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| Evangelio Jueves 9 de Febrero de 2012 - Schvivo |
| Meditación de Alfonso Maira Carlini |
| 08/02/2012 |
Evangelio según San Marcos, capítulo 7, 24 - 30
Jueves de la Quinta Semana del Tiempo Ordinario
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar inadvertido, pero no lo consiguió: una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se echó a los pies. La mujer era pagana, una siriofenicia, y le rogaba que echase el demonio de su hija. El le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perritos el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón Señor, pero también los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. El le contestó: Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado. "Los perritos, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños." El Señor nos dice, esta mujer acostumbrada a los ritos mágicos y a creer en dioses a su medida y necesidades, tiene la fortuna de poner oídos a mi presencia y el valor de presentarse sin más títulos que su dolor. Pero es necesario algo más, ante mi dura respuesta, ella se desarma, se reconoce como la última, y con fe insiste porque ya oteó la Luz y la Fuente de toda misericordia. La salvación es para todos, vengan, quiero oír sus plegarias, insistan y por sobre todo confíen. Este pasaje me llega hondo, siempre he soñado con ser fiel a El y estar sentado junto a mi familia en su mesa, pero que indigno somos, que inconstantes y con que facilidad me descuido y entretengo en pequeñeces. Lo más probable es que lleguemos tarde al banquete, pero si las migajas bastan mi alma se conmueve. Debo estar oídos atento a su paso, aunque no esté invitado, ya sé que tengo que acercarme, gritar, insistir y con humildad aceptar su Gracia sanadora. Señor, gracias por estar siempre cerca de nosotros, no necesitamos hacer un largo viaje o estar recogidos y aislados. Nos estas invitando a poner ya, en tus manos todas nuestras preocupaciones y dolores, vengan de donde vengan, sin títulos ni honores, solo mi corazón humillado, arrepentido y esperanzado, esperas para desplegar tu poder sanador. No somos dignos de tu mesa, pero déjanos comer de las sobras que caen, serán mi alegría y salvación. AMEN
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