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| Evangelio Jueves 26 de Abril de 2012 - Schvivo |
| Meditación de Alfonso Maira Carlini |
| 25/04/2012 |
![]() Evangelio según San Juan, capítulo 6, 44-52
Jueves de la Tercera Semana de Pascua
En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos: Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Serán todos discípulos de Dios. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná, y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. "Serán todos discípulos de Dios" El Señor nos dice; anímense, alégrense y déjense llevar por el Aliento Santo, que mi Padre ha puesto en el corazón de cada uno, esa suave inspiración los trae a mí y así podrán conocer al Padre. No rechacen ni ahoguen su suave Espíritu, porque este se ofrece, no se impone, es delicado, sublime y sabio. Venir a mí, escuchar mi Palabra y dejarse envolver por la Gracia, es alimentarse de pan celestial, es empezar a vivir aquí y ahora la Vida Eterna. Me compadezco del hambre, los enfermos y la angustia de quién mastica solo los frutos de la tierra. Estas palabras de Jesús me invitan a un aseo profundo de todo aquello que lo incomoda. Cuanto polvo, ripio, lagañas y hollín, se esconde en los recovecos de mi memoria, cuantas heridas no sanadas, cuantos propósitos abandonados, cuantos rostros de Jesús pasados por alto y no reconocidos por incómodos, sucios o pedigueños. Señor, quisiera encontrarte en la eucaristía, llenarme de ti, iluminarme por entero con tu Palabra hecha carne, que me toque y me convierta, y que así entremos en comunión con tu Padre y amemos a los hermanos, perdonemos y no juzguemos. Señor, me recuerdas que el Padre quiere la salvación de todos sin excepción. Debemos ser tolerantes, pacientes y bondadosos, porque los tiempos de cada uno, solo los conoces tú. Pero el camino es claro, ser tus amigos, saber de tus penas y alegrías, compartir la mesa eucarística y la mesa de cada día. El pan del cielo es nuestro alimento de Vida Eterna, no lo convirtamos sólo en un acto religioso individual, sino que toda nuestra vida sea interpelada por Jesús. Regálame reconocer tu cuerpo en la Iglesia doméstica, los pobres, los humildes y los que sufren. AMEN
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