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| Evangelio Martes 15 de Noviembre de 2011 |
| Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria |
| 14/11/2011 |
Evangelio según San Lucas, capítulo 19, 1 - 10.
Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: "Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa". Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: "Se ha ido a alojar en casa de un pecador". Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más". Y Jesús le dijo: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido". "Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría." Jesús nos dice: cada uno de Uds. es Zaqueo. Uds. también son pecadores, quizás si no tan públicos como Zaqueo, pero cada uno a su manera me ha sido infiel, y se ha dejado llevar por sus ganas, sus instintos, sus impulsividades. Yo sé de qué están hechos, pero desearía que como Zaqueo, a pesar de su pequeñez física y moral, me busquen, traten de acercarse a mi, de volver a la Casa del Padre. Eso me emociona, y olvido todo, cuando Uds. quieren estar cerca mío, y al igual que a Zaqueo les diré baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Y yo debería bajar pronto, y preparar mi casa para recibirlo, para alojar al Señor. A veces pienso, que emoción recibir al Señor. Pero me olvido, que todos los días recibo al Señor, en mi señora, o en mis hijos, o en los amigos que llegan a mi casa. El Señor se aparece en ellos, y debo tratarlos con el cariño y delicadeza con que trataría al Señor. Así mi vida se llenaría de alegría, como la vida de Zaqueo que desde esa noche cambió para siempre, porque bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Señor Jesús, dame la gracia de buscarte, de subirme sobre los árboles como Zaqueo para verte pasar y que tu me mires y me digas baja pronto. Señor, tu me conoces, sabes lo que te necesito, como tu visita cambia el corazón de los visitados. Yo quisiera cambiar Señor, dar mi vida por tu reino, a través de la entrega sencilla, humilde y silenciosa de la vida diaria, con mis seres queridos, con las personas que has puesto en mi camino. Señor, no dejes de alojarte en mi casa. AMEN Martes de la Trigesimatercera Semana del Tiempo Ordinario
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