Misericordia

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Cecilia Sturla vuelve a leer a Santo Tomás de Aquino y lo ubica dentro del espíritu que nos pide tener el Papa Francisco para el año de la misericordia, haciéndose las siguientes preguntas: ¿Qué es en concreto la misericordia? ¿Cómo puede influir en mi vida? ¿De qué manera hago carne el “misericordiar”?

Jueves 28 de enero de 2016 | Cecilia Sturla

Volver a Santo Tomás de Aquino es volver al sentido común y a la naturaleza humana en su máxima expresión.

Claro que su lectura no es fácil… pero si comenzamos con la magnífica biografía del aquinate escrita por Chesterton, el afecto y el cariño harán que la lectura del mismo Tomás se haga más profunda y atenta a la humanidad que hay detrás de la lógica discursiva de sus razonamientos. Otra alternativa es leer antes “La luz apacible”, de Louis de Wohl, que no tiene la profundidad ni la gracia de la pluma de Chesterton, pero nos acerca a Santo Tomás como un hombre de carne y hueso que vivió en lo más interesante del siglo XIII…

Sea como sea, la lentitud es lo mejor para saborear y adentrarse rumiando en las verdades perennes, de profunda fe que nos muestra quien escribiera los más bellos pasajes sobre la Eucaristía, como “Adoro te devote”, donde la claridad teológica y filosófica se funden en un abrazo con la poesía de lo sublime:

 Adoro te devote, latensDeitas,

Quae sub hisfigurisvere latitas:

Tibi se cormeum totum subiicit,

Quia te contemplans totum deficit.

Visus, tactus, gustus in te fallitur,

Sed auditu solo tuto creditur.

Credo quidquid dixit Dei Filius:

Nil hoc verbo Veritatisverius.

 

Te adoro con devoción, Dios escondido,

oculto verdaderamente bajo estas apariencias.

A Ti se somete mi corazón por completo,

y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto;

pero basta el oído para creer con firmeza;

creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:

nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.

 

Es justamente esa profundidad la que busqué cuando quise “bajar” el tema de la misericordia que pide el Papa Francisco.

Porque ¿qué es en concreto la misericordia? ¿Cómo puede influir en  mi vida? ¿De qué manera hago carne el “misericordiar”? ¿Es este sólo un año más de los tantos que pide la Iglesia… o nos llama a vivir de manera tal que la misericordia sea una actitud de vida, una forma de comunicarse con los demás y no sólo una palabra que la usemos para todos los lemas y frases en nuestros grupos católicos?

Vayamos entonces de nuevo al santo de Aquino, y sepan disculpar que no quise cortar el texto…pero resulta que es magnífico:

“Siendo la misericordia compasión de la miseria ajena, como queda dicho (a.1), siente misericordia quien se duele de la miseria de otro. Ahora bien, lo que nos entristece y hace sufrir es el mal que nos afecta a nosotros mismos, y en tanto nos entristecemos y sufrimos por la miseria ajena en cuanto la consideramos como nuestra. Esto acaece de dos modos. Primero: por la unión afectiva producida por el amor. Efectivamente, quien ama considera al amigo como a sí mismo y hace suyo el mal que él padece. Por eso se duele del mal del amigo cual si fuera propio. (…) Otro modo es la unión real que hace que el dolor que afecta a los demás esté tan cerca que de él pase a nosotros. (…) Ocurre igualmente que los más inclinados a la misericordia son los ancianos y los sabios, que piensan en los males que se ciernen sobre ellos, lo mismo que los asustadizos y los débiles. A la inversa, no tienen tanta misericordia quienes se creen felices y tan fuertes como para pensar que no pueden ser víctimas de mal alguno. En consecuencia, el defecto es siempre el motivo de la misericordia, sea que por la unión se considere como propio el defecto ajeno, sea por la posibilidad de padecer lo mismo”. (Suma teológica, II-IIae - Cuestión 30, a.2, Resp.)

El ser misericordioso implica adentrarse en la profundidad de nuestra propia alma antes de juzgar las almas ajenas. Pocas cosas más difíciles de lograr en esta naturaleza nuestra cargada de pecado… quien tiene misericordia se sabe débil, pequeño, lleno de defectos, y eso ablanda el corazón para entender al otro en una suerte de empatía que nunca justifica, pero que siempre se apiada de la debilidad del otro, sencillamente porque uno es débil también.

Por ello Santo Tomás sostiene que la misericordia está por arriba de las demás virtudes, pero por debajo de la caridad, porque encierra algo de dolor y el dolor es causado por el mal, mientras que al amor lo impulsa la misma fuerza del bien. En Dios la misericordia y la justicia son dos caras de la misma moneda porque al no tener mal alguno, la misma justicia divina es misericordia sin más. Ylo único que le pone un límite al mal es la misericordia, como dijo nuestro Papa Francisco.

