Liderazgo… ¡palabra trillada si las hay!

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Liderazgo… ¡palabra trillada si las hay!  En una cultura del “mucho ruido y pocas nueces”, una meditación sobre los lineamientos que nos marcó el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud en Rio, y sobre el verdadero papel del liderazgo cristiano.    

| Cecilia E. Sturla. Cecilia E. Sturla.

A pesar de todo lo que se diga sobre liderazgo, sobre cómo educar al líder, sobre qué debería tener un líder, la cantidad de “coachings” para liderazgos… es evidente que el hombre actual sigue siendo igual al de todas las épocas: podemos tener ríos de tinta escritos sobre lo que es ser líder, pero si no lo vemos, no lo sentimos, no lo podemos tocar, al liderazgo se lo lleva el viento.

 

Es así como las personas siempre necesitamos de causas ejemplares, de casos preclaros. Si hablamos de matrimonio indisoluble, que nos muestren con casos concretos que la indisolubilidad no sólo es posible, sino que es buena per se. Si hablamos de educación, lo primero que vamos a requerir es de maestros o docentes que encarnen aquellos valores que queremos que encarnen nuestros alumnos. Podremos hablar hasta el cansancio sobre distintos paradigmas educativos, pero sin docentes honestos, alegres y preparados para los desafíos actuales… la labor quedará trunca o peor… vacía.

Esto pasa también en el caso de la política. Sabemos que un país no lo lleva adelante sólo su presidente o su Primer Ministro, pero es evidente que lo que miramos detenidamente es a la persona que ostenta el máximo poder. Un presidente agresivo, corrupto, soberbio, que no reconoce errores propios sino que siempre los adjudica a terceros, es un ejemplo, queramos o no, para todos. O un contraejemplo. Pero siempre terminamos mirando la persona que encarna el máximo cargo, sea en la institución que sea: en el colegio, en la Universidad, en el aula… porque son los que nos muestran inconscientemente la universalidad de la ley. Si el presidente no cumple lo que nos pide cumplir, justifica con su obrar el obrar corrupto de toda la sociedad. ¿Es bueno que así sea? Claro que no. Pero es humano.

Por eso es que cuando una persona es coherente, cercana a la gente, que sabe escuchar, que no juzga, que le importa el otro en tanto otro, nos llega a conmover tanto… No estamos acostumbrados a gestos de magnanimidad en la política ni en el ámbito del poder público.

Y quizás por ello es que la imagen de Francisco resulta una novedad…

Se ha escrito mucho del estilo de liderazgo de nuestro Papa. Que los políticos ya les vendría bien imitar un diez por ciento de lo que hace Francisco, que sus gestos acompañados de su franca sonrisa muestran el rostro de la verdadera Iglesia, que sus palabras acompañadas por el tono cálido y cercano conmueven hasta las lágrimas… ¿por qué lo políticos no aprenden de este caso preclaro? ¿Dónde está el político que quiere el Bien Común y lo practica, y no se llena los bolsillos propios, sino que deja todo por su país?

En tanto no tengamos políticos de la talla de Francisco, nuestros países latinoamericanos flotarán en la inercia de políticas públicas que favorecen siempre a la misma franja de la sociedad, por proyectos estatales mezquinos que parchan agujeros pero que no se animan a resolver los verdaderos problemas de la gente: la falta de vivienda, la educación que intenta incluir a todos, pero que cada vez se convierte en una barrera más infranqueable entre la educación pública y la privada…

“Hagan lío”, les dice el Papa a los jóvenes, haciendo gala de un gran carisma humano… y político. Porque Francisco sabe que evidentemente si no confiamos en que los jóvenes pueden sacudirnos un poco con sus planteos, si no confiamos en que ellos pueden tener una visión menos anquilosada de la realidad social, educativa, política y económica… los cambios que necesitamos nunca van a venir.

Juventud y líderes que sean capaces de tener algunos de los gestos de Francisco son los dos ingredientes que necesitamos para salir adelante. Que ambos nos llenemos el alma con el amor por las personas y no con palabras vacías y promesas de un mundo mejor cuando somos incapaces de renunciar al enriquecimiento propio en el tiempo que nos toca ser protagonistas de la historia. Porque el poder es servicio. Y el poder no se ve desde una plataforma política, sino desde nuestros cargos, nuestros trabajos, nuestro deber de estado como padres, como ciudadanos…Caso contrario el poder se convierte en una excusa para seguir oprimiendo, para seguir mirando al costado cuando los problemas que tenemos en frente son tremendos.

Antes que educación de excelencia, necesitamos más docentes que aspiren “no sólo a lo alto, sino a lo excelso”. Antes que economías de inclusión, necesitamos políticos que incluyan… Antes que políticas públicas necesitamos más Franciscos. Antes que Justicia para todos, necesitamos nosotros ser justos. La ley es universal, pero su aplicabilidad es particular. Y el equilibrio entre lo universal y lo particular es quizás una de las cosas más difíciles de lograr… tanto en el plano intelectual como en el moral, en las acciones…

Basta de prebendas, basta de dádivas, basta de mirar con la boca abierta cómo nuestro mundo se lo llevan los corruptos. Antonio Genovesi en sus “Lecciones de comercio”, sostiene que el peor error que el hombre puede cometer es decir que la realidad no se puede cambiar, por lo tanto no lo intentemos. Porque si hubo tiempos mejores… ¿no sería un acto de la mayor soberbia e inercia creer que el hombre no puede o no tiene la capacidad de hacer el bien y mejorar su entorno? Necesitamos trabajo digno, valores que nos llenen el alma, personas que asuman el compromiso de la coherencia en un mundo incoherente. Necesitamos adultos con más coraje y jóvenes que hagan carne el mensaje de Francisco. Y también una Iglesia menos clerical y más laica. ¡Necesitamos tantas cosas! Pero con ejemplos como el de Francisco la lista de necesidades se hace más llevadera, porque nos lleva a la verdad originaria del Evangelio. Esa que nos trajo Cristo y que con tanta cosa a veces dejamos de lado sin querer… Salir de nosotros mismos, salir a la periferia, ir al encuentro del otro… hacer algo que nos saque de nuestra comodidad… ¿No estamos quizás como católicos a veces muy cómodos?

Para que el verdadero liderazgo deje de ser una palabra trillada usada en el ámbito del marketing de Harvard y vuelva a ser lo que es, quizás lo mejor sería poner el liderazgo a la altura del papel del héroe. Como aquella frase de los primeros congregantes: “Héroe es aquel que consagra su vida a algo grande”, quizás podríamos cambiarla y dejarla así: “Líder es aquél que consagra su vida a algo grande”.

 

 

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