Una familia que se reencanta con la misión

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Del Schoenstatt hijo de la guerra, de canciones épicas, de heroicos testimonios de vida, de una gran juventud desafiante de los tiempos y una familia con tremendo sentido de misión, caímos en un movimiento light, aburguesado, que ha licuado el pensamiento del fundador. ¿Cuál parece haber sido el límite? Muchos creemos que fue el reconocimiento de la Iglesia al Movimiento. Desde allí parece que se nos terminaron las luchas y se nos fue diluyendo los ideales y perdiendo el horizonte.

Martes 28 de mayo de 2019 | Patricio Young

En el Movimiento en Chile estamos prontos a iniciar la Jornada de Jefes Nacional tan anhelada y de la que tenemos puestas tantas esperanzas. La primera preparada por representantes de la familia y que debe, en alguna medida, dar respuesta a nuestra crisis.

Será un claro momento de refundación, como pedía nuestro padre, en el marco de la misión del 31 de mayo que le da más forma y contenido a la gran Misión de Schoenstatt.

Estamos imbuidos de un espíritu nuevo. Internamente en todas las instancias, como también en los diferentes diálogos que se dan comunitariamente y por redes sociales, encontramos que el gran amor a Schoenstatt inspira distintas opiniones, diversos caminos de salida. El común denominador de todas es trabajar para salir del inmovilismo, de las explicaciones o justificaciones fáciles, del autoconformismo. Se ven brotes revitalizadores que con pasión quieren generar los bases del nuevo Schoenstatt, del que responde a los desafíos del siglo XXI y que se levanta sobre el dolor de nuestros errores.

Nuestra gran respuesta debe darse a partir de un reencantamiento con la misión que nos convoca, nos une y nos da sentido. Es nuestro fin el que se ha venido desdibujando por el camino y que nos ha llevado a esta situación.

Del Schoenstatt hijo de la guerra, de canciones épicas, de heroicos testimonios de vida, de una gran juventud desafiante de los tiempos y una familia con tremendo sentido de misión, caímos en un movimiento light, aburguesado, que ha licuado el pensamiento del fundador. ¿Cuál parece haber sido el límite? Muchos creemos que fue el reconocimiento de la Iglesia al Movimiento. Desde allí parece que se nos terminaron las luchas y se nos fue diluyendo los ideales y perdiendo el horizonte.

Siendo tan grande el desafío al que estamos llamados por nuestra misión, parece que se consideró más fácil, para extender el movimiento en nuestra sociedad, centrarse en los medios, opacando de alguna manera sus fines.

La tremenda riqueza del camino pedagógico, centrado por la pedagogía del ideal, ha sido la razón de ser del Movimiento. ¿Qué es Schoenstatt? Un Movimiento de autoeducación. (Así se define en nuestros medios digitales). Un camino efectivo para formar personas santas, la que se construye desde su ideal personal, no desde un camino de perfección total que no existe y nunca se podrá alcanzar. Sin duda alguna es un tremendo aporte, que hemos tenido la riqueza de experimentarlo. Pero la pedagogía no es un fin en si mismo, la autoeducación tampoco. Nos formamos y autoeducamos para algo, no para ser buenos, sino para vivir más en el amor y en la misericordia, para ser instrumentos más eficientes en la transformación del mundo en Cristo, que es nuestro único y gran fin.

Así podemos abordar la alianza de amor, que maravillosa riqueza nos entrega Schoenstatt. En mis 52 años de alianza he sentido la presencia permanente de nuestra Mater y creo que no sería el que soy sin ella. Es toda mi vida. Pero la alianza tiene sentido en encontrar a Cristo a través de María. No es quedarme en un simple devocionismo mariano. Es cierto, ella es la gran mediadora de las gracias, es la que nos hace renacer a Cristo día a día en nuestra vida. Pero todo nos debe conducir a Cristo. En nuestra formación, que poco sabemos de Cristo. La formación Cristológica, en los Evangelios, en la Lectio Divina casi no existe. ¿Qué ha pasado? La Mater efectivamente nos lleva a Cristo o ¿nos hemos quedado cobijados y calientitos con ella?. El padre Kentenich, como teólogo, nos da muchas explicaciones, siendo muy claro al respecto. Los teólogos pueden tener respuestas muy certeras, pero la gran masa de nuestra familia no tiene una formación teológica y al final terminamos perdiendo nuestro fin. Las palabras del Papa en su carta a la Iglesia Chilena donde señala que la causa de los males que sufrimos se debe a que nos hemos alejado de Cristo y Él ha dejado de estar en el centro, también nos toca a nosotros.

Los Santuarios definidos como taller de autoformación, tienen sentido en el envío apostólico, para eso nos cobijamos y transformamos. Es en el envío a transformar nuestro mundo en Cristo desde nuestra propia realidad personal, familiar, comunitaria, donde el Santuario adquiere una dimensión gigante. No es un nuevo centro devocional ni un espacio de intimismo. Es el lugar donde cargamos las pilas para salir a la conquista del mundo.

Es, por lo tanto, el momento de reencantarnos y comprometernos más con nuestra Misión.

¡Que maravilloso camino tenemos por delante!

Comentarios
Total comentarios: 1
28/05/2019 - 10:53:16  
Ése es el Patricio Young que yo conozco... qué bien se te comprende cuando sintetizas, con amor, lo más importante de nuestra misión. "El santo de la vida diaria hace todo lo más perfectamente posible, pero por un profundo amor" (P.K.) No es que te esté canonizando en vida, sólo apunto a que, si te centras en lo esencial, la MTA, que te conoce bien, te hace instrumento apto para darnos a conocer, con claridad y objetividad, el lenguaje de Schoenstatt; que ella te enseñó, paso a paso, en nuestro Santuario Cenáculo de Fundación. Es Cristo, el Hijo del Padre en el Espíritu Santo, el buen Pastor quien eligió a nuestro padre y fundador para que, en íntima unión con María, hija del Padre, Madre del Hijo y esposa del Espíritu Santo, hiciera revivir en la Iglesia la llama del cirio pascual y la luz del Santísimo, en todos los templos, y sobre todo,en el Santuario de nuestro corazón. El aniversario de nuestra misión, por tanto, está íntimamente ligado al Congreso Eucarístico Nacional.

Maria Isabel Herreros Herrera
Viña del Mar, Chile
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