Miércoles, 22. Mayo 2013
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Evangelio Jueves 3 de Mayo de 2012 - Schvivo
Meditación de Alfonso Maira Carlini   
02/05/2012
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Evangelio según San Juan, capítulo 3, 13 - 17
Jueves de la Cuarta Semana de Pascua - Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz

Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

"Tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna."

El Señor nos dice, mi venida al mundo está envuelta en el misterio que rodea todo lo divino, muy lejos del entendimiento humano, pero muy cerca de sus corazones, alma y sentimientos. Mi Padre tanto los ama que me entrega a mí, para que todo el que crea y confíe, tenga vida eterna. Yo no vengo a condenar, sino a salvar todo lo que anda perdido, lo que los encierra en si mismos, a liberarlos de los miedos, sufrimientos y enfermedades, a abrirlos al amor y la vida misma de Dios.

No entenderemos jamás que un padre permita la humillación, el martirio y muerte de un hijo. Los misterios de Dios son insondables, solo debemos creer y confiar en lo que Jesús nos ha revelado y testimoniado con su elevación en la cruz, su resurrección y elevación a la Gloria de Dios. No estamos invitados a adherir a una doctrina abstracta, sino a poner nuestra fe en la persona de Jesús y sus palabras. Así la cruz será la llave para sanar mis heridas, mis pasiones, mis extravíos, mi liviandad, sobre todo mi falta de clemencia, comprensión y compasión con los demás.

Señor, así como los Israelitas cuando miraban la serpiente de bronce sanaban, haz que mirando tu cruz me libere de las mordeduras que nos envenenan el alma, como la incredulidad, la envidia, el orgullo y la dureza de corazón. Con tu muerte en cruz, el velo del templo se rasgó, ya no hay más privilegios para unos elevados por si mismos, toda la humanidad entera tiene acceso al lugar sagrado y al encuentro directo con Dios. La elevación de Jesús en la cruz hundió y desterró al maligno. Señor se tu mi aliento, mi fuerza y mi esperanza.

AMEN

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