Jueves, 23. Mayo 2013
oremos_sup
Evangelio Miércoles 26 de Octubre de 2011
Meditación de Alejandra Castelblanco de Prieto   
26/10/2011
evchile455555
Evangelio según San Lucas, capítulo 13, 22 - 30

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?". El respondió: "Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: 'Señor, ábrenos'. Y él les responderá: 'No sé de dónde son ustedes'. Entonces comenzarán a decir: 'Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas'. Pero él les dirá: 'No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!'. Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios. Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos".

"¿Es verdad que son pocos los que se salvan?"

Jesús parece decirnos: yo no quiero responder con un número determinado sino más bien que reflexionen en qué hacer para salvarse. El camino no es fácil y no porque lo que se les pide sea impracticable sino más bien porque lo difícil es mantenerse fiel a ese camino. Si ustedes se encomiendan al Espíritu Santo, él no solo les mostrará el camino sino que les dará la fuerza para volver a levantarse en los momentos de flaqueza. La salvación no consiste en contar a un número determinado de personas que están en una fila. A ustedes se les dio la libertad y por lo tanto, deciden si quieren salvarse o no, que e s lo mismo que decir si optan o no por el amor en sus vidas.

No me quiero quedar en las penas espantosas si uno no se salva. Sé que es difícil salvarse y que el trabajo de hoy no sirve de nada si mañana caigo y no quiero pararme. Sin embargo, más que el susto prefiero poner mi fe en lo maravilloso que será llegar al cielo. Me mueve ver que alguien que no cree, se transforma por la acción evangelizadora de otro, o el amor desinteresado de los que sirven a Dios con su vocación, los momentos de alegría familiar cuando nos ponemos en sus manos, en fin, tantas certezas de que el amor del Padre será el mejor regalo que podamos recibir al final del camino en la tierra.

Querido Señor: Señor no me hagas caer en la tentación de sentirme uno de los que están salvados. Hazme un instrumento útil en tus manos para que no solo me preocupe mi salvación sino que la de todos los que pones en mi camino. Que el Espíritu Santo sea mi fiel aliado en este caminar en la tierra, tan lleno de desafíos, que solo a su lado se superan con éxito. No permitas que mi motivación sea el castigo sino más bien la gracia de contemplar Tu rostro en la eternidad.

AMÉN

Miércoles de la Trigésima Semana del Tiempo Ordinario

Comentarios

  • No se han encontrado comentarios

Deja tus comentarios

0 Restricción de Carateres
Su texto debería tener más de 10 caracteres
 

Desarrollado por DesignNet S.A © 2010