Martes, 16. Septiembre 2014
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Evangelio Domingo 14 de Abril de 2013 - Schvivo
Comentario de Francisco Bravo Collado   
14/04/2013

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Evangelio según San Juan capítulo 21, 1 - 19
Tercer Domingo de Pascua

Después de esto, nuevamente se manifestó Jesús a sus discípulos en la orilla del lago de Tiberíades. Y se manifestó como sigue: Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el Mellizo, Natanael, de Caná de Galilea, los hijos del Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.» Contestaron: «Vamos también nosotros contigo.» Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba parado en la orilla, pero los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo que comer?» Le contestaron: «Nada.» Entonces Jesús les dijo: «Echen la red a la derecha y encontrarán pesca.» Echaron la red, y no tenían fuer zas para recogerla por la gran cantidad de peces. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Simón Pedro: «Es el Señor.»

Apenas Pedro oyó decir que era el Señor, se puso la ropa, pues estaba desnudo, y se echó al agua. Los otros discípulos llegaron con la barca —de hecho, no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla- arrastrando la red llena de peces. Al bajar a tierra encontraron fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.» Simón Pedro subió a la barca y sacó la red llena con ciento cincuenta y tres pescados grandes. Y a pesar de que hubiera tantos, no se rompió la red. Entonces Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió. Lo mismo hizo con los pescados. Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos. Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Contestó: «Sí, Señor, tú sa bes que te quiero.» Jesús le dijo: «Apacienta mis corderos.» Le preguntó por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Pedro volvió a contestar: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dijo: «Cuida de mis ovejas.» Insistió Jesús por tercera vez: «Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?» Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.» Entonces Jesús le dijo: «Apacienta mis ovejas. En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieras.» Jesús lo dijo para que Pedro comprendiera en qué forma iba a morir y dar gloria a Dios. Y añadió: «Sígueme.».

Comentario de Francisco Bravo Collado

"Vengan a desayunar".

Es como si Jesús me dijera a mí: "Ustedes se imaginaban que yo iba a resucitar con gran pompa. Pero yo, una vez resucitado, me junto con ustedes en los momentos más cotidianos: cuando están reunidos para comer, cuando van peregrinando por el camino, cuando están trabajando. Y esta ocasión de la pesca es especial, porque yo no sólo me preocupo de contarles que triunfé sobre la muerte, o me reúno con Pedro para que apaciente mis ovejas; sino que los espero en la madrugada con un rico desayuno de pescado asado, porque los quiero mucho y me gusta regalonearlos. Aprendan de esto. Así soy yo."

Este es mi texto favorito en los Evangelios. Me encanta ver a Pedro haciendo torpezas para tirarse al agua, o nadando un par de metros cuando está cerca de la orilla... soy yo mismo en mi atolondramiento. Lo que más me gusta es lo del pescado... ¡Jesús los espera con un desayuno caliente y con un fuego porque tienen frío!. Me emociona e invita a preocuparme de las cosas cotidianas. Me hace recordar a la casa de mis papás donde siempre hay algo rico para el que llegue. Este texto me hace ver a Jesús resucitado –Rey, Triunfante, Eterno- de una manera muy cercana. La gloria y majestad de Jesús no le impiden cocinar desayuno para los suyos. ¡Eso es liderazgo!

¡Qué tremendo eres tú, Jesús, amigo mío, mi maestro! Vences la muerte, vences el pecado, cargas la cruz, resucitas de entre los muertos... y nos preparas desayuno. Te alabo y te bendigo por estos gestos que nos hablan tanto de tu forma de ser. Te bendigo por tu apóstol Juan, que después de toda su teología nos dejó este texto tan sencillo, que es donde más te he conocido y te he encontrado. Te alabo por tu grandeza y por tu sencillez. Gracias por preocuparte de que encontremos donde descansar después de una noche de trabajo y de pena. Gracias por preguntarnos una y otra vez si te amamos.

AMÉN.

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