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| Evangelio Martes 22 de Mayo de 2012 - Schvivo |
| Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria |
| 21/05/2012 |
![]() Evangelio según San Juan, capítulo 17, 1 -11a.
Martes de la Séptima Semana de Pascua
Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera. Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. Meditación de Juan Enrique Coeymans Avaria "Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera." Jesús pareciera decirnos: el misterio de mi divinidad lo fui desvelando lentamente. No podía de un solo golpe mostrar mi divinidad y que soy uno con el Padre. Pero en los momentos, ya finales de mi vida, abrí mi corazón más explícitamente. Si yo tenía una gloria antes que el mundo existiese, es la forma de decir que yo era Dios. Yo uno con el Padre, y yo uno con Uds. Así llegarán un día, si no se apartan de mi, a ser también y conmigo, uno con el Padre. Se ha hecho corriente en nuestros días, afirmar que Cristo nunca se mostró como Dios, sino como un gran profeta. Pero si uno lee con tranquilidad y sin prejuicios los evangelios, la cosa es clara. Este trozo es contundente, y jamás debiera mi corazón titubear que Jesús es el Señor y es el Hijo del Padre desde la eternidad, es decir desde fuera del tiempo. Por eso, mi confianza en Jesús debe ser total. Sin titubeos. Y con eso mi corazón quedará tranquilo aún en medio de las dificultades más grandes de la vida. Querido Señor Jesús, te adoro desde el fondo de mi alma. Tu eres Dios , uno con el Padre y el Espíritu, en el misterio de ese torbellino de amor que es la Trinidad. A ti me confío, en ti confío, no debo temer nada en mi vida, porque todas las dificultades las sobrellevaré contigo que tienes poder y amor infinitos. Tomado de la mano de tu madre, mi aliada, estoy seguro de tu compañía, y puedo vivir mi vida cotidiana, sin el sobresalto de sentirme solo y abandonado. Bendito seas Dios mío y Señor mío. AMEN
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