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| Evangelio Sábado 26 de Mayo de 2012 - Schvivo |
| Meditación de Lucas Del Villar |
| 25/05/2012 |
![]() Evangelio según San Juan 21, 20 - 25.
Sábado de la Séptima Semana de Pascua
Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?". Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: "Señor, ¿y qué será de este?". Jesús le respondió: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme". Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: "El no morirá", sino: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?". Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero. Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían. Meditación de Lucas Del Villar "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme." El Señor parece decirnos: "Quien suele compararse con sus hermanos en la fe muestra su falta de humildad y sencillez de corazón, en consecuencia difícilmente alcanzará la vida eterna. El que ama realmente no se compara, experimenta con gozo ese amor y agradecido sale al encuentro del ser amado y lo sigue. El Discípulo Amado son todos y cada uno de Ustedes, pues en el Espíritu son llamados a vivir eternamente en mi resurrección y como preparación a ello todos pueden recibir como hijos a mi Madre Santa en sus hogares." Qué difícil es vivir sin hacer comparaciones con nuestros hermanos. Y por otra parte, qué difícil es también - sabiéndome tan falible y pecador - sentirme sin embargo "el Discípulo Amado" del Señor. Definitivamente soy incapaz de creer que ese discípulo pueda ser yo, ser el amigo amado y preferido de Jesucristo, al extremo que nos pide antes de morir que llevemos a su Madre a nuestra casa y nos hagamos cargo de ella. Aquí radica en parte el profundo misterio del amor del Señor. Señor, quiero sin miedo aspirar a ser ese "Discípulo Amado". Quiero ser tu amigo, amarte hasta la muerte y seguirte siempre a donde me pidas que yo vaya, dando tu testimonio ante todos los hombres, sin temores, sin pequeñeces ni comparaciones de ningún tipo con mis hermanos. Quiero asimismo que tu Madre Santísima viva en mi morada, y que nos eduque día a día para aprender a entregar la vida por su Hijo y por los nuestros con humildad y sencillez. AMEN
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