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| Evangelio Lunes 14 de Noviembre de 2011 |
| Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria |
| 13/11/2011 |
Evangelio según San Lucas, capítulo 18, 35 - 43
Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía. Le respondieron que pasaba Jesús de Nazaret. El ciego se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!". Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!". Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo a su lado, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez". Y Jesús le dijo: "Recupera la vista, tu fe te ha salvado". En el mismo momento, el ciego recuperó la vista y siguió a Jesús, glorificando a Dios. Al ver esto, todo el pueblo alababa a Dios. "¿Qué quieres que haga por ti?". "Señor, que yo vea otra vez". Jesús nos dice: yo se lo que Uds. necesitan, pero prefiero que Uds. mismos se den cuenta de sus carencias y necesidades, para que sientan el poder de Dios curando y sanando. Las cosas que se dan y no se piden, Uds. no las toman muy en serio ni las agradecen. La curación los sana de su mal, pero el mal más profundo del corazón del hombre, es el egoísmo, y el vivir como si Dios no existiera y darlo todo por merecido. Por eso pidan, no cesen de pedir, que se les escuchará. A veces me inundo de racionalismo: si Dios sabe todo ¿para qué pedir? Pero me olvido que tras la oración de petición, está el reconocimiento de que soy un ser necesitado, que yo no puedo todo, que requiero la fuerza sanadora de Cristo. Con Dios no hay que jugar a la lógica, sino a la infancia: los niños pequeños lloran cuando necesitan comer, o lo piden si son mas grandes, así también yo, debo ser niño chico ante Dios, y no cansarme de pedirle lo que creo que necesito, sabiendo que El me dará lo que yo requiero aunque no sea exactamente igual a lo que yo le pido. Señor Jesús, tu sabes todo, pero quieres educarme. Edúcame, y yo te ayudaré a que me eduques con una actitud humilde, del que se mira con veracidad y por eso se sabe necesitado. Escucha Señor mi oración, porque tu me quieres con un amor inmenso que no es posible describir ni imaginar. Y tu deseas mi mayor bien siempre. Por eso, haz que como el ciego de nacimiento te diga: Fac ut videam... Haz que vea... y tu abrirás mis ojos a la verdad y al amor. AMEN Lunes de la Trigesimatercera Semana del Tiempo Ordinario
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