Jueves, 20. Junio 2013
Portada Columnistas Patricio Chaparro Navarrete La crisis y qué hacer: Una perspectiva
rss_log_24
Facebook Twitter 
La crisis y qué hacer: Una perspectiva
Patricio Chaparro N. (Chile)   
18/10/2011
crisis_economicaExiste hoy –que duda cabe- una gran crisis de la Iglesia Católica y de la sociedad.

La crisis de la sociedad –a la que me referiré en este artículo- no es solo local, nacional, sino también internacional o mundial y abarca aspectos económico-financieros, políticos, culturales, ecológicos o del medio ambiente, etcétera. Esto es, tiene, a mi juicio, un carácter integral.

Frente a tal crisis, todos experimentamos ciertos sentimientos – y ello está bien, así somos los seres humanos. Pero, me pregunto ¿bastará con ello? A mi juicio no. Elucidados o develados los sentimientos, a mí me parece que debemos también, de inmediato, tratar de pensar, reflexionar, intentar describir y entender qué está pasando, objetivamente, en la realidad.

A su vez, hecho el análisis de la realidad, podemos tratar de encontrar respuestas –algunas- a la crisis. Que lo hagamos con fe, optimismo y esperanza dependerá de cada uno de nosotros; ello no se puede exigir por decreto ni por una prédica, por buena que ella sea.

Tampoco debiéramos calificar de "pesimista" o "desesperanzada" una constatación de hechos, si tal constatación responde a la realidad, que suele ser dura.

A mi juicio, en la actual crisis no hay mucho espacio para optimismos fáciles e infundados ni esperanzas ingenuas que expresan que todo resultará bien en definitiva. Puede que así sea; ojala que sea así; Dios quiera que así sea. Al respecto se puede intentar tener optimismo y esperanza, pero previo un sano realismo.

Un ejemplo: el Padre Kentenich no se hizo ilusiones respecto del nazismo ni aceptó que los campos de concentración eran lugares de trabajo como expresaba la propaganda de Joseph Goebbels -"el trabajo hace libre" decían los carteles a la entrada de los campos de exterminio nazis- sino que describió Dachau como una "ciudad de muerte, de locos y de esclavos", habitada por una "población de fantasmas vacilantes y tambaleantes". Cruda descripción, pero de la realidad. Sin embargo, como todos sabemos, fue en esa realidad que el Padre Kentenich desplegó todo su sentido sobrenatural y toda su creatividad y capacidad organizativa para hacer aquello que hizo en tan brutales circunstancias.

Ahora bien, enfrentados a la dura realidad de la crisis actual, aprecio que, en general, los sentimientos que tendemos a experimentar, entre otros, son más bien de frustración, de cierto agobio, preocupación, enojo, desafección, ansiedad e impaciencia por su intensidad y duración.

Sentimientos que se intensifican si se considera que en el caso de Chile la crisis puede llevarnos a la incapacidad de seguir avanzando en nuestro proceso de desarrollo que, hasta no hace mucho, parecía bien "aspectado", como se expresa actualmente.

En mi caso tales o similares sentimientos surgen porque percibo que lo que ocurre tiene un trasfondo de naturaleza cultural, esa especie de incapacidad que tenemos los chilenos para ponernos de acuerdo –mucho conflicto, poco consenso- y avanzar; esa intransigencia, irracionalidad, altos grados de emocionalidad en casi todo lo que hacemos que nos impide transitar de situaciones malas a situaciones mejores – cosa que nos ha ocurrido a lo largo de nuestra historia política, y a veces de manera muy dramática, como en la crisis de comienzos de los años 70 del siglo pasado.

Todo lo anterior agravado ahora porque estamos insertos en un mundo que está en una crisis que tiene la potencialidad de impactarnos severamente.

Sin embargo, desde esos sentimientos paso al examen de ciertos rasgos más específicos de la crisis societal que me parece es posible tratar de describir.

La crisis contiene desde luego elementos de ingobernabilidad y anarquismo, esto es, de falta de autoridad, de un orden político aceptado y legítimo para todos o casi todos y la existencia de cierta violencia anti sistema extendida (conviene señalar aquí que el ideal anarquista es que el mejor Estado es el que no existe).

De otro lado, en el ámbito ético, estamos carentes de referentes comunes, en el sentido que no existen parámetros de orden moral básico, compartidos societalmente, en materias esenciales tales como el matrimonio, la familia, el aborto, la eutanasia.

