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| Evangelio Miércoles 11 de Abril de 2012 - Schvivo |
| Meditación de Alejandra Castelblanco de Prieto |
| 10/04/2012 |
![]() Evangelio según San Lucas, capítulo 24,13 - 35
Miércoles De Pascua
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!". "¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron". Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?" Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo a donde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?". En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!". Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. "Quédate con nosotros ..." Jesús parece decirnos: Yo estoy dispuesto a quedarme en cada casa que me invitan. Yo estoy a su disposición y quiero que ustedes me inviten. En este caso fue necesario quedarme, los discípulos no reconocían a quien tenían delante y al entrar me fue posible partir el pan y abrir los ojos de esos dos hombres que al igual que ustedes les cuesta reconocerme: en la Eucaristía, en el Evangelio; en el que sufre,...en fin en las múltiples caras que voy tomando para que me reconozcan. Que se mantenga en ustedes el anhelo de la resurrección y no dejen de decirme: Quédate con nosotros. Al leer este evangelio, me da como envidia esos discípulos que pudieron compartir con Jesús luego de su resurrección. Pero luego pienso: qué poca fe tengo, no reconozco a Jesús en la Eucaristía, quiero que sea más tangible, más evidente y ese sacramento, ese regalo no tiene toda la significación que merece. Pensar que luego de comulgar no hay cambio en mí, no me doy cuenta que no invito a Jesús a quedarse conmigo en el día, en mi semana, en mi vida...Jesús recién resucitó y está dispuesto a quedarse entre nosotros: ¿Lo convido? ¿Se me nota que estoy contenta con la resurrección? Nuevamente tengo la oportunidad de hacer vida las palabras de Jesús: ¿Estoy dispuesta a invitarlo? Querido Señor: Tú quieres que te invitemos a quedarte con nosotros. Necesitas que te lo pidamos para disponer nuestros corazones y reconocerte en todas las formas que te presentas en nuestras vidas. Señor te reconozco en mi marido, mis hijos, mi familia, hazme también mirarte en el que me cuesta, en el que está lejos de mí para poder invitarlo con el mismo entusiasmo con que lo hago a mis cercanos. Que el Espíritu Santo actúe en mí y produzca el cambio profundo que hará que te invite a quedarte todos los días de mi vida. AMÉN
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