Sábado, 25. Mayo 2013
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Evangelio Sábado 14 de Enero del 2012 - Schvivo
Meditación de Gonzalo Manzano Gonzalez   
13/01/2012
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Evangelio según San Juan, capítulo 2, 13 - 17.
Sábado de la Primera Semana del Tiempo Ordinario

"Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: 'Sígueme'. Él se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían. Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: '¿Por qué come con publicanos y pecadores?'. Jesús, que había oído, les dijo: 'No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores'."

"Jesús, que había oído, les dijo: 'No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos'."

Jesucristo nos dice: Sé lo que habita en sus corazones. Podrán engañar a sus hermanos o a ustedes mismos, pero no intenten esconderme su corazón, porque lo veo. Elegí a mis discípulos entre publicanos, pescadores, rebeldes, sabios e ignorantes. Ellos supieron quién era, quién soy. Su corazón como el de ustedes es como un libro abierto para mi, sé lo que piensan y lo que necesitan. Por eso estoy con ustedes. Uds. son mis manos y mis brazos para ir hoy a sanar a los enfermos.

Cristo oye nuestros pensamientos. Resiente nuestra soberbia porque conoce nuestra forma de ser. Se hizo hombre para sufrir nuestras faltas de amor, conoció físicamente nuestras virtudes y defectos, estando por sobre ellas, y nos mostró siempre la senda a recorrer. Nuestras limitaciones nos impiden reconocerlo, pero Él sigue con nosotros, esperando a que volvamos nuestra cara hacia el Padre, y aceptemos su compasión y perdón. Debo agrandar en mi corazón la misericordia para hacerlo semejante al del Señor.

Señor, cuántas veces pretendo esconderme de Ti, como si pudiese ocultarte cosas. Tu paciencia, Señor, pareciera no agotarse, ya que esperas que te volvamos a dar la cara para acogernos, corregirnos y amarnos como tus hijos adoptivos. Amas a los que más necesitan de Ti, incluso si aún no se dan cuenta que te necesitan. Nos esperas y acompañas hasta que estemos listos. Te agradezco, Jesús, por permanecer a mi lado incondicionalmente, y por educarme día a día para alcanzar la plenitud a la que me llamaste.

AMÉN

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