Así mismo adolecemos de una gran incerteza respecto del futuro, por cuanto no sabemos para dónde vamos y queremos ir pero para allá vamos y a toda velocidad. Ello está asociado a la intensidad y rapidez acelerada de los procesos de cambios nacionales y mundiales, que ocurren día a día y que conocemos por los medios informáticos de forma prácticamente instantánea.

La intensidad de la crisis tiende a ir acompañada de movilización, ira y violencia, lo que hace que la sociedad quede abierta a que ocurra una revolución, las que siempre son violentas. O reformas sustantivas de todo tipo –especialmente de carácter económico atendida la pobreza, concentración de la riqueza y pésima distribución del ingreso en el caso de Chile- que siempre son muy difíciles, incluso, a mi juicio, más complejas y difíciles que una revolución.

En el plano socio-económico la crisis se caracteriza también por la intensidad y variedad de las demandas, asociadas a grandes expectativas de consumo de bienes y servicios – ¡ahora, ya!- dentro de un régimen económico en que se trata de ganar y tener más, para consumir más de todo y por ende endeudarse vía tarjetas de crédito y otros expedientes financieros y vivir agobiados y angustiados por las deudas, básicamente de plástico pero no por eso menos deudas.

Además, la crisis se caracteriza por esa codicia y afán de lucro incesante y desmedido que permean y guían a casi todos pero especialmente a los actores económicos en una economía de mercado que tiende al abuso si no se acompaña de una intensa y efectiva regulación estatal.

De otro lado, desde un punto de vista religioso, nos encontramos con una extendida ausencia de sentido trascendente de la vida, a veces militantemente expresada, pero mayoritariamente vivida en la práctica y que se resume en la creencia que existe solamente esta vida y el ahora. En otras palabras, el secularismo, tan propio de la modernidad y pos modernidad.

La intensidad de la crisis – aquí solo someramente descrita- nos empuja a auto-decirnos y convencernos que nada podemos hacer. Y reconozco que algo de cierto hay en ello. Individualmente casi nada poderoso podemos hacer cada uno de nosotros- aunque sin duda habrá excepciones, respecto de personas y grupos pequeños organizados que son altamente relevantes en lo que pueden hacer y hacen.

En tal sentido, me parece que nuestra tarea consiste en descubrir qué podemos hacer cada uno de nosotros, en nuestro ámbito, matrimonial, familiar, laboral y, junto con otros, en ciertos otros espacios, quizás pequeños, de la sociedad. Y entonces hacerlo bien, extraordinariamente bien.

Por otra parte, considero que la crisis que experimentamos tiene una cierta virtud: abre espacios a la creatividad organizativa de los ciudadanos y a su libre expresión y participación activa en la sociedad.

Quizás en Schoenstatt a los laicos nos esté faltando precisamente eso: creatividad, capacidad organizativa, ocupar espacios y abordar temas que sean del interés, del conocimiento y expertise de grupos pequeños quizás, pero que pueden tener un impacto poderoso a nivel societal.

Me consta que algunos han emprendido la ruta que describo y estimo que valdría la pena que compartieran sus experiencias en este mismo sitio y así alentar a otros para que hagan lo mismo, en el ámbito de sus intereses, competencias e ideales.

Al concluir, permítanme agradecer la invitación que el equipo de SchVivo me formuló para compartir mis reflexiones como columnista estable de este sitio Web.

Espero seguir colaborando, compartiendo ideas, iniciativas, informaciones con todos ustedes, estimad@s lectores del sitio.

Patricio Chaparro N. (Chile)

11 de octubre de 2011

Comentarios (3)

  • Invitado (John W. Hitchman)

    Nos trae Patricio una reflexión de altura. Quisiera referirme a su mención al secularismo como la exageración del vivir "aquiendista" en este mundo sin pensar en la vida eterna. Puede haberse abandonado la vida cristiana por una reacción pendular por la acentuación en siglos pasados que igualó la vida religiosa con mortificación y sacrificio y desprecio de los gozos del mundo. Además sólo los ordenados y religiosas representaban a la Iglesia acentuando el "sacrifico" y la mortificación. Para ser perfecto había que abandonar el mundo. Esto lo llaman los teólogos la tensión escatológica, es decir que estamos de pasada y vamos a la vida eterna. Un cierto optimismo teológico nos dice que estamos para vivir signos de ese "ya, pero todavía no" acentuando la Creación en ese "ya" sin dejar "ese todavía no." Lo cual no es dejar truncado el extremo que tensiona... ("Sin mi nada pueden hacer...") Hay todo un mundo por delante que debemos ofrecer a Dios. Los ateos están muy contentos cuando les dejamos el mundo y nosotros nos quedamos con la sacristía y el cielo...Entonces la energía creadora de proyectos y de logro se inserta en el mensaje de Jesús, que envía el Espíritu Santo para "renovar" la faz de la tierra.
    Cuando los discípulos le preguntan si va a restaurar el Reino en este mundo Jesús da dos respuestas: No debe ser una preocupación paralizante y además les dice:
    "Los voy a presidir en Galilea..." lugar donde vivió una vida común. (sin milagros y con su trabajo). En lo tensional indicado la perfección de una vida "común" nunca estará ausente de cruces y llamadas para crecer en la caridad.
    En esta perspectiva toma cuerpo la intervención en política, en la economía y en la construcción de la sociedad a través de la edificación de la familia.
    Le habrían preguntado a un monje que haría si en el plazo de media hora más se acaba el mundo, mientras desmalezaba el jardín. Contestó: "seguiría desmalezando..."

    John W. Hitchman

  • Invitado (Patricio Chaparro N.)

    Agradezco el buen comentario de John Hitchman.
    El punto a que se refiere John desde una perspectiva teológica y que solamente planteé desde una visión más bien sociológica es la casi completa ausencia en la agenda social moderna y posmoderna de preguntas relativas a la existencia de otra vida al término de ésta.
    Ello es algo extraño porque el fin de esta vida es un hecho mayor, de aquellos absolutamente verificables y verdaderos – en el (relativo) largo plazo estamos todos muertos- y sin embargo ello no da lugar a una reflexión en nuestro mundo pos moderno. Es obvio que la pregunta sobre qué existe después de la vida es central, tanto como aquellas otras acerca de quiénes somos, de dónde venimos y cuál es el sentido de la vida (me permito recomendar aquí la lectura de la Carta Encíclica “Fides et ratio”, 1998, del Papa Juan Pablo II, en que se nota claramente la impronta filosófica de su entonces colaborador, el Cardenal Ratzinger. Es un documento cuya lectura es imprescindible en estas materias; ver, en castellano, en el siguiente
    sitio Web: http://www.vatican.va/edocs/ESL0036/__P2.HTM
    O también en este: http://www.aciprensa.com/Docum/fideter1.htm
    Opino que el secularismo se caracteriza centralmente, como ideología y/o mentalidad, por la afirmación que existe solamente esta vida.
    En materias como el aludido secularismo y otras -que no son exclusivamente el matrimonio y la familia- sugiero que los laicos podemos ser creativos, organizarnos, abrir y ocupar espacios de reflexión y acción. Somos personas con intereses comunes, experiencia, capacidad, inteligencia, formación, incluso “expertise” en materias específicas. En esas materias, sin representar formalmente a Schoenstatt ni a sus diversas ramas, como laicos, como personas individuales o mejor aún como grupos, probablemente pequeños grupos, algo podemos hacer
    A eso es lo que denomino política, que es en primer, aunque no exclusivo lugar, una respuesta a la pregunta acerca de qué hacer.

    Atentos saludos,
    Patricio Chaparro N.
    26.10.2011

  • Invitado (Johnny Hitchman.)

    Una referencia al termino crisis: SE puede entender negativa o positivamente. Es proverbial la maldicion del oriental que dice: "Que te toque vivir en tiempos de crisis". Los critianos tenemos una postura mas audaz. Crisis como oportunidad para sacar lo malo. (Parece ser que tiene su origen en cribar o pasar por el cedazo). Nos hace bien pensar que el Padre Dios nos manda sacar lo que no "pasa" por la criba del amor en la Iglesia y en el mundo.(Tal vez algunas terrones se nos hacen pesados y hay que mandarlos a la "chanqueadora" (expiacion).
    El Padre Dios nos dice que es El , quien "trabaja" en nosotros.
    Otra razon mas para estar optimista.
    "Si miramos nuestras propias fuerzas..se hunden todas las esperanzas"...
    Tiempos de crisis son tiempos de bendicion.Tiempos de llamados son tiempos de crisis.

Deja tus comentarios

0 Restricción de Carateres
Su texto debería tener más de 10 caracteres
 

Desarrollado por DesignNet S.A © 2010