Domingo, 26. Mayo 2013
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Evangelio Domingo 25 de Septiembre de 2011 - Schvivo
Francisco Bravo   
25/09/2011
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Evangelio según San Mateo, capítulo 21, 28 - 32
Domingo de la Vigesimosexta Semana del Tiempo Ordinario
Día de Oración por Chile

¿Qué opináis vosotros? Un hombre tenía dos hijos; fue a buscar al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar a la viña". Mas éste respondió y dijo: "Voy, Señor", y no fue. Después fue a buscar al segundo, y le dijo lo mismo. Este contestó y dijo: "No quiero", pero después se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Respondieron: "El último". Entonces, Jesús les dijo: "En verdad, os digo, los publicanos y las rameras entrarán en el Reino de Dios antes que vosotros. Porque vino Juan a vosotros, andando en camino de justicia, y vosotros no le creísteis, mientras que los publicanos y las rameras le creyeron. Ahora bien, ni siquiera después de haber visto esto, os arrepentisteis, para creerle".

Meditación de Francisco Bravo

"...dijo: 'Voy, Señor', y no fue."

Es como si Jesús le dijera hoy día a la Iglesia, y especialmente a mí: "Muchas veces, Uds. son como el hijo que promete y que no cumple. Y no me refiero a los católicos que se contentan con ir a misa, también me refiero a ustedes: los que se sienten 'comprometidos'. Ustedes participan en apostolados vistosos y llamativos, y les gusta dar charlas, tener hijos espirituales, aconsejar, y sentirse importantes. Pero cuando llega la hora del amor silencioso, no lo piensan mucho y se deciden por la comodidad. A ustedes es a quienes les pido: déjenme conquistar su corazón".

Cuando veo este texto me siento muy incómodo. Jesús es muy incisivo, y siento que me habla directamente a mí. Me hace sentir desnudo ante todo el mundo. Realmente soy como el hijo que dice "Voy, Señor", pero que se queda sentado a la sombra. Veo que necesito hacer un cambio en la forma de priorizar mis decisiones (las grandes y las pequeñas), porque cuando llega la hora de la verdad dejo de considerar las categorías del Señor. Necesito entregarme a Jesús desde lo más profundo del corazón, y no sólo con prácticas o actividades que me hacen sentir bueno e importante.

Señor, tú me conoces y me quieres. Perdóname por las veces que me porto como un fariseo, y dejo que mi amor por ti se transforme en una práctica vacía. Quiero ofrecerte mi servicio silencioso, y un discernimiento más profundo de las cosas que voy haciendo. Gracias por todas las veces que me has llamado a servirte, y ayúdame a que este trabajo que me das no me envanezca. Regálame un apostolado fértil en lo cotidiano, especialmente en mi trabajo y mi familia. Gracias por regalarte a nosotros silenciosamente, todos los días, en la eucaristía. Señor en este día de oración solemne y especial por la Patria te pido por ella.

AMEN

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