Sábado, 18. Mayo 2013
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El Valor del Silencio
Marcelo Lizana Ovalle   
19/06/2012

silencio

Todos quienes han realizado, organizado o participado de retiros espirituales, han experimentado un momento de silencio, ya sea en la totalidad o parte del retiro. Suele ocurrir, para quienes lo realizan por primera vez, que exista una suerte de rebeldía ante el silencio impuesto de forma comunitaria. Las ansias de conversar con los amigos desde las cosas más triviales, suelen jugar una mala pasada y no permiten generar un buen ambiente de retiro, tanto de forma personal como comunitaria. A menudo solemos escuchar el mensaje de falta de meditación de nuestra sociedad, de cómo el consumismo, la competitividad y las comunicaciones en un mundo globalizado, presionan para estar en constante producción sin saber muchas veces el por y para qué de aquello. De esta forma, surgen las siguientes interrogantes: ¿qué es este silencio?, ¿para qué sirve?, ¿lo podemos ejercer en nuestras vidas?

Cuando hablamos de silencio, no se trata solamente de no hablar, apagar el televisor y dejar la mente en blanco. Es un “silencio espiritual” que nos permite meditar la vida a través de las voces del ser y los signos de los tiempos: Dios habla en el silencio. El Catecismo nos enseña que "El príncipe de este mundo ignoró la virginidad de María y su parto, así como la muerte del Señor: tres misterios resonantes que se realizaron en el silencio de Dios" (Eph. 19, 1;cf. 1 Co 2, 8). Es el mismo silencio que, a su vez, irrumpe en la vida de Moisés en la zarza ardiente y a la Mater en la anunciación. Es decir, es un silencio a su vez activo y generador de vida tal como nos lo enseña San Alberto Hurtado: “todos los grandes hombres fueron amantes del silencio. El mucho charlar, es señal de pobreza interior de espíritu. Todas las grandes empresas nacieron del silencio. Ningún gran inventor, ningún general de ejército, ningún escritor famoso produjo sus creaciones entre las charlas y ruidos... El silencio es siempre fecundo y no hay fecundidad espiritual sin silencio”.

También en La Biblia dice: "'Sal y permanece de pie en el monte ante Yahvé'. Entonces Yahvé pasó y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas; pero en el huracán no estaba Yahvé. Después del huracán, un terremoto; pero en el terremoto no estaba Yahvé. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego no estaba Yahvé. Después del fuego, el susurro de una brisa suave...(cf. 1 Reyes 19, 11:12)": el susurro del viento simboliza la espiritualidad de Dios.

El Catecismo vuelve a insistir diciendo que “la contemplación es silencio...símbolo del mundo venidero" (San Isaac de Nínive, tract. myst. 66) o "amor silencioso" (San Juan de la Cruz). Las palabras en la oración contemplativa no son discursos sino ramillas que alimentan el fuego del amor. En este silencio, insoportable para el hombre "exterior", el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado, y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús. Este amor silencioso del que habla San Juan de la Cruz, también lo define como una "música callada". Callada... porque en el silencio Dios Nuestro Señor te va a hablar sin ruido de palabras. Música... porque no hay melodía más dulce que la voz del Señor llamándote a la contrición, a la pureza de alma y la renovación de toda tu vida.

En definitiva, si no hacemos silencio es muy difícil escuchar la voz del Espíritu Santo que nos guía en la voluntad del Padre, para la misión que nos pide aquí y ahora, para saber responder a las necesidades del hombre actual. la Hermana M. Petra ejemplifica cómo el P. José también hace hincapié en el silencio como medio para alcanzar las Gracias del Santuario, es decir, también guardar silencio espiritual en el Santuario:

¿Y qué le contestó la Mater?

·      
¿Cómo? Pues, no contestó.
·        
¿No dijo nada?
·        
Padre, ¡cómo iba a decir algo! Ella no habla.
·        
¿Quiere usted decir que la Mater no le contestó? ¡Qué raro!

Comentarios (2)

  • Invitado (Juan Enrique Coeymans Avaria)

    Gracias por tu texto.
    Las personas hacen silencio (a veces) en los retiros. Pero la verdad es que uno debería acostumbrarse todos los días a hacer silencio. Si fuéramos habitués de la meditación de la vida, nos acostumbraríamos al silencio cotidiano,que nos ayudaría después en el silencio de los retiros, que debería ser mas prolongado.
    Recuerdo una vez, que un grupo de Universitarios (la mayoría jóvenes estudiantes hombres y mujeres) que habíamos realizado un taller de Ideal Personal, donde se aprende la meditación de la vida, y a hacer silencio, nos juntamos después de un año, comimos pizzas, tomamos cerveza, cantamos, conversamos y pasamos dos horas de mucha alegría comunitaria. Luego cuando algunos pensaban irse, un de ellos dijo no hemos hecho oración tranquila. Nos sentamos en el suelo, pusimos una vela encedida, apagamos las luces y dijimos, quedémonos callados antes de hacer oración vocal u oral. Estuvimos una hora en un silencio profundo, no interrumpido ni por una tos. Luego comenzamos a alabar y a pedir. Cuando encedimos las luces todos dijeron, que maravilloso, es la hora más corta de nuestras vidas: se nos hizo como un minuto, y simplemente nos pusimos en presencia del Señor y de su Madre y eso fue todo.

    Fue una experiencia tan hermosa, que muchos la han renovado muchísimas veces.
    El problema es que nadie se atreve a largarse a la piscina. Pero luego que uno experimenta la alegría de estar en silencio con el Señor, lo único que quiere es volver a repetir la experiencia.
    Gracias por tu artículo, porque nos hace volver a lo esencial de la experiencia cristiana. El amor se nutre del silencio.

  • Invitado (Patricio Andrés Bach)

    Marcelo, me gusto mucho tu opinión. Comparto todas las ideas que expones. Yo tambien prefiero el silencio, a muchas otras cosas que propone el mundo!. Gracias por la dedicación de escribir una buena columna. Nos vemos!

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