Después del tremendo desastre de haber perdido Radio Chileno y Canal 13 hemos quedado a merced de los medios comerciales. Espero que llegue el momento en que se pueda hacer un debate crítica de lo que en mi opinión, fueron muy desacertadas decisiones.
Sin embargo debemos seguir comunicándonos con la sociedad, ahora sin medios que de alguna manera resguarden o mitiguen las deficientes formas en que lo hemos venido haciendo.
Para que no se me tilde de General después de las batallas, debo contarles que hace más de 10 años entregué un documento a la Conferencia Episcopal sobre el particular, del que nunca tuve respuesta. Por lo tanto el problema no es nuevo, es hoy mayor ya que no contamos con los medios de comunicación antes señalados.
Los principales problemas podríamos sintetizarlo en los siguientes aspectos:
a) Definir con mayor claridad al público objetivo al que queremos llegar. La comunicación efectiva es una comunicación dirigida. No sirven de nada esas que se hacen urbi et orbe.
b) Entregar un mensaje más esperanzador y no centrado en la crítica en lo malo. Nosotros debemos entregar la "buena nueva". Por lo general los documentos parten por un diagnóstico de la realidad con todas sus complejidades y después se presenta la esperanza, cuando debieran escribirse justamente al revés.
c) Definir la oportunidad de opinar. La Iglesia Chilena estaba acostumbrada a opinar de todo, desde los temas morales, el sueldo ético, lo económico, la realidad política, hasta los problemas medio ambientales. Está bien, le corresponde. Sin embargo hay una diferencia entre el derecho a comunicar y el "tener que comunicar" y esto está marcado por la oportunidad.
En definitiva el hablar permanentemente hace que se pierda el valor de su opinión, la que debe ser guardada para momentos importantes y significativos del país.
Un ejemplo claro de la inoportunidad fue su intervención sobre HidroAysen realizado en el momento justo de la crisis de Caradima y cuando un miembro de la Conferencia Episcopal había tratado muy mal a un empresario, tema sobre el que el documento no se refiere. En definitiva era totalmente inoportuno hacer una declaración, lo que quedó demostrado con las opiniones que se vertieron de parte de líderes y de la comunidad sobre ella. En definitiva no aporto nada nuevo al debate.
d) La Pertinencia, se refiere a si es pertinente que la Conferencia Episcopal, más allá de la oportunidad deba opinar sobre todo o no sería mejor empoderar a los laicos para que emitan opiniones sobre temas de su competencia. Hasta hoy pareciera que los católicos nos escondemos tras los Obispos, cuando en definitiva debiéramos ser nosotros quienes demos nuestra opinión clara y organizada sobre temas nacionales. Eso sería una mirada nueva, un reconocimiento efectivo del papel laical.
e) Una comunicación desde la óptica del perceptor. Eso significa que debe construirse no desde la óptica de quienes quieren comunicar, sino de aquellos que lo van a recibir. Eso la hace mucho más didáctica, directa y efectiva, asegurando el cumplimiento del fin de la misma.
f) Una comunicación mucho más clara. Los documentos de Iglesia se caracteriza por abordar variados temas donde muchas veces la idea fuerza se pierde. En definitiva más vale hacer documentos más cortos y precisos con un lenguaje más cercano y adecuado para el hombre común y no pensando en gente de una gran cultura religiosa.
g) Con fundamentos para todos. Para el mundo, la argumentación no debe estar puesta desde la mirada de la fe, porque se pierde inevitablemente en aquellos que no comulgan con la Iglesia, sino desde la perspectiva "del orden de ser o la ley natural". Allí tenemos una enorme tarea de construir un andamiaje que le de mayor comprensión de nuestro mensaje a aquellos que no son católicos. Hoy con todas las corrientes que defienden el desarrollo sustentable y el equilibrio ecológico, tenemos mucho en común, en la medida que sepamos hilar nuestros planteamientos desde esa perspectiva.
Como una manera concreta de mostrar cómo se construyen mensajes poco efectivos, quiero mostrar un ejercicio concreto.
No había tenido oportunidad de conocer el texto de la declaración de las Iglesias sobre el tema de las uniones de hecho y el aborto terapéutico, aún cuando aparece general. Pero después de haber leído comentarios bastante críticos, me decidí a conocerlo.
Sinceramente no me dejan nada de claro: ¿A quién estaba dirigido?,
¿Qué se pretendía con el mismo?, ¿Cuál era la respuesta esperada del segmento a quién estaba dirigido?.
Estas dudas se me presentan porque si estaba dirigido a los políticos y la comunidad nacional, el lenguaje es otro y la argumentación también.
En general la argumentación queda tremendamente débil. Cuando señalan: " Considerando que más de un 85 % de la comunidad nacional se declara de convicciones cristianas, invitamos a nuestras autoridades y legisladores a una seria reflexión acerca de las consecuencias que legislaciones como las señaladas pueden importar para el futuro de Chile. Estamos ante proyectos que amenazan grandes valores de la ética cristiana, que son la base de la vida y de la sociedad que buscamos legar a las generaciones venideras" El planteamiento supone una mirada monolítica de ese 85% que se declara cristiano, sin embargo hay un 41% de católicos, según el estudio Bicentenario de la Pontificia Universidad Católica, que está de acuerdo con el aborto terapéutico. ¿Entonces qué queremos decir con el 85%? ¿Nos estamos auto engañando?.
Y el tiempo me da lamentablemente la razón, ya que posteriormente a mi comentario crítico enviada al nuevo secretario adjunto de la Conferencia Episcopal nuestro querido Padre Sidney Fones, resulta que en revista Capital, un medio nada de "progresista" muy por el contrario, Manuel Vicuña titula un artículo:"Jerarquía eclesiástica y católicos a pié" donde analiza esta declaración de las Iglesias Cristianas señala lo siguiente: "Lo menos trillado es el uso del recurso estadístico como apoyo argumental. Como "más de un 85% de la comunidad nacional se declara de convicciones cristianas", alegan, legislar contra lo predicado por los pastores cristianos implicaría vulnerar el "sentir mayoritario del país".
El argumento es falso y lo seguiría siendo incluso si el 100% del país se declarase cristiano. Para comprobarlo, basta pensar en el caso de la Iglesia católica, el único relevante en esto, dada su gravitación en nuestra historia. Decirse católico nunca ha supuesto, y ahora menos que nunca, acatar sin chistar el magisterio oficial de la Iglesia. Las formas de la religiosidad se han desinstitucionalizado, adquiriendo independencia respecto del dominio de la elite clerical. Lo que ésta propone no refleja necesariamente el sentir de las bases católicas."
Vale la pena recordar también que un connotado católico como Eduardo Frei Montalva fue el primero en promulgar una ley de aborto terapéutico en el país y hoy lo defiende también su hijo. Si ya hay católicos que aprueban el aborto terapéutico y otros que aceptan que se legisle sobre las uniones de hecho, como lo he expuesto en otro artículo, entonces una crítica genérica no vale. El acento debiera hacerse entonces en las observaciones concretas a la ley por no ser buena o no responder efectivamente a su objetivo.
El documento señala: "Nos importan los valores de la diversidad y el respeto en una sociedad libre y democrática. Pero a la autoridad le corresponde reconocer que existen principios y valores inmutables que han alimentado el alma y los cimientos de nuestra nación, cristiana desde sus inicios. Quienes no los acepten tienen todo el derecho de hacerlo, pero la ley es una ordenación social, moral y ética para todos y no puede imponerse contrariando la naturaleza de las cosas y vulnerando, creemos, el sentir mayoritario del país." Fuera de ser una declaración de principios y valores inmutables, no los describe y fundamenta, sino que quedan en la mirada filosófica que no llega a la mente del Chileno de hoy. Además en este párrafo se dan grandes contradicciones; por una parte se señala que se respeta la diversidad, que hay derecho a legislar de manera diferente, pero que hagan caso a las mayorías. Y se repite el equívoco anterior: ¿Quién puede hoy asegurar que en el ámbito de estos temas representan efectivamente a las mayorías? Hay demasiados estudios que muestran lo contrario.
Por otra parte, en otros documentos de nuestra Iglesia, se señala que los aspectos morales no se definen por mayoría. ¿Cómo nos contradecimos nosotros mismos?
En resumen no queda claro que se pretende. Lo que no se tiene claro es que en definitiva implica necesariamente que se genere una comunicación que sea capaz de llegar al público y procure persuadirlo de que es el camino mejor para su felicidad.
Definitivamente nuestra Iglesia hoy necesita un cambio radical en esta dirección y mientras no lo haga, la brecha entre el pensamiento de los pastores y de la comunidad misma seguirá aumentando.
Esta es una imperiosa tarea de hoy.
Patricio Young M.
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