor que es la regla de oro en nuestra familia de Schoenstatt, y que olvido tan frecuentemente: servir a los demás con sencillez y silencio, sin echar en cara, buscando como darle una alegría sencilla a los demás en la simplicidad de la vida cotidiana. Esa e s mi tarea, y mi Ideal Personal debe estar al servicio del amor, para crecer en el amor, y para amar profundamente. Señor Jesús, que nos enseñaste con tu vida y la vida de tu madre, como debe ser el amor cristiano: servicial, abnegado, preocupado por los detalles pequeños de la vida diaria, regálame la gracia de amar a los demás como Tu y María y pensar siempre en cómo darle alegrías a ellos, sin pensar primero en mi propio bien. Quisiera ser como tu hijo, el siervo de Dios José Kentenich, que "nunca perdía la oportunidad de darle una alegría a los demás". AMEN
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