¿Por qué decirle que "Sí" a María?

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El Sí a María siempre nos pide dar un salto, dejar algo, romper con ideas y creencias. Nos pide superación para poder entender sus anhelos. Ese Sí requiere darse con humildad, sin sentirse elegido ni creerse más que los demás, tampoco necesita del protagonismo, ni de saberlo todo, al contrario el Sí de María quiere que sea dócil para dejarse educar.

Lunes 25 de diciembre de 2017 | Lucía Zamora

Qué difícil rezar el "hágase Señor tu voluntad" en el Padre Nuestro. Cuesta mucho pronunciar estas palabras al momento de reflexionar lo que estamos diciendo. Queremos que se haga la voluntad de Dios en los demás, pero en nosotros, que se haga la nuestra. Nos aferramos a nuestros deseos porque creemos que así "debe de ser" y tristemente estas creencias no dejan fluir nuestra esencia, ni la esencia de los demás. Se frena el carro de los sueños, de los proyectos y de las ilusiones. Se frena la vida, pues nuestra relación con Dios se vuelve algo meramente piadoso y exigente, sin diálogo, sin paciencia y sin abandono. Pero a pesar de todo y después de tiempo, terminamos por ceder a su voluntad, aunque en el camino nos fuimos malgastando y malgastamos el alma y el ánimo de los demás, terminando cansados y desilusionados. Como ven, cumplir con los deseos de Dios exige un abandono, y el camino más sencillo es dejarnos conducir por María.

Si nuestra mente y nuestro corazón no estuvieran tan llenos de prejuicios y creencias, sería mucho más fácil seguir su voluntad, estaríamos viviendo en plenitud; estaríamos dando un buen paso a la santidad. Creo que aún somos unos adolescentes en la fe y seguimos cargando con algunas de estas ideas. Pero no todo está perdido, pues tenemos a nuestra Madre en el cielo que nos va conduciendo para poder alcanzar con sabiduría la madurez de nuestra fe, solo necesitamos entregarnos a Ella con un "Sí" lleno de alegría en el corazón.

Si recordamos como llegamos a Schoenstatt, si nuestra memoria es buena y queremos recorrer el camino por el cual María nos fue llevando de la mano, hasta sellar una Alianza de amor con Ella, veremos como ese pacto fue moldeando y puliendo nuestras vidas, sin embargo, en ocasiones no queremos hacer ese recorrido para no encontrarnos con su voluntad. Le sacamos la vuelta, así como Juan Diego, preocupado por la salud de su tío, busco otro camino para no encontrarse con la Santísima Virgen de Guadalupe. Tenía miedo de que su tío muriera sin la presencia de un Sacerdote.

Nosotros también tenemos miedo de encontrarnos con Ella y escudriñar en nuestro corazón, porque seguramente nos encontraremos con la grandeza de su obra y ¡no queremos mirarla! porque probablemente nos llevará a darle un SÍ incondicional... y no podemos con eso. Entonces, decimos sí pero no, quiero ser su fiel instrumento, pero no tan fiel, con límites, solo con lo que me quede de paso para no salirme de mi zona de confort. Excusas... ¡hay muchas! Tenemos una fe con un "hasta aquí", creemos en Dios mientras no se pase y nos pida más de la cuenta.

El Sí a María siempre nos pide dar un salto, dejar algo, romper con ideas y creencias. Nos pide superación para poder entender sus anhelos. Ese Sí requiere darse con humildad, sin sentirse elegido ni creerse más que los demás, tampoco necesita del protagonismo, ni de saberlo todo, al contrario el Sí de María quiere que sea dócil para dejarse educar. Ella simplemente pide un Sí sin límite de tiempo, sin condiciones, un humilde y sencillo "aquí estoy" tómame, soy tuyo y llévame a donde tú quieras que vaya.

¿Por qué nos cuesta entregarnos totalmente a la Mater?... porque esta entrega del corazón, siempre nos traerá problemas. Habrá malos entendidos, nos darán con la puerta en la nariz, querrán detener las buenas obras, y lo más triste, es que para lograrlo, nos harán sentir insignificantes y poca cosa (algunos de ustedes saben de lo que hablo). Pero no miremos con los ojos del hombre y decir: -"Que necesidad tengo de esto o de lo otro" mejor tratemos de mirar con los ojos de María, dejémonos educar por Ella a través de cada situación, solo nos pide que nos exijamos más para encontrar lo mejor nosotros mismos y así encontrarnos con su Hijo Jesús.

Entreguemos a María un SÍ humilde y desinteresado, Ella conoce nuestros miedos, nuestras inquietudes, sabe que somos débiles y pequeños ante algunas situaciones, sin embargo, conoce mejor que nadie, lo grande que podemos ser y las cosas extraordinarias que nuestro corazón puede regalar. No olvidemos las palabras que le dieron a Juan Diego la confianza y el valor, para darla a conocer al mundo: "No estoy yo aquí que soy tu madre".

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