Un humanismo con Cristo hace más feliz

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Martes 10 de septiembre de 2019 | Patricio Young

Quisiera proponer una revisión de esa célebre frase de nuestro padre muy usada y difundida: Un humanismo sin Dios es bestialidad, para ser reemplazada por otra; Un Humanismo con Cristo logra sociedades más felices.

Esta afirmación, enmarcada en la construcción social para nuestro tiempo, sin duda alguna es una tarea de tremenda relevancia que requiere de una detenida reflexión. La mejor manera para ello es escuchando las voces del tiempo.

El padre en Desafíos de nuestro Tiempo señala: “A fin de caracterizar las tendencias liberadoras del tiempo actual, cito una frase de Hettinger: Humanidad sin Dios se convierte en brutalidad, y, agrego yo, en último término llega a la bestialidad. ¿Comprenden lo que significa esa lucha simplemente ética (que prescinde de Cristo y de la gracia), por conquistar un humanismo lleno de valor? Significa que se ha dejado el centro de gravedad que es Dios: Humanidad sin religiosidad se convierte en brutalidad. Y esta brutalidad llegará a convertirse en bestialidad”.

El tema es entonces constatar cómo y cuando se han dado estas expresiones de bestialidad en nuestra historia para constatar la veracidad de dicha afirmación.

Frente a él tenía dos realidades que le daban ampliamente la razón. El Bolchevismo y el Nacional Socialismo; Stalin e Hitler. El primero reprime totalmente la religión como el “Opio del Pueblo” y el segundo no la prohíbe, pero la reprime.

Que fueron formas bestiales, que duda cabe. Las estimaciones acerca de las muertes causadas por el régimen de Stalin en la Unión Soviética varían entre 8,5 y 51 millones. Los autores del libro negro defienden sus estimaciones en cerca de 20 millones.

Por su parte Hitler, es responsable de la muerte de 17 millones de personas, cifra que seguramente ya contabiliza las bajas en los frentes de guerra y a las víctimas de la limpieza racial de que fueron objeto varios países europeos.

El Comunismo tiene a su vez a un tercer actor que algunos consideran   el mayor genocida de los últimos siglos, Mao Zedong (también conocido como Mao Tse Tung) con la increíble cantidad que oscilan entre 19,5 y 75 millones de chinos muertes bajo su gobierno.

Esto parece mostrarnos que efectivamente un humanismo sin Dios se transforma en una bestialidad.

Sin embargo, también existe el otro lado de la medalla. Nuestra Iglesia gestora de las cruzadas ocasionó con ellas un gran espacio de brutalidad, sin considerar aún la Inquisición.  En la 1ª Cruzada: 300.000 europeos murieron en la batalla de Nicea. En 1098, la caída de Antioquía: 100.000 musulmanes masacrados. En 1099, durante la caída de Jerusalén: 70.000 musulmanes y 10.000 judíos muertos. En 1291: 100.000 cristianos muertos después de la caída de Acre. Para que decir con la Colonización de América donde se calcula que en los dos grandes centros poblados Mesoamérica y Los Andes Central había del orden de 65 millones de habitantes, se cree que al año 1.700, siglo y medio después, este total se había reducido de manera dramática a cinco millones; lo que representa la desaparición de 60 millones de indígenas "masacrados" por el imperio español, unos 400 mil cada año.

Todo esto bajo el argumento de la evangelización de los pueblos y la defensa de la fé en Cristo, que predicó justo lo contrario; el Amor y no el odio, la paz y no la guerra, el valor de la persona humana y su dignidad sobre todas las cosas.

Si bien mirar la historia del pasado con criterios presente es inadecuado, así lo he sostenido en otras columnas, en este caso se está confrontando con una doctrina vivida y predicada miles de años antes, que se debió seguir y que claramente asumieron los primeros cristianos que conquistaron el mundo con amor y no con espada. 

Pero no vayamos muy lejos en el tiempo y en la geografía. En nuestro país una dictadura que se declaraba profundamente católica es capaz de generar 40.000 víctimas. (Cantidad reconocida por Teodoro Ribera, ministro de Justicia en la primera administración del presidente Piñera). Habría que agregar a esto las barbaridades que se llevaron a cabo en Argentina y Uruguay bajo la misma visión. En el primer caso en 1978, el Vaticano había sido informado por altos funcionarios de la dictadura argentina, sobre 15.000 desaparecidos muertos.

La dictadura Franquista tiene un gran currículum al respecto, según la Plataforma de Víctimas de Desapariciones Forzadas por el Franquismo, fueron 140 000 personas, entre víctimas de la Guerra Civil Española y de la posterior dictadura franquista.

Y sabemos de la visión del caudillo y su vinculación con la Iglesia.

Por otra parte, si miramos la miseria que se vive en la India, una realidad sub humana insostenible, en una de las sociedades más religiosas. El integrismo Islámico que no tiene ningún respeto por la vida humana de quienes no piensan como ellos

Los hechos nos demuestran que las bestialidades o los anti humanismos se dan en gobiernos con o sin una dimensión religiosa que lo sostenga y se dan incluso en aquellas con un declarado sustento católico.

Miremos ahora esta realidad desde otro ángulo; el de la felicidad.

Podemos constatar que el país más feliz del mundo reconocido por Naciones Unidas es Finlandia. País de 5,5 millones de habitantes y con una población que el 70% se declara luterana.

Noruega ocupa el segundo lugar en el ranking de países felices de la ONU, donde un 83% se declara Luterano y Dinamarca es el tercer país más feliz, con una religión luterana profesada por el 84% de la población. El cuarto país es Islandia con un 91% de seguidores del luteranismo.

Aquí se hace plenamente realidad el que un humanismo con Cristo hace a las sociedades más felices.

Nuestra tarea pendiente es estudiar y aprender de como el Luteranismo ha ayudado a generar sociedades mucho más equitativas y justas, donde se valora y respeta la dignidad humana. Todo esto en medio de las duras y difíciles condiciones climáticas que deben vivir. Incluso así, logran ser los más felices del mundo.

Comentarios
Total comentarios: 1
10/09/2019 - 22:38:42  
Un humanismo cristiano hace más felices a las personas, aún cuando Cristo murió crucificado, dando su vida por todos los miembros de su cuerpo místico, y abarcando con sus brazos abiertos a todos los redimidos.Su amor por la Vida que no se acaba, para que todos los cristianos pudiésemos resucitar con Él, fue superior a su instinto humano de supervivencia. Desde que se encarnó en las entrañas de María, hasta que entregó al Padre su Espíritu, no dejó de amar la Vida, ni de ofrecerla al Padre, por amor, para que todos tuviéramos Vida. La felicidad consiste en agradecer la posibilidad que tenemos de ofrecernos con Él al Padre, como lo hizo María, para colaborar en la conducción del mundo hacia la Casa del Padre.

Maria Isabel Herreros Herrera
Viña del Mar, Chile.
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