¿Cómo trabajamos entonces la misericordia en nuestra vida, en nuestras instituciones, en nuestros trabajos?

“Ir por la vida misericordiando”, es ver al otro con los ojos de Dios de modo tal que nuestra mirada se dulcifica ante la miseria ajena. Parece muy fácil al escribir, pero los invito que piensen en una persona que les hizo algún mal, que no puedan aguantarla por los motivos que sean (objetivos o subjetivos). Ahora véanla con misericordia y entiendan su obrar. No la juzguen. Entiéndanla. Y si ese entendimiento se escapa escurridizo, piensen que su defecto está en mí en alguna medida. No digan rápidamente: “yo no soy así”. Porque si les sale demasiado rápido, es que no fueron veraces y profundos en la autocrítica. Y si de verdad no suelo caer en esos errores, entonces puedo entenderlo aún más… porque yo también cometo errores inevitablemente. De otro calibre, quizás, pero es inevitable mi pecado.

La misericordia trae paz, y la paz es la “tranquilidad en el orden”. Y las cosas están ordenadas cuando ocupan el lugar que les corresponde. Los sentimientos más profundos si no están llenos de misericordia, terminan haciendo mal (a uno mismo u a otro).

El año de la misericordia no es otra cosa que volver a reflexionar sobre estos temas que nos hacen más humanos, más dignos. Y quizás a alguno le parecerá que el pedido del Papa sea “tirado de los pelos” y a otros les confirme que la fe es verdadera fe cuando se hace praxis. Porque la práctica de la fe consiste en vivir cotidianamente el mensaje del Evangelio y el Evangelio nos muestra a Cristo, que es el rostro de la misericordia porque nos enseñó a ser misericordiosos (“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,34)). Sólo hace falta que nos adentremos en esta actitud de vida frente a uno mismo y frente al prójimo. Un desafío inmenso que es poco probable lograrlo sin ayuda de Dios. Por eso la Eucaristía nos impulsa a descubrir el rostro de la misericordia. Es entonces cuando tenemos que volver al que cantó excelsamente a la Eucaristía para hacer nuestras sus palabras:

 

Que sea sincero sin hipocresía,

que haga el bien sin ser presuntuoso,

que corrija al prójimo sin arrogancia,

que lo edifique con la palabra y el ejemplo.

Concédeme, Señor, un corazón:

vigilante, que ninguna curiosidad lo aparte de ti,

noble, que ninguna influencia indigna lo envilezca,

recto, que ninguna intención siniestra lo desvíe,

firme, que ninguna tribulación lo debilite,

libre, que ningún afecto violento lo reclame.

 Concédeme, Señor Dios mío,

inteligencia que te conozca,

diligencia que te busque,

sabiduría que te encuentre,

conducta que te agrade,

perseverancia que te espere confiada

y confianza de que un día al final te abrazaré. (Oración de Santo Tomás de Aquino)

 

Esos son algunos de los efectos de la Eucaristía, de un “Dios escondido bajo las apariencias de pan y vino”. Que la misericordia inunde nuestros corazones y nos llene de paz.

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Comentarios
Total comentarios: 2
04/09/2016 - 15:16:30  
Una razón poderosa para que de ese gigante de la Filosofía ,Teología, nuestros estudiantes sepan de él,y de otros,porque deben comparar.Y la aberración sin nombre de tratar de sacar ese ramo ,del plan de estudios ,eso favorece a que no se piense y que los pocos que piensan,o no, ni , lo justo y verdadero,manipulen a los más ,es decir impulsar la masificación colectiva. ¿Pónganle un chip en el cerebro a los chiquillos mejor?

Orlando Michaud
Santiago
28/01/2016 - 20:27:09  
Declararse tomista en la Academia hoy en día pareciera una empresa desgastada.. La teología actual busca mas la relación como ente que no se preenta como accidente del ser sino que lo revela "ontológicamente". , Pero ello no faculta eximirse de los principios teológicos del Aquinate. Dios Creador Encarnación por Amor, Santificación.
Muy de acuerdo con Cecilia , cuando necesito cargar baterías leo el Thomas Aquina de Chesterton. Una joya.
Cuando Tomas teólogo y filósofo produce tales himnos es licito sospechar que estamos ante
un gigante del pensamiento y no se debería descartar totalmente porque sostuvo "opiniones" aristotélicas sobre biología, antropología, , astronomía, et alia para dialogar con su época., que hoy están obsoletas..
Santo Tomas esta en la base de Fides et Ratio de San Juan Pablo II. Vale la pena estudiarlo.

John Hitchman
USA
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