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| Evangelio Sábado 11 de Febrero de 2012 - Schvivo |
| Meditación de Gonzalo Manzano Gonzalez |
| 10/02/2012 |
Evangelio según San Marcos 8, 1-10.
Sábado de la Quinta Semana de Tiempo Ordinario.
Nuestra Señora de Lourdes. Memoria obligatoria
"En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos". Los discípulos le preguntaron: "¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?". El les dijo: "¿Cuántos panes tienen ustedes?". Ellos respondieron: "Siete". Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran. Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado. Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta". "Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos." Jesucristo nos dice: No es coincidencia este proceder. Sólo Yo puedo alimentar al mundo. Si con siete panes y algunos peces puedo alimentar a cuatro mil personas, con mi Cuerpo y Sangre puedo alimentar a la humanidad entera. Mi compasión por los hombres es recurrente y llega al extremo cuando ofrezco mi vida. Doy gracias al Padre porque soy parte suya, y soy uno con El. Y soy hombre, pero soy El Hombre, y por eso acojo a todos los que quieran comer de mi Cuerpo. Con Cristo sólo hay una forma de hacer las cosas. Por eso no es coincidencia la repetición de esta fórmula en la Última Cena. Esa forma nos obliga a amar, a dar gracias y compartir la vida con los hermanos. La Palabra muestra una y otra vez cómo el Padre se preocupa por sus criaturas y ofrece a su Hijo por nosotros. El mensaje es constante y persistente, sólo debemos abrir los sentidos y el corazón. Si me hago uno con El, podré multiplicar el pan y hacerme alimento para los demás a través de mi amor y servicio. Señor, la congruencia de tus palabras no nos puede dejar indiferentes si estamos atentos al mensaje. Te pido que me eduques en la apertura de mis sentidos, en la disciplina de ser tu oyente para, como tu Madre María, de quien hoy celebramos su aparición de Lourdes, atesorar en el corazón cada palabra tuya, y así actuar en consecuencia. Ayúdame, Señor, en la tarea de ser y compartir contigo tu función sacerdotal, profética y real, y así esparcir tu Palabra tal como la multiplicación de los panes. AMÉN
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