Lunes, 20. Mayo 2013
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Evangelio Viernes 4 de Mayo de 2012 - Schvivo
Meditación de Nicolás Baer Armstrong   
03/05/2012
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Evangelio según San Juan, capítulo 14, 1 - 6.
Viernes de la Cuarta Semana de Pascua

"No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy". Tomás le dijo: "Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?". Jesús le respondió: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.

"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí."

El Señor parece decirnos: hijo mío, vine al mundo para mostrarles el camino a la eternidad. Ese camino soy yo, es mi vida, mi Palabra, mi ejemplo. Son también las conversaciones que hemos tenido, las señales que te he mostrado, y las personas que he puesto en tu vida, que te han hecho conocer algún aspecto mío. Te invito hoy a conocerme y descubrir el Camino que te llevará a mi Casa, donde tengo un lugar especial preparado para ti. Yo te amo y lo único que quiero es que tu quieras estar cerca mío.

Las palabras del Señor son el fundamento de toda nuestra espera como cristianos. Es la promesa de la eternidad, y como hijos de Dios estamos llamados a entrar en su Casa. Tomás no se da cuenta en un comienzo que el camino no está señalado en un mapa, sino que es el mismo Jesús, a través de su vida y su Palabra. El Señor habla claro: el que quiere seguir a Dios, debe seguirlo a Él, pues Él es el Camino, y seguirlo a El, es amarlo y amar en nombre Suyo, a todas las personas que encuentre en la vida.

Señor Jesús, el mensaje de este texto no es nuevo para mi, pero cuando lo vuelvo a leer algo resuena en lo más profundo de mi corazón y mi esperanza se renueva. A veces caigo en la tentación de convencerme a mi mismo que tu camino es muy difícil, que ahora no estoy preparado, pero que no importa porque tengo muchos años por delante. Pero tu invitación es clara: me llamas a seguirte hoy, no mañana. Te pido que me regales el don de una conversión profunda y anhelar la convicción del Siervo de Dios José Kentenich, teniendo "la mano en el pulso del tiempo y el oído en tu corazón".

AMÉN

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