Miércoles, 30. Julio 2014
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Evangelio Domingo 31 de Marzo de 2013 - Schvivo
Meditación de Francisco Bravo   
31/03/2013

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Evangelio según San Juan capítulo 20, 1-9
Domingo de Resurrección

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Meditación de Francisco Bravo

"Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, Él debía resucitar de entre los muertos".

Jesús me dice: "Ustedes, al igual que Juan y Pedro, no terminan de convencerse de mi real resurrección. Participan de esta semana santa como por convención social, para no desdecirse de lo que anteriormente dijeron... pero no han profundizado en la realidad tremenda de mi resurrección. Son un pueblo que me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.¡Despierten de su sopor y déjense sorprender por este milagro en que me humillo por amor, y que no sólo muero, sino que también resucito."

En esta semana santa he descubierto mi propia tibieza. He priorizado tantas cosas por sobre mi encuentro con Jesús, que me lleno de vergüenza. Siento que he corrido junto a los discípulos a ver su sepulcro vacío y, aunque he visto todos los rasgos de la resurrección, es como si no me diera cuenta. Lo triste es que no necesito pruebas, porque las pruebas las veo, sino que es como si no me importara, como si mi trabajo, mi comodidad o mis pasatiempos fueran más importantes que la resurrección de mi amigo y mi maestro.

Señor Jesús, quiero aprender a aquilatar realmente el misterio de tu resurrección. Haz que mi corazón sea un corazón de carne, y no de piedra, para ser capaz de abrazarte. Tú, que cuando resucitas haces que todo sea nuevo, renueva también mi corazón y mi capacidad de asombro. Haz que pueda entender y vivenciar el regalo de tu resurrección para que pueda ser tu discípulo. Y haz que no me quede pegado en culparme por no sentir algo en particular, sino que me comprometa con estar junto contigo en todas las circunstancias.

AMÉN.

Comentarios (1)

  • Invitado (alexis)

    q bueno es bonito escuchar esas palabras de los padres

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