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| Evangelio Lunes 9 de Abril de 2012 - Schvivo |
| Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria |
| 08/04/2012 |
Evangelio según San Mateo, capítulo 28, 8 - 15.
Lunes de Pascua
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán". Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'. Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo". Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Jesús nos dice: Después que he resucitado, no cabe en sus corazones la tristeza. He vencido la muerte. Estoy mas allá de las leyes materiales, he vencido al demonio, he vencido las tentaciones, me abandoné al Padre , y surgí glorioso a una vida nueva, la vida en Dios, porque soy Dios. Uds. ya no tienen que temer. Y todo en sus vidas debe estar sellado por el triunfo de la resurrección, con una alegría, que no es superficial, sino la del gozo de alcanzar las cumbres, sudado, rasmillado, cansado, pero feliz. Tantas veces que me desespero por cosas sin importancia. Como me entristecen mis caídas y deslealtades, y como olvido tan frecuentemente que el Señor venció mi pecado, mis caídas, mi muerte. Todo está lleno de su alegría triunfante. Ante las causas de tristeza: levantar la cabeza y recordar que el Señor triunfó. Razones para apenarnos hay siempre muchísimas. Razones para alegrarnos hay una: Jesús resucitó, y vive para siempre glorioso junto al Padre y junto a nosotros sus hermanos queridos. Señor Jesús, alegría de nuestra vida, porque eres el amor de Dios en medio de nosotros, la benevolencia de Dios que se apareció en medio nuestro. Te alabo y bendigo por el regalo de tu encarnación, y el regalo más incomprensible e inenarrable de tu Pascua. Bendito seas Señor, porque venciste la muerte y desde entonces tenemos razones para creer que eres hombre y Dios, salvador y redentor nuestro. Eres uno de nosotros que está en medio del misterio de amor de la Trinidad porque eres Dios. AMEN